2019 cierra con 6 millones de personas desnutridas, según la FAO, una inflación acumulada de 4.679,50 % hasta septiembre, de acuerdo con el BCV, y un programa de distribución de alimentos subsidiados por el Estado cuya periodicidad es irregular. La médico e investigadora resumió en cinco respuestas lo que este año deja y qué se puede esperar del que está por comenzar

Venezuela recibirá el 2020 con cifras poco alentadoras: 6 millones de personas están desnutridas, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO); 80 % de las compañías productoras venezolanas están paralizadas, según la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria); la Sociedad de Ingenieros Agrónomos de Venezuela precisó que solo hay 30 % de los alimentos que se requieren mensualmente y la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) determinó que para 2018, 87 % de los hogares en Venezuela entran en la categoría de pobres.

Marianella Herrera Cuenca, miembro de la junta directiva de la Fundación Bengoa, cuando se le pregunta qué palabras utilizaría para definir el 2019, no duda: Tristeza, desolación e impotencia. Aun con el uso del dólar en las actividades cotidianas, el aumento de comercios que ofrecen productos importados y la disminución del desabastecimiento de los rubros de primera necesidad, la inseguridad alimentaria es una constante en los hogares venezolanos; de acuerdo con la Encovi, en 80 %.

Herrera es profesora del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela y coordinadora del Observatorio Venezolano de la Salud (OVS) y en entrevista con El Pitazo conversó acerca de lo que deja el año que termina y cómo estar preparados para el que comienza.

–¿Qué deja en materia de alimentación este 2019?

–El 2019 nos deja un panorama realmente sombrío. No solamente por lo que implica la consecuencia nutricional negativa en términos de desnutrición, de lo que ha sido la mala alimentación de los venezolanos; sino que también en términos de acceso a los alimentos necesarios para una familia, que se vio comprometido debido a la hiperinflación y a la imposibilidad de las familias para acceder a rubros básicos.

En términos de alimentación, ¿cuáles fueron las peores y las mejores medidas?

–Lamentablemente, lo peor que ocurrió fue la inconsistencia del único programa, si es que se puede llamar programa, de distribución de alimentos, es decir el Clap. La inconsistencia, la pérdida de la calidad de los productos y la disminución en la cantidad. Realmente eso fue terrible, pero, en términos de lo mejor, tratando de ver lo más positivo, fue el trabajo de las ONG que realizan asistencia humanitaria. También hay que mencionar que ni siquiera el Plan de Respuesta Humanitaria de agencias multilaterales estuvo acorde a las necesidades en el país. Por supuesto, esto se traduce en una demora en el logro del bienestar de la población.


Una de las grandes estrategias (de las ONG) ha sido cocinar priorizando y optimizando lo que tenemos y a lo que podamos acceder… Si tú educas y haces promoción de salud y educación nutricional la gente tendrá las mejores herramientas para enfrentar la crisis

Marianella Herrera, profesora del Cendes de la UCV y coordinadora del OVS

–¿Cómo evalúa el tema de la alimentación y el acceso a los alimentos?

En cuanto a acceso, es la dimensión de la seguridad alimentaria que se nota más. Quizás en el pasado tuvimos un tema con la disponibilidad; uno entraba en un automercado y veía, francamente, los estantes vacíos, no es el caso en este momento. Es una cosa que podríamos llamar el efecto bodegón: tú entras a un automercado y ves que hay cosas, pero, ¿quién lo puede pagar?

El tema del acceso a los alimentos es una dimensión que está sumamente comprometida en Venezuela y, por supuesto, hay una brecha importante entre el costo de la canasta básica y el salario mínimo. No olvidemos que la falta de gas, electricidad y agua tiene incidencia en cómo se alimentan las familias, por lo tanto, la utilización de alimentos queda sumamente comprometida al estar deficitarios los servicios.

–¿Cuáles son las perspectivas de cara al 2020?

Mientras no se tomen las medidas de políticas públicas apropiadas y adecuadas a las necesidades de la gente, no vamos a tener mejoras en el bienestar que, al final, es lo que todos queremos; todos queremos el bienestar de la población y el bienestar comienza por adecuada nutrición, acceso a la salud y promoción de salud. Si vemos que no se adecuan las políticas públicas a las necesidades de la población, entonces solamente podremos esperar el empeoramiento y es lamentable decirlo. Seguiremos trabajando para ofrecer y brindar una mano de ayuda a los más necesitados que estén bajo nuestro manto, pero realmente haría falta una estrategia más grande, más importante, para seguir adelante.

–¿Qué le recomienda a la gente para enfrentar el 2020?

–Una de las grandes estrategias (de las ONG) ha sido cocinar priorizando y optimizando lo que tenemos y a lo que podamos acceder, de tal manera que podamos enfrentar con eficiencia el duro tiempo que tenemos por venir y, por supuesto, enseñando a la gente con cosas muy básicas y apuntando siempre al rescate del deber ser. Si tú educas y haces promoción de salud y educación nutricional la gente tendrá las mejores herramientas para enfrentar la crisis.

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