El exdiputado venezolano, miembro del Comité Nacional Demócrata, advierte que la actual administración norteamericana ha cubanizado la crisis de Venezuela y asegura que si Joe Biden gana las elecciones en Estados Unidos en noviembre, las sanciones continuarán

Entrevista: César Batiz | Redacción: Gabriela González

La campaña electoral norteamericana toma cada vez más forma, pese a la pandemia, y Venezuela se perfila como un elemento importante en los discursos de los candidatos: el republicano que busca la reelección, Donald Trump, y el demócrata, Joe Biden.

Una tesis que ha circulado desde hace un tiempo es que, de llegar un demócrata a la Casa Blanca, la política de Estados Unidos hacia Venezuela y su conflicto, cambiaría.

Leopoldo Martínez Nucete, abogado y exdiputado venezolano que forma parte del Comité Nacional Demócrata, aseguró, en una entrevista ofrecida al director de El Pitazo, César Batiz, el jueves 25 de junio, que la política de sanciones no cambiará, pero que será acompañada de un esfuerzo diplomático inexistente hasta ahora.

El entrevistado aseguró que, desde el día uno de Biden como presidente de los Estados Unidos, se dedicaría a trabajar en una orden ejecutiva que permita darle protección migratoria temporal a los venezolanos que están sin estatus en ese país.

Advirtió que de ganar Donald Trump, la influencia de Rusia en la política que se tome hacia Venezuela será mayor por la cercanía entre Trump y Vladimir Putin. También acusó al actual presidente de Estados Unidos de “cubanizar” el conflicto venezolano.


Una tesis que ha circulado afirma que, de llegar un demócrata a la Casa Blanca, la política de Estados Unidos hacia Venezuela y su conflicto cambiaría

Leopoldo Martínez Nucete, miembro del Comité Nacional Demócrata de EE. UU.

–¿Cómo un venezolano, que fue perseguido por el gobierno de Hugo Chávez por participar en ese golpe en 2002, llega al Comité Nacional Demócrata de Estados Unidos?

–Salí de Venezuela en 2005 al terminar mi periodo como diputado y me establecí con mi familia en Estados Unidos. Pasamos un tiempo pensando, como suele suceder cuando uno se marcha al exilio, en si había fecha de regreso.

Me vi en la obligación de retomar mi vida profesional. Yo había tenido la suerte de haber estudiado postgrados acá en Estados Unidos y haber validado mis credenciales como abogado, tener relaciones en el campo internacional y comencé a trabajar en ello. Luego de un tiempo en Florida, me fui a Texas en donde me inserté muy de lleno en mi actividad profesional y conecté muy de cerca con miembros del Partido Demócrata con quienes tenía larga afinidad; afinidad que se había cultivado durante mis años como parlamentario en Venezuela.
Yo estudié en la Universidad de Harvard, donde me gradué en el año 89 y el expresidente (Barack) Obama también era parte de la universidad en esa época, al igual que su esposa Michelle.

En esa campaña de 2011-2012 terminé muy involucrado y luego transcurrieron años como para pensar en la ciudadanía, sobre todo por mis hijos. Terminada la campaña de 2012, el liderazgo del partido me planteó que me involucrara en un proyecto de empoderamiento hispano, prioridad estratégica del partido, y así fundamos el Latino Victory Project, que es una organización progresista que se ha encargado de crear oportunidades para que haya más latinos electos a cargos de votación popular, más latinos en cargos en la administración pública. También tiene unas derivaciones hacia el empoderamiento económico de los latinos en los Estados Unidos en una iniciativa que se denomina IQ Latino, que busca la inclusión financiera.
Eso me ha traído hasta donde estoy. A convertir mi trabajo en la representación de toda una gran comunidad de personas.


Mi tarea es lograr que los hispanos se sientan mejor representados y sus voces sean escuchadas por el partido

Leopoldo Martínez Nucete, miembro del Comité Nacional Demócrata de EE. UU.

–Su papel en el comité es hablarle a los hispanos o hablarle a los venezolanos, específicamente en esta campaña de Biden.

–Yo soy copresidente de la Conferencia Hispana del partido, soy miembro de la Comisión Electoral y del Comité de Finanzas del partido, es decir, tengo representaciones que van más allá de Venezuela y de los venezolanos. Trabajo con toda la comunidad hispana armando coalición, trabajo con todos los temas transversalmente importantes para los hispanos y con la agenda programática y el desarrollo político del partido.

Obviamente mi tarea es lograr que cada vez los hispanos se sientan mejor representados y sus voces sean escuchadas por el partido. En ese sentido, el actual presidente del partido, Tom Pérez, con quien me ha tocado trabajar muy de cerca desde su elección en 2017, identificó un crecimiento importante, como era obvio, de la comunidad venezolano-americana en los Estados Unidos y la necesidad de que en la diversidad de lo que somos los hispanos latinos en los Estados Unidos también se le diese adecuado espacio a la tramitación de los planteamientos de la comunidad venezolano-americana en la conformación de esta coalición, que es la coalición más potente y más poderosa en Estados Unidos, de representación hispana.

El Partido Demócrata tiene, desde 2008 hasta hoy, la participación de mayor apoyo de los hispanos que cualquier otra organización política en Estados Unidos. Hoy día, según las encuestas, Joe Biden tiene casi un 65 %, 67 % de respaldo entre los latinos.

–La pregunta base es si cambiará la política de Estados Unidos hacia Venezuela si pierde Trump y gana Biden.

–La política frente a la crisis, la tragedia, porque esto no es una crisis, es una tragedia la que está viviendo Venezuela, y quizás podríamos desviar nuestra atención a caracterizar lo que vive Venezuela en lo que yo defino de una manera rápida: Venezuela está viviendo bajo un sistema autoritario y cleptocrático, no tiene signo ideológico para mí. No es fácil comprender al chavismo y al régimen de Maduro desde las ópticas y perspectivas ideológicas.

En Estados Unidos hay un consenso bipartidista para luchar contra eso, para ayudar a los venezolanos a recuperar su democracia y enrumbar la economía de Venezuela por una senda de progreso que no signifique esta crisis humanitaria y migratoria que tanto impacto tiene en la región.

En 2014 comenzó a tomar más cuerpo como política bipartidista y como objetivo estratégico de la política exterior norteamericana. Yo trabajé mucho en ello, en abogar y construir esa visión que hoy día sigue siendo bipartidista. A finales de 2014 se aprobó la Ley Menéndez-Rubio, que construía el piso legal para avanzar en materia de sanciones de acuerdo con las circunstancias con bastante discrecionalidad para el Ejecutivo para actuar en materia de violaciones de derechos humanos y corrupción.

Sobre la base de esa autoridad ejecutiva, Obama arrancó con las primeras sanciones individuales y con las investigaciones que del Departamento de Justicia y las principales fiscalías se vienen haciendo hasta hoy.

Luego se elige a Trump presidente y con la misma caja de herramientas (base legal), va escalando en la medida en que van cambiando las circunstancias. Circunstancias que no le tocaron a Obama enfrentar.

Leopoldo Martínez también se refierió a la foto Biden-Maduro, de la cual dice tener información de primera mano.

Entrevista transmitida por Facebook live el jueves 25 de junio

–Esa foto de Biden y Nicolás Maduro se produce durante la toma de posesión de Dilma Rousseff y (Maduro) le dice: ‘Yo quisiera entablar un diálogo con el presidente Obama y quisiera hablar de cómo mejorar o fijar unos precios del petróleo justos para Venezuela’. Eso le plantea Maduro a Biden. Biden le dice que así no funcionan los mercados internacionales: ‘Déjeme decirle algo más. Usted tiene muy poco que hablar con nosotros. De hecho, no hay nada que podamos hablar con usted, mientras usted no haga tres cosas: primero, hablar con su país, con la sociedad civil, con la oposición y llegar a acuerdos que le permitan a usted construir un clima democrático. Segundo, usted tiene que liberar a todos los presos políticos, empezando por Leopoldo López, que es el más conocido, pero a todos. Y tercero, usted tiene que cesar en el hostigamiento a la prensa libre, a la empresa privada’.

Básicamente le estaba hablando sobre la Ley Menéndez-Rubio, que ya se la había comentado a otros jefes de Estado. Luego hubo una reunión entre Lilian Tintori y otros activistas de derechos humanos con el vicepresidente Biden en la Casa Blanca y, a partir de allí, comenzaron las sanciones.

O sea, allí no hay ninguna señal de debilidad. Hay una señal de compromiso con la lucha por defender la democracia y los derechos humanos en Venezuela, pero también hay un reconocimiento a que la diplomacia es importante en materia de política internacional, porque lo que ha hecho Trump es asomar una amenaza psicológica, si se quiere así, contra el régimen de Maduro, pero que el régimen de Maduro pudo leer rápidamente a través de la asesoría cubana y rusa que no se trataba de otra cosa que un bluff y al descubrir el bluff, el escalamiento en materia de sanciones y el endurecimiento de la política no vino acompañado de dos cosas: coordinación internacional, que es lo que ha dicho el vicepresidente Biden, tanto en la sincronización de las sanciones como en los objetivos que se buscan con las sanciones y, en segundo lugar, ha faltado un adecuado acompañamiento internacional para que, junto a las sanciones y la presión, se den los incentivos necesarios para el cambio.


Venezuela está viviendo bajo un sistema autoritario y cleptocrático sin signo ideológico para mí. No es fácil comprender al chavismo y al régimen de Maduro desde las ópticas y perspectivas ideológicas

Leopoldo Martínez Nucete, miembro del Comité Nacional Demócrata de EE. UU.

–Históricamente, los demócratas han sido más dados a la acción de la diplomacia ante regímenes autoritarios. ¿Va a ser esa la tendencia frente a un gobierno de Maduro que ya tiene un expediente tan amplio? ¿Van a apostar en un gobierno demócrata por la diplomacia?

–La diplomacia es una herramienta a la que nunca se puede renunciar y la diplomacia no significa que se va a sentar nadie a hablar directamente con Maduro de entrada. Yo vengo pensando, incluso, que si puedo describirles esto a los venezolanos de una manera clara es que la herramienta de las sanciones, que tiene piso bipartidista, incorpora tres elementos que vienen de la Cámara de Representantes, también de autoría demócrata: una iniciativa legislativa que plantea todo lo que son las apropiaciones presupuestarias para garantizar los recursos para la ayuda humanitaria por el fenómeno migratorio. Luego, tienes otra iniciativa demócrata como lo es la prohibición de venta de armamento militar y equipo represivo, y el tercer elemento fue una iniciativa que establezca elementos de actuación administrativa necesarios para aclarar, en profundidad, las relaciones financieras entre Rusia y el gobierno de Maduro, concretamente alrededor de Citgo. Eso fue lo que permitió recuperar Citgo.

Ese es un esquema en donde no se renuncia a la diplomacia. Por el contrario, el esquema donde se renuncia a la diplomacia está ejemplificado en la forma en que se ha manejado el problema cubano a lo largo de 60 años.

–Pero usted lo ha dicho, con la asesoría de los cubanos, de los rusos, Nicolás Maduro ha sabido interpretar lo que estaba planteando la gestión de Trump. ¿Este viraje demócrata no podría ser considerado como un signo de debilidad ante un Maduro que hoy día está más fuerte que hace un año?

–Yo creo que ese es un elemento que hay que valorar. Maduro es más fuerte, la presencia y la influencia rusa, no solo en lo político sino en lo económico, es mayor. La influencia y la presencia de Irán es mayor y la de China sigue allí en las magnitudes que conocemos. Es decir, que Estados Unidos no solamente ha perdido influencia en el destino de Venezuela, a pesar de las sanciones, sino que ha impuesto sobre Europa, a través de las sanciones secundarias, un proceso en el que Europa también ha perdido influencia en la economía venezolana frente a los intereses rusos, iraníes y chinos. Lo cual significa que todos los espacios de resistencia dentro de Venezuela han terminado debilitándose.

Estados Unidos no puede imponerle un presidente a Venezuela. Venezuela no tiene un conjunto de circunstancias internas, una coalición opositora fuerte, una sociedad civil fuerte que pueda darle sustentabilidad a lo que pueda salir de este proceso de presión internacional.

Por otra parte, yo no creo que esto sea señal de debilidad, sino de inteligencia, porque la política se construye con inteligencia, sobre todo, en el plano internacional.

Y una de las cosas que revela el libro de Bolton es el grado de improvisación con que se está manejando el tema Venezuela en la Casa Blanca. Y más allá del grado de improvisación, algo muy alarmante es que Bolton dice que Putin ejerce influencia sobre Trump en varios temas, incluyendo Venezuela. O sea, Putin logró convencer a Trump de que en el lado opositor no había fortaleza y esto sumado a lo que yo advertía cuando vi la política de Trump y es la cubanización del conflicto venezolano por los dos extremos: La Habana influyendo sobre Miraflores, pero el exilio cubano que está en Miami, y que está muy metido en la política republicana, influyendo sobre la oposición.

Cuando el conflicto se te cubaniza por los dos extremos, dejas de utilizar las herramientas que te ofrece la política internacional para lograr ese objetivo que pueden ser herramientas contundentes como las sanciones. Y de hecho, Biden va a continuar con las sanciones, que a nadie le quepa duda. Las sanciones van a existir en tanto no haya condiciones para la democratización de Venezuela, pero en un juego estratégico diferente donde no produces un resultado similar al de Cuba.


Esa foto de Biden y Nicolás Maduro se produce durante la toma de posesión de Dilma Rousseff y (Maduro) le dice: ‘Yo quisiera entablar un diálogo con el presidente Obama y quisiera hablar de cómo mejorar o fijar unos precios del petróleo justos para Venezuela

Leopoldo Martínez Nucete, miembro del Comité Nacional Demócrata de EE. UU.

–Lo que está planteado ahora es ir a una elección parlamentaria en diciembre sin la participación de la oposición y con un escenario similar a 2018. Si gana Biden, ¿cuáles serán las opciones que tomaría un gobierno demócrata?

–Cuando lleguemos a ese escenario nos vamos a dar cuenta del inmenso fracaso que fue la política de Donald Trump. No por las sanciones en sí mismas, sino por la forma en que Trump administró las sanciones. En el momento en que se estaba negociando una solución electoral faltó acompañamiento internacional y Estados Unidos se enfocó más en el cambio de régimen, en la imposición de un régimen nuevo que en la consecución de las condiciones para que se dieran unas elecciones que permitieran elegir un nuevo presidente.

Ese escenario nos trajo hasta aquí. Ahora vamos a heredar una Asamblea conveniente para el régimen de Nicolás Maduro, una a la que se le venció el mandato y quién sabe qué tipo de circunstancias van a rodear esa situación en enero. Entonces hay que llegar allí para conversar con la comunidad internacional, hacer inventario, evaluar, establecer nuevos objetivos y reconectar con los actores de la oposición y la sociedad civil y diseñar una nueva estrategia, una nueva hoja de ruta que incluye a las sanciones.

Maduro se equivoca al pensar que puede llegar a diciembre con una Asamblea espuria y va a poder sentarse a decir que en Venezuela hay democracia y que, por lo tanto, no puede haber sanciones.

–Usted señala que se trató de imponer un presidente, ¿cuál evento considera que ejemplificaría eso?

–La ruptura de las conversaciones en Oslo, en la cual hubo mucha presión de la administración Trump para no seguir adelante con lo que se estaba planteando allí de parte y parte. Estamos atrapados en una política electoral. La política de Trump es electoralista, pero no para Venezuela, sino para conseguir los 29 votos de la Florida.


Rusia está muy cerca de Trump y muy lejos de los demócratas. Esto no es un problema ideológico, es un problema de países que no practican la democracia y países que practican la democracia

Leopoldo Martínez Nucete, miembro del Comité Nacional Demócrata de EE. UU.

–¿La detención de Alex Saab puede significar un cisne negro en contra de Maduro y a favor de Trump?

–En Estados Unidos, las actuaciones fiscales y judiciales suelen estar muy al margen de las actuaciones políticas. Obviamente, cuando ocurre el hecho, pues comienza a tener implicaciones políticas y sale en todas partes.

Pero la suerte de Alex Saab, visto desde la perspectiva legal y no política, es de pronóstico reservado, porque lo que se ha acumulado en evidencias en su contra es muy contundente y estos mecanismos de fiscalías investigando los delitos de cuello blanco tienen mucho que ver con un sistema que pudiéramos definir como el sistema del sapo, en el que el que más cuente de lo que sabe logra mejores condiciones.

Esto de Saab puede terminar muy mal para Maduro y muy bien para Venezuela.

–¿Y para Trump?

–Pudiera terminar bien para él, pero es que nadie en el Partido Demócrata se ha opuesto a esto.

–Y si Biden no gana, ¿qué pasa con los demócratas y su política hacia Venezuela?

–La política seguirá siendo bipartidista en cuanto a las herramientas. Si gana Trump, que yo lo descarto viendo las encuestas hoy día en los Estados Unidos, tengo mucho temor que pueda aceptar mucha más influencia rusa en lo que es la política frente a Venezuela.

Con respecto a los demócratas, estaremos con mayoría en la Cámara. No creo que eso cambie la correlación y van a estar las voces del partido que han liderado el esfuerzo por la reconstrucción de la democracia en Venezuela.


Si gana Trump, que yo lo descarto viendo las encuestas hoy día en los Estados Unidos, tengo mucho temor que pueda aceptar mucha más influencia rusa en lo que es la política frente a Venezuela

Leopoldo Martínez Nucete, miembro del Comité Nacional Demócrata de EE. UU.

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