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jueves, 6 mayo, 2021

“Las armas nunca han resuelto nada en ningún lugar del mundo”

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ENTREVISTA A LEONEL NARVÁEZ

Desde la Fundación para la Reconciliación, el sociólogo y sacerdote misionero insiste en sanar el alma de las sociedades desde el perdón y la misericordia. Crecer durante los peores años del conflicto armado colombiano le ha hecho decidir actuar desde la negociación y no desde la solución aparentemente más fácil: el fusil

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Desde la década de los años 60, Colombia enfrenta un conflicto armado entre el Estado, guerrillas de paramilitares, carteles de la droga y bandas criminales. De acuerdo con el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), entre 1970 y 1981, la época más violenta, ocurrieron 1.053 asesinatos y 7.571 torturas provocados principalmente por las Fuerzas Armadas. Hasta 2017, la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) había registrado 7.9 millones de desplazados. Por eso, para Leonel Narváez Gómez, filosofo, sociólogo y sacerdote misionero no ha sido fácil promover su mensaje de perdón y reconciliación.
El padre Narváez, con maestrías en la Universidad de Cambridge y en la Universidad de Harvard, además de Especializaciones en Resolución de Conflictos y Construcción de Paz, fundó en 2004 la Fundación para la Reconciliación en Bogotá. Desde allí, busca formar ciudadanos para la paz.

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Reconoce que, tanto en Colombia como en Venezuela, hablar de negociación, de diálogos y, aún más, de misericordia, genera rechazo, sobre todo entre quienes sufrieron las muertes de familiares, maltratos, secuestros, torturas y desplazamientos. Pero, insiste, es necesario aprender a perdonar para la solución de conflictos sociales.

Comenzando 2019, en Venezuela se agudiza la crisis política y social, se asume un presidente encargado, aumentan las protestas ciudadanas en todos los estados del país y se espera la llegada de la ayuda humanitaria. Desde Colombia, Leonel Nárvaez Gómez aguarda que los venezolanos sepan conciliar las diferencias.

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–Se está hablando de perdón y de reconciliación, pero también hay quien está hablando de persecución y castigo. ¿Se puede aprender a perdonar y reconciliarse?

–Quienes hemos vivido tiempos de violencia, sabemos que lo más difícil de manejar son tres palabritas, tres R, la rabia, los rencores y la retaliación o venganza. En la escuela nos enseñaron matemática, geografía, historias, pero no nos enseñaron algo más cotidiano que es cómo manejar nuestras emociones más primarias como lo son el miedo y la rabia; entonces, en momentos tan difíciles, cuando los ánimos están tan exasperados y la solución que nos aparece es el arma, es el fusil, el cuchillo, es incendiarlo todo, esa emoción de la rabia es muy difícil superarla cuando ya trae de atrás hechos de otras violencias, muertos y dolores, traumas muy profundos. Aquí el gran secreto es, tanto en Venezuela como en Colombia, todavía, aprender a generar grupos humanos cada vez más grandes que crean que la violencia resuelta con violencia genera más violencia.

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–¿La no violencia también se aprende?

–Para eso, sobre todo, necesitamos líderes carismáticos, como Gandhi y Mandela, o Jesús, el que quieras. Necesitamos que nos inspiren a la no violencia y no los líderes que nos inspiren a la retaliación, la venganza, el destruir al otro. Y aquí entra una gran sabiduría del pueblo que es que haya un mínimo de respeto por la dignidad humana incluso de criminales, y criminales tan horrendos como Maduro y muchas otras personas que están detrás de él. La grandeza de un pueblo se mide en cómo trata, incluso, a sus criminales.

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Narváez Gómez sabe que no es fácil plantearle esa solución a un pueblo desesperanzado. Menciona a Gandhi, que generó una revolución a partir de la no violencia activa en un país como India, cuya superficie lo coloca en el séptimo lugar entre los países más grandes del mundo. “No estoy hablando de que nos quedemos quietos, callados. Si no que activemos la no violencia poderosa, transformadora”.

Desde 2014, Venezuela acumula más de 200 muertes ocasionadas por el uso de las fuerzas de los organismos de seguridad del Estado durante protestas sociales y políticas. El padre Leonel entiende que, luego del dolor, pensar en reconciliación es casi una utopía; sin embargo, utiliza el ejemplo de su país natal: “Después de casi 300.000 muertos nos tocó sentarnos a negociar (con las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional). Por suerte, Juan Manuel Santos dijo que es mejor negociar que pelear. Las armas nunca, en ningún país del mundo, han resuelto nada. Al contrario, han agravado todo. Es enfático al asegurar que no existe salida rápida: “Se requiere paciencia”.

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–¿Qué le puede decir a los organismos de seguridad del Estado venezolano?

–Dios mío, decirles que la violencia no genera sino más violencia. Y estos grupos, lo militares, los policías, los rusos, los turcos, decirles: no podemos echar más gasolina. Yo sé que convencer a la gente de esto después de tanto dolor, cuando ya se le salió la bestia, el animal más cruel, la rabia, el rencor, las ganas de venganza. Mi conclusión es que necesitamos líderes que nos inspiren.

–¿Cómo pueden los periodistas combatir la rabia, el rencor y la retaliación?

–Hay que difundir mensajes que ayuden a los venezolanos a sacar el ángel y no la bestia. Podemos decidir, en la cotidianidad, actuar con la bestia que mata, que destruye, que hiere o con el ángel que es capaz de dar el abrazo y el perdón.

Narváez Gómez considera que es posible ser justo y no ser retaliativo: “Nosotros creemos que justicia es culpa y castigo; pero, inspirados por Jesús, la justicia es misericordia. Justicia no es tumbar a Maduro y los demás, justicia es ver cómo se puede negociar para que se reintegren democrática y sanamente en sociedad.

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Redacción: César Bátiz y María Jesús Vallejo

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