“La ayuda humanitaria es un punto de inflexión para el gobierno de Maduro”

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ENTREVISTA A ALÍ DANIELS

A un mes del intento de la entrada de la ayuda humanitaria al país, el experto en Derecho Internacional Humanitario conversó con El Pitazo sobre las implicaciones de haber negado su entrada y qué habría sucedido si hubiese pasado. En el escenario actual, un segundo intento lo cataloga como “irresponsable”, aunque los envíos de Estados Unidos sean un “foco de contradicciones” para el chavismo

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El director de la ONG Acceso a la Justicia, Alí Daniels, recuerda con claridad el primer texto de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que habla sobre el término ayuda humanitaria. Promulgada en la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1991, la resolución 46/182 establece que debe ser brindada bajo los principios de humanidad, neutralidad e imparcialidad a “víctimas de desastres naturales y otras emergencias”.

Pero el artículo 3 apunta que la asistencia humanitaria debe proveerse con el consentimiento del país afectado, aspecto que Daniels califica como desactualizado. “Nosotros consideramos que es una cosa superada por el Código de Conducta de la Cruz Roja, que dice que es un derecho. Si es un derecho, el Estado está obligado a ceder”, dice a El Pitazo el especialista en Derecho Internacional Humanitario.

La consideración le ha servido al gobierno de Nicolás Maduro para alegar que en Venezuela no existe una crisis humanitaria. Si no existe, para qué solicitarla, como ha reiterado el canciller Jorge Arreaza en reuniones y sesiones extraordinarias de la Asamblea General de la ONU. El gobierno mantiene el discurso pese a que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU emitió una resolución sobre Venezuela el pasado 27 de septiembre de 2018 que exhorta al gobierno de Maduro a abrir sus puertas a la asistencia humanitaria.

El rechazo de los envíos de insumos médicos y alimenticios de Estados Unidos es consecuencia de una interpretación que, según Daniels, es obsoleta. Pero la acción unilateral estadounidense tiene otros desafíos que complicarían la ejecución de la asistencia, como pobre infraestructura hospitalaria, servicios públicos al borde del colapso y escasez de personal médico.

“El tema humanitario es tan vasto que, aunque entreguen todas las medicinas, si no hay el simple elemento del agua que corra para que el aire acondicionado pueda prender, estamos fritos”, acota Daniels. Los dos apagones nacionales, que han dejado al país sin electricidad por días consecutivos en el mes de marzo, son un recordatorio de eso, según el también profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab).

“Llegando hoy la ayuda, pasan dos años y estaremos todavía en crisis humanitaria. Una emergencia humanitaria quiere decir que hay un vacío estructural. Tienes que llenar ese vacío porque el Estado no lo hace. Llenar una estructura estatal de un país de 30 millones de personas es una cosa sumamente complicada”, indica el director de Acceso a la Justicia.

–En su discurso oficial, Nicolás Maduro se refiere a la ayuda humanitaria como una limosna que se le estaba dando a los venezolanos. ¿Cómo podemos catalogar dentro del marco legal y humanitario estos envíos de Estados Unidos?

–Se ha querido decir que, porque los manda Estados Unidos, no es ayuda humanitaria. Precisamente, no hay un procedimiento único a través del cual se pueda hacer. El procedimiento ideal es a través de Naciones Unidas, pero el tema es que Naciones Unidas dice “cuando el Gobierno diga que hay una emergencia humanitaria o cuando lo pida, se aplicarán los protocolos correspondientes”. Eso hasta ahora no ha ocurrido, salvo cuando Delcy Rodríguez dijo que iban a recibir ayuda humanitaria, pero no llegó a decir bajo qué premisa. Si era como ayuda humanitaria o –como ha ocurrido hasta ahora–, bajo de cuerda, donde se recibe una ayudita de Naciones Unidas y no se dice nada, como pasó con los antirretrovirales.

Se ha dicho que, si la gente está en una crisis humanitaria, tiene el derecho de ser asistido. El gobierno debe pedir la ayuda y si no la pide, sino que te la envían, está en la obligación de recibirla. Lo que ocurrió el 23 de febrero fue un delito de Lesa Humanidad. Si vamos al Estatuto de Roma, artículo 7, dice que son delitos de Lesa Humanidad todos aquellos que se cometan como parte de un ataque generalizado y sistemático. Cuando ve que la misma acción se hizo en Santa Elena de Uairén, Ureña, San Antonio del Táchira, usted se está dando cuenta de que existe un patrón: el ataque sistemático y generalizado, como ocurrió con las manifestaciones de 2017.

También indica que no es un funcionario que está actuando por su cuenta, sino que hay un plan, una manera de actuar predeterminada. Eso es lo básico de un delito de Lesa Humanidad. En el caso del 23 de febrero, para nosotros se engloba en el literal K, que habla de otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental.


Llegando hoy la ayuda, pasan dos años y estaremos todavía en crisis humanitaria

Alí Daniels, director de Acceso a la Justicia y experto en Derecho Internacional Humanitario

Si le digo a la gente que hay unas medicinas, alimentos o lo que sea, y se las quemo en su cara, ya solo el hecho de verlo causa un daño psicológico. Adicional a eso está que no llegó, cuando había gente que esperaba esa ayuda humanitaria y que tenía una expectativa legítima de que eso les iba a llegar.

La Corte Penal Internacional debe tomarlo en cuenta. Lo malo es que tiene sus tiempos y, a pesar de que tiene una averiguación abierta, esas averiguaciones generalmente no son rápidas, pero sí es importante lo que hizo el Grupo de Lima, de pedir que se incluya lo que ocurrió este año. Eso es mejor, porque la averiguación debería decir desde el 2014 hasta ahora, con lo que sucedió en la frontera. Hay que oficializarlo, no basta la declaración. Se tiene que redactar un documento y que los países lo suscriban.

–Además del Estatuto de Roma, ¿el caso de Venezuela podría estudiarse con base en el Protocolo de Ginebra?

–Los convenios de Ginebra no son aplicables bajo ningún efecto, a menos que lleguemos a un conflicto internacional. Eso es dos Estados cayéndose a plomo. El simple hecho de que un Estado agreda a otro, ya implica un Estado de guerra y, en consecuencia, la aplicación de los convenios. Como eso hasta ahora no ha ocurrido, tenemos que aplicar solamente el Estatuto de Roma, con estos delitos que le comento de Lesa Humanidad.

–Teniendo en cuenta lo que vimos el 23 de febrero en la frontera, cómo se impidió el paso e incluso se quemó la ayuda humanitaria que iba a entrar al país, y teniendo en cuenta que esto califica como un delito de Lesa Humanidad y, por tanto, hay responsabilidades individuales sobre lo que acaba de suceder, ¿cuáles podrían ser las implicaciones para los funcionarios alineados con Nicolás Maduro?

–El gobierno admitió su responsabilidad e incluso la cadena de mando. Aristóbulo Istúriz dijo que el responsable de la victoria del 23 de febrero es Nicolás Maduro. Está diciendo que la cadena de mando, hasta él, estuvo involucrada en lo que ocurrió. ¿Quién tuvo un papel protagónico en lo que ocurrió el sábado? Las fuerzas paramilitares. Entonces, estás reconociendo que esas fuerzas paramilitares responden al jefe de Estado a través de Varela, Bernal, o quien sea. Esto es importante porque dice cómo funciona el mecanismo represor. Los mecanismos paramilitares generalmente se usan para evadir la responsabilidad.

Ya hay un precedente de tribunales internacionales que han dicho que aun cuando se utilicen elementos paramilitares, si actúan con las órdenes del Estado, es como si el Estado mismo hubiese actuado. La responsabilidad de Nicolás Maduro es 100% aplicable y es prácticamente una confesión lo que se está diciendo. Esto refuerza la tesis de que fueron ataques sistemáticos porque justamente fue una política de Estado. Todo cuadra.

–¿Por qué no se ha insistido más con la entrada de la ayuda humanitaria al país?

–Como ya se demostró el 23 de febrero que los colectivos estaban atentos y visto que la represión en la frontera está en manos de paramilitares, tiene menos sentido ese intento. El llamado era a los militares, pero pierde todo sentido hacer un llamado a un grupo de personas cuyo único sentido es reprimir. Esa ayuda que había entregado Estados Unidos sigue en Colombia. La oposición dijo que intentaría nuevamente. Aunque tengan la intención de pasar la ayuda humanitaria, resulta obvio que no la iban a poder pasar. Sería una irresponsabilidad, teniendo en cuenta las muertes en la frontera.

–En este panorama, ¿la ayuda humanitaria sigue siendo un punto de inflexión para el gobierno de Nicolás Maduro?

–Sigue siendo punto de inflexión y un foco de contradicciones. Es donde más contradicciones tiene. Por un lado, la niega, pero dice que recibirá ayuda humanitaria, sobre todo de Rusia. No se entiende cuál ayuda van a recibir, si para ellos no hay crisis. Es un discurso que no tiene sentido.

El gobierno es absolutamente incoherente. Hay o no hay crisis. La ayuda humanitaria es para una crisis humanitaria, por eso no se entiende el discurso. Ahora, con los apagones nacionales, estamos en un realismo mágico que lo que hace es aumentar cada día más en el país. El gobierno dice esas cosas contradictorias, como que no necesitan ayuda de Estados Unidos, pero la traen de Rusia. Es un constante devenir de contradicciones que no puede explicar.

–Conociendo el resultado de la reunión del Consejo de Seguridad, donde China y Rusia vetaron la resolución estadounidense que pedía la entrada de la ayuda humanitaria y elecciones libres en Venezuela, ¿Estados Unidos podría actuar unilateralmente, como ha venido actuando?

–Es lo que se espera, pero no lo veo en el corto plazo. Al final, el control de un país no te lo da el drone ni el avión, sino el soldadito. Si no tiene un soldadito en la calle, no tiene control territorial. Para poder tener un control territorial de un país del tamaño de Venezuela, que tiene casi un millón de kilómetros cuadrados, necesita un montón de soldaditos, que no han aparecido. La movilización de tropas que implica una invasión a Venezuela nadie la ha visto. Eso se ve por satélite. Los rusos serían los primeros en decirlo. 5.000 soldados, que es lo que se ha dicho que están en la frontera, no alcanza ni para controlar el estado Táchira. Es una parte mínima, a menos que se haga la famosa intervención quirúrgica.

–Aunque Colombia es parte de la OTAN. Se podría tener un despliegue por ese lado.

–Se podría ver así, pero igual. ¿Cuál ha sido el despliegue militar colombiano? Ya se sabría. Cuando Irak invadió Kuwait, Estados Unidos lo dijo con días de anticipación y dijo que tenía las fotos satelitales que lo demostraba. Con lo que hay ahora, 20 años después, con mayor razón los rusos ya hubieran dicho que hay una acumulación de tropas colombianas fuera de lo normal en la frontera con Venezuela.

–¿Podemos esperar otras medidas de presión de Estados Unidos contra el gobierno de Nicolás Maduro?

–Todo es posible porque la ayuda está ahí, en la frontera. Es un activo muy importante que no puede perderse. Deben estar pensando en una nueva estrategia. El gobierno está alerta por la comisión de Bachelet. El hecho de que Bachelet haya dicho que reconoce la crisis, es otro elemento, porque ya no es Estados Unidos, la oposición o el imperio. No. Viene de una persona incluso ideológicamente afín al gobierno. Es muy importante.

–Visto este primer intento de pasarla que no funcionó, ¿cuáles otros mecanismos se pueden emplear para que estos envíos efectivamente entren al país? ¿O, viendo la respuesta de Nicolás Maduro, esa ayuda no va a entrar hasta que haya alguna transición de gobierno?

–Ese es el punto. La ayuda humanitaria hay que entenderla como todo un mecanismo. Si hubiesen dejado entrar esos camiones, pero no dejan entrar más, la ayuda humanitaria iba a ser incompleta. No hay una acción coordinada todavía, que uno sepa. La Cruz Roja dijo que iba a ayudar, pero no ha hecho nada porque no lo ha recibido.

Con los dos camiones que entraron por Brasil no hacemos absolutamente nada. Esos son dos gotas de agua en el mar, literalmente. En Venezuela hace falta la rehabilitación de por lo menos 70 hospitales, para paliar lo que estamos viviendo. Estamos hablando de enormes cantidades de insumos. Y esos no son todos los hospitales de Venezuela. Se requiere un flujo continuo de medicinas, sino el personal calificado. Imagínense que llegan las vacunas, ¿cómo y quién las va a poner?

Ahorita no hay ese problema, porque como no hay medicinas, no llegamos a ese punto, pero eso es parte del problema humanitario. Habrá que traer médicos que capaciten mínimamente a personal no profesional para que puedan desempeñarse en algunos elementos de la ayuda humanitaria, sobre todo los esquemas de vacunación.

–Hay una opción que algunos países del Grupo de Lima están discutiendo: implementar un corredor humanitario. ¿Cuáles serían las condiciones para eso y es en efecto viable?

–Un corredor en términos humanitarios es una vía, una zona, que se considera neutral, donde las partes pueden a través de ese mecanismo transitar, no solo medicinas, sino cualquier otra cosa, como transporte.

El tema está en que eso implica que el Estado esté de acuerdo. El problema es que aquí el Estado la niega: como no hay crisis humanitaria, porque acá hay las proteínas necesarias, entonces no puedo permitir un corredor humanitario. Volvemos al punto inicial.


Aunque tengan la intención de pasar la ayuda humanitaria, resulta obvio que no la iban a poder pasar

Alí Daniels, director de Acceso a la Justicia y experto en Derecho Internacional Humanitario

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