El doctor en Virología y Biología Celular del Colegio de Medicina de Baylor en Houston, Texas, Estados Unidos, recalca que la pandemia del COVID-19 solo estará controlada hasta que 60 % de la población del planeta haya enfermado o esté inmune al virus, lo que podría tardar hasta dos años. Además, el médico, egresado de la Universidad del Zulia en 1968, ofrece en exclusiva para la audiencia de El Pitazo su análisis sobre el manejo de la pandemia en Venezuela y la posibilidad de una vacuna en el corto plazo

Entrevista: César Batiz | Redacción: Jesús Barreto

José Esparza no abandona la rigurosidad del método científico ni para hacer la más básica de sus apreciaciones. Egresado en el año 1968 de la Facultad de Medicina de la Universidad del Zulia, el médico aclara de forma diáfana y sin titubeos las dudas de los usuarios de El Pitazo acerca de la pandemia por COVID-19. Actualmente, Venezuela presenta su fase de mayor riesgo y expansión de la enfermedad viral. Por lo que la duda constante de la población es acerca de cuándo será controlada y qué tan adelantado está el desarrollo de una vacuna.

El auge reciente de casos confirmados, de alrededor de 200 contagiados en promedio por día, según el reporte oficial, hacen ver interminable la epidemia. La emergencia sanitaria fue declarada pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el pasado 11 de marzo, dos días antes de que se registraran los primeros casos en territorio nacional. Esta aceleración del ritmo de contagios, previsto por la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, ha obligado a habilitar centros de atención adicionales.

Para el especialista en el tratamiento de epidemias es importante en este lapso reforzar y mantener los protocolos de prevención en lo individual y colectivo. En ese sentido, enfatiza en que, dado el abordaje en el país y la masiva propagación mundial, el virus tiende a mostrar un comportamiento como el de otras pandemias similares. Ante esto, el escenario más probable es que la transmisión se mantenga hasta que 60 % de la población sea inmune, es decir, se haya recuperado de la enfermedad o esté vacunada. Ambas variables se cumplirían en un lapso aproximado de dos años, contados desde marzo pasado.

Una autoridad

Esparza posee una de las carreras en el campo del desarrollo de vacunas y seguimiento de epidemias más destacadas de América Latina. Desde hace más de 40 años participa en investigaciones para encontrar dosis contra enfermedades contagiosas. Fue pionero en el abordaje del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), epidemia con más de 30 años activa, como un problema de salud pública. Hasta 1985, el doctor marabino ejerció como investigador en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic).

En el Ivic alcanzó el cargo de jefe del Laboratorio de Biología de Virus y jefe del Centro de Microbiología y Biología Celular, en una época en que en los países se realizaban hasta 100 investigaciones en simultaneo. El virólogo, titulo obtenido en el Colegio de Medicina de Baylor en Houston, Texas, Estados Unidos, abandonó su cargo en el Ivic en 1986 para ingresar como oficial médico de la OMS.

Fue en Ginebra donde se consagró como experto en enfermedades infectocontagiosas. En tan solo un año pasó de ocupar puestos en la División de Enfermedades Transmisibles, entre estas: dengue, fiebre amarilla y encefalitis japonesa, a ser uno de los fundadores del Programa Global contra el Sida (GPA) de la OMS. En toda su trayectoria ha publicado más de 120 trabajos en revistas especializadas y participado en igual número de proyectos de investigación con grandes aportes en el avance de la medicina preventiva.

Posicionado en la comunidad científica internacional, el doctor continuó con su trabajo hasta esta década como asesor de la Fundación Bill y Melinda Gates. Esta institución es la que más aportes ha realizado en la investigación para hallar una vacuna que detenga la transmisión del SARS-COV-2 en humanos. Es por esto que el prototipo de vacuna que financian los Gates, elaborado por el laboratorio estadounidense Moderna, es el que muestra mayores avances en la fase previa a su aprobación. Todas estas credenciales convierten a Esparza es una autoridad en la materia.


Si nosotros cortamos esa cadena de transmisión, entonces podemos influenciar en cuál va a ser el desarrollo futuro de la pandemia y si va a durar uno o dos años

José Esparza, doctor en Virología y Biología Celular del Colegio de Medicina de Baylor

–¿Cuánto durará esta pandemia?

–Esa es una pregunta muy difícil de contestar, porque depende de comportamientos que son muy difíciles de predecir o de controlar del comportamiento del virus, cómo el virus, si circula en las diferentes comunidades, en los diferentes países alrededor del mundo y comportamientos de los humanos. Y eso es importante porque el futuro desarrollo de la pandemia no es inexorable. Podemos controlarlo si los humanos adoptamos algunas intervenciones que sabemos que pueden cortar la cadena de transmisión del virus. El virus, la epidemia, continúa, mientras exista transmisión del virus de una persona enferma a una persona sana. Si nosotros cortamos esa cadena de transmisión, entonces podemos influenciar en cuál va a ser el desarrollo futuro de la pandemia y si va a durar uno o dos años.

Ahora, hay varias posibilidades y rápidamente voy a mencionarlas. Una es un poco informada por lo que pasó en los años anteriores, en los siglos anteriores, con las epidemias de influenza y la más famosa que está en la mente de todos nosotros, que no la vivimos, naturalmente, es la epidemia de la gripe española entre 1918 y 1919. Esa fue una pandemia que duró dos años, que tuvo tres olas epidémicas. Venezuela fue afectada en la segunda ola epidémica. La epidemia estuvo presente en Venezuela por tres meses, octubre, noviembre, noviembre y diciembre del año 1918. Mató a entre 25.000 y 75.000 venezolanos, que eran entre el 1 % y el 3 % de la población de todo el país.

Yo he estudiado y, de hecho, recientemente publiqué un artículo esta semana en una revista americana. Las epidemias de influenza de los últimos 300 años y todas se parecen en cómo han evolucionado. La mayoría de ellas han circulado alrededor de la tierra por un promedio de más de dos años. Entonces, uno diría que quizás dos años es un tiempo predecible para este virus. Este virus es diferente al de la influenza. El coronavirus es otro tipo de virus, pero se parece a la influenza por el mecanismo de transmisión respiratoria.


La epidemia continúa mientras exista transmisión del virus de una persona enferma a una persona sana. Si nosotros cortamos esa cadena de transmisión, entonces podemos influenciar en cuál va a ser el desarrollo futuro de la pandemia

José Esparza, doctor en Virología y Biología Celular del Colegio de Medicina de Baylor

Ahora, ¿por qué se acaban las epidemias de influenza? Se acaban cuando se establece lo que llamamos la inmunidad de rebaño, es decir, cuando un cierto porcentaje de la población humana en diferentes poblaciones, pero también a nivel del globo terráqueo en su totalidad, cuando ya muchas de esas personas han sufrido la enfermedad y se han recuperado y son entonces resistentes a una segunda infección por el virus, entonces esa es la inmunidad de rebaño. Es la que finalmente determina cuando se acaba la pandemia o la epidemia, porque ya no tiene. No conocí personas susceptibles a infectar. En el caso de influenza, la inmunidad de rebaño se obtiene cuando el 30 % al 40 % de la población ya ha sido infectada y se ha recuperado.

En el caso de este coronavirus, que nosotros estimamos que va a necesitar 60 % de las personas infectadas y eso puede tomar dos años, puede ser menos, puede ser más, y eso depende de cómo los humanos nos comportemos en la manera en que podamos cortar la transmisión del virus.

–Visto así, ¿es lógico pensar que al dejar que se contagie 60 % de la población se cortaría más pronto la cadena de contagio?

–Es tan lógico que ha habido dos países importantes que inicialmente adoptaron esa estrategia, como Inglaterra y Suecia. Sin embargo, eso tiene un costo humano, una mortalidad importante y, como decía al principio, no es necesariamente la única forma de cortar la cadena de transmisión del virus. Podemos cortarla si evitamos la transmisión con las medidas que se deben tomar.

Conocidas de todos nosotros, el distanciamiento social, el uso de máscaras, la higiene personal, de manera que, como decía al principio, no es inexorable que tengamos que llegar a la inmunidad, es la inmunidad de rebaño, en conjunto con las medidas de aislamiento y prevención de la transmisión y el poder cortar la cadena de transmisión, lo que nos va a llevar al cierre de esta pandemia. Si no hacemos nada, quizás sí se infectarían 60 % de las personas del mundo con muchísimas personas muertas, sobre todo individuos de mayor edad o individuos que tienen otras comorbilidades, y eso es lo que tenemos que evitar.


Cuando una vacuna llega a fase 3 no quiere decir que al terminar se vaya a tener una vacuna, porque los resultados pueden ser negativos

José Esparza, doctor en Virología y Biología Celular del Colegio de Medicina de Baylor

–Publicaciones científicas han reportado recientemente que hay farmacéuticas en la fase 3 de la investigación para la producción de una vacuna. Esto se traduciría en un rápido desarrollo de la investigación. ¿Es cierto esto? ¿En qué consiste la fase tres? Y, de superar las pruebas, ¿considera factible la aprobación de una antes de finalizar el año?

–Yo he estado trabajando en desarrollo de vacunas por los últimos 40 años de mi vida. En este momento hay probablemente cerca de 120 o 130 vacunas diferentes en fase preclínica. Preclínica es cuando se prueba la vacuna en animales de experimentación en laboratorio y hay unas 20 vacunas en fase clínica, que son cuando la vacuna ya se empieza a probar en seres humanos. Cuando entra en fase clínica hay tres fases; la fase 1, cuando la vacuna se le da a un número pequeño personas como unas 45 o 50 personas sanas, naturalmente, para ver si la vacuna es segura e induce respuesta inmunológica que podría proteger. Luego la fase dos es un poco más grandes, con cientos de personas y en la fase tres, normalmente son miles.

La fase tres es la más importante cuando la vacuna la recibe la mitad de la población, la otra mitad no recibe la vacuna o recibe una vacuna contra otra enfermedad y esta población se sigue para ver el número de infecciones o de enfermedad que ocurre en cada uno de los del grupo. Por ejemplo, si en el grupo que recibe el control aparecen 100 casos de infecciones severas y en el grupo vacunado solamente aparece en 50, hablamos de una vacuna que te iba a decir casi el 50%. Hay dos vacunas que se están probando en China, de lo que salgo muy poco en fase 3, hay una vacuna que se está probando en Inglaterra y en Brasil por la Universidad de Oxford y Astrazeneca con 3.000 voluntarios. Esa cura esa prueba comenzó el mes el mes de mayo. A finales de este mes comienza otra prueba en fase 3 de una compañía llamada Moderna. Ellos han anunciado que van a vacunar de manera experimental a 30.000 personas, que a mí me parece un número muy alto.

Después de que se vacunen esas personas tienen que seguirse por un tiempo, tanto para detectar evidencia de eficacia contra la enfermedad, como efectos secundarios, porque hay que recordar que cuando se tenga una vacuna van a tener que aplicarse a millones de personas sanas. De manera que esa vacuna tiene que ser sumamente segura, que no tenga efectos colaterales.

Cuando una vacuna llega a fase 3 no quiere decir que al terminar se vaya a tener una vacuna, porque los resultados pueden ser negativos. Yo no creo que vayamos a tener una vacuna antes de fin de año y, de hecho, si tenemos la vacuna el próximo año probablemente no va a ser una vacuna ideal, en el sentido de que no va a tener una eficacia suficiente. El problema grave que también vamos a tener es que de esa vacuna se tendrán que aplicar millones de dosis y la administración de esos millones de dosis es un problema logístico muy importante.

–Doctor, usted hacía referencia a medidas que se han tomado en otros países como Inglaterra y Suecia, y también sabemos que usted tiene cerca de cuatro décadas fuera de Venezuela. Pero quisiéramos también en este momento contar con su conocimiento para evaluar cómo ha sido el abordaje que en Venezuela el gobierno de Maduro ha dado a la pandemia. ¿Cuáles deberían ser las medidas más realistas que el Gobierno debe tomar para proteger a la población venezolana?

–Bueno, indudablemente que Venezuela hasta cierto punto tuvo suerte en que el virus entró tardíamente. Si mal no recuerdo, fue el 13 de marzo, en el primer reporte del primer paciente, una persona que vino a Europa y le pedían entrar en el suelo tardíamente porque Venezuela estaba aislada prácticamente del resto del mundo. Entonces, había muy pocos viajeros internacionales que venían a Venezuela que podían importar el virus y también el Gobierno instauró tempranamente medidas de cuarentena, de distanciamiento social.

Eso en el libro se ve bien. Naturalmente, en la práctica puede ser más difícil en una sociedad en la cual un alto porcentaje de las personas vive del trabajo informal. Claro que tiene que salir. Es muy, muy difícil. Es imposible implementar una cuarentena que sea lo suficientemente efectiva para cortar la transmisión. Entonces, la cuarentena se impone por otras razones, quizás razones de política, razones de controlar la sociedad, etcétera. Pero lo que es cierto es que una cuarentena que no la cumpla la gran mayoría de los ciudadanos es una cuarentena que no va a poder cortar la cadena de transmisión.


No existe ninguna información que sugiera que el Interferón cubano tiene un efecto benéfico para el coronavirus

José Esparza, doctor en Virología y Biología Celular del Colegio de Medicina de Baylor

Ahora la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, hace un mes o algo así, publicó un modelo de cómo la epidemia progresaría. Y si bien es cierto que en las primeras semanas o meses de la epidemia en Venezuela se mantuvo baja, por cierto, no sé qué tan bajo son los números que oímos del Gobierno que no parecen corresponder a lo que sucede en realidad, que no se incluye en el registro un gran número de casos ni de muertes por coronavirus.

Pero lo que la Academia predijo es que entre julio y octubre va a haber el crecimiento exponencial, que ya lo estamos viendo. Y la academia estimó, por un modelo matemático, que durante el pico de la epidemia habría entre 1.000 y 4.000 casos diarios en Venezuela. Cuando digo casos, incluyo los casos asintomáticos y solamente un porcentaje de ellos son sintomáticos, es decir, requieren hospitalización. Un porcentaje incluso menor requiere cuidados intensivos. Entonces, estamos en este momento. Hecha esa curva que todavía falta mucho para llegar a su cima, lo que también es cierto es que puede haber una segunda ola más tarde. Estamos apenas en el comienzo de esta epidemia y lo peor está por venir, tanto en Venezuela como en muchos otros países del mundo.

–Usted mencionaba la Academia y uno de los elementos que más se ha criticado acá de parte de la Academia, de los gremios de la salud y de otros sectores, es precisamente la falta de transparencia del gobierno venezolano con respecto a la cifra. ¿Qué datos de los que omite el gobierno venezolano son fundamentales para tomar medidas que sean realmente efectivas para, si no controlar, por lo menos aminorar el impacto de una pandemia como la del COVID-19?

–Bueno, el número de casos agudos es importante conocer con detalle y con certeza, porque eso define la necesidad de hospitales para atender a esos pacientes. Los casos severos son personas que tienen deficiencia respiratoria, básicamente, en Estados Unidos cuando se instaló la cuarentena. En realidad, la cuarentena tenía tres razones importantes. La primera era aplanar la curva de casos severos, de manera que el número de esos casos no sobrepasaba la capacidad que había en los hospitales, sobre todo en la unidad de cuidados intensivos para atender a esos pacientes. Entonces, una estrategia de cuarentena era que no hubiera un pico grande de casos severos que requerían hospitalización, sino que se aplanaba, de manera que se distribuyeron los casos en un mayor número de semanas.

La segunda razón de la cuarentena es el cortar la cadena de transmisión. Yo creo que en los Estados Unidos no se pudo hacer. No se pudo hacer como, de hecho, no está pasando en los Estados Unidos. Y la tercera razón de una cuarentena es la protección de las personas vulnerables. Es decir, estas personas que son de mayor edad, que tienen otras enfermedades y son las requieren quedarse en casa. El 40 % de aquellos que no se van a infectar cuando se establezca la inmunidad de rebaño.

Entonces, en Venezuela tenemos una situación muy crítica, porque el número de camas de cuidados intensivos reportados, o lo que yo he podido ver en Venezuela, está muy por debajo de lo que se estima que puede necesitar el país. De hecho, el estimado de la Academia de Ciencias era importante para prepararse para ese momento, porque teníamos que hacer todo lo posible para poner la atención médica que previnieron las muertes innecesarias en los pacientes con COVID-19. También es importante conocer el número de casos, el número de muertos, el número de pacientes severamente afectados para planificar y entender cuál es la de contribución del virus en las diferentes comunidades en los diferentes estados del país.


En Venezuela tenemos una situación muy crítica, porque el número de camas de cuidados intensivos reportados, o lo que yo he podido ver en Venezuela, está muy por debajo de lo que se estima que puede necesitar el país

José Esparza, doctor en Virología y Biología Celular del Colegio de Medicina de Baylor

–Dado este manejo que hemos visto y ya que está en desarrollo el crecimiento exponencial del contagio, ¿el Gobierno venezolano aún tiene alternativa de cortar la transmisión del virus?

–Yo creo que el Gobierno venezolano y cualquier gobierno en el mundo tiene dos obligaciones, uno es el proveerle el mejor tratamiento posible a aquellas personas que sufren una enfermedad severa, y el segundo es el tratar de prevenir la transmisión del virus. Sabemos que en ninguna de las dos están totalmente garantizados en Venezuela, incluso hubo dificultades en varios países del mundo, porque realmente es una pandemia de una magnitud muy severa, pero eso es lo que podemos hacer hasta ahora. Entonces, hay una responsabilidad del Gobierno, evidentemente, hay una responsabilidad de la comunidad y hay una responsabilidad individual, sobre todo para evitar la transmisión de que este virus se perpetúe en nuestras comunidades.

Ahora, si uno espera que el Gobierno resuelva los problemas de algunos, ya yo te puedo predecir que esta pandemia va a seguir su curso natural y eventualmente va a llegar a su fin, pero se va a llevar con ella a muchísimos de nuestros amigos y compatriotas.


Solamente hay dos drogas que se han comprobado de manera definitiva que mejoran el curso de la enfermedad; el remdesivir, que es una droga antiviral y la dexametasona

José Esparza, doctor en Virología y Biología Celular del Colegio de Medicina de Baylor

–Se ha tratado a pacientes con sospecha de COVID-19 con cloroquina, pese a reportes de que el medicamento provoca muchas reacciones adversas. ¿Hay evidencia científica de su uso? En general, ¿qué opinión le merece el esquema de tratamiento aplicado en Venezuela? Por ejemplo, el uso de interferón alfa 2, que es un medicamento desaconsejado por la Organización Mundial de la Salud.

–Se han publicado numerosos estudios controlados, tanto en pacientes severos o en pacientes con enfermedad benigna o como profiláctico en personas que no están infectadas que usen la cloroquina, sobre si se previene la infección y esos tres grupos de estudios no han demostrado ningún efecto benéfico, de manera que las personas que confiamos en la ciencia ya hemos descartado el uso de la hidroxicloroquin como profiláctico o como tratamiento.

No existe en absoluto ninguna evidencia, ninguna. Por más que de Cuba nos venga información de que la medicina allá es maravillosa, no existe ninguna información que sugiera que Interferón tiene un efecto benéfico para el coronavirus. Solamente hay dos drogas que se han comprobado de manera definitiva que mejoran el curso de la enfermedad; el remdesivir, que es una droga antiviral, y la dexametasona.

–¿Qué recomendación práctica daría en este nivel de expansión del virus, con un auge de casos en América Latina y un rebrote en países en los que ya se había registrado un descenso de contagios?

–Es absolutamente necesario mantener el aseo de manos y el uso del tapabocas. Porque si nos damos cuenta, la inmunidad de rebaño se adquiere cuando el 60 % de las personas se infectan, se recuperan. Piensa que el 40 % no se infectó y es en ese 40 % en que nosotros queremos estar. O sea, que la prevención de la transmisión es clave, tanto desde el punto de vista individual, como desde el punto de vista de la colectividad, de la sociedad.


Es absolutamente necesario mantener el aseo de manos y el uso del tapabocas

José Esparza, doctor en Virología y Biología Celular del Colegio de Medicina de Baylor

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