El joven director recibió el Premio del Jurado del Festival de Cine de Biarritz por La Fortaleza, su segundo largometraje, protagonizado por su propio padre y que trata sobre un adicto en recuperación, que decide reconstruir un campamento turístico abandonado en Canaima para darle otro sentido a su vida

Entrevista: César Batiz | Redacción: Catherine Medina

Araya permanece en el imaginario del cineasta venezolano Jorge Thiele Armand como una referencia visual a la que regresa con frecuencia, siempre que se embarca en un proyecto. “La creación para mí se ha convertido en un vehículo para regresar a Venezuela”, le confiesa al periodista César Batiz al inicio de las acostumbradas entrevistas en vivo a través de las redes de El Pitazo, para conversar con los principales actores del acontecer político, social y cultural del país.

La creación cinematográfica de Thielen Armand comenzó con el cortometraje Flor de la mar, en el que sigue la historia de su abuelo en Nueva Cádiz, Cubagua. También relata cómo el gobierno venezolano, liderado en aquel momento por Hugo Chávez, prometió que se reconstruiría la isla y se instalaría una máquina desalinizadora, además de una escuela para los hijos de los pescadores. Por diversas razones, los proyectos prometidos fueron suspendidos, y el abuelo de Thielen fue despedido.


No se puede replicar la fórmula de ninguna película. Hay nuevos retos, panoramas de distribución. Lo único que queda es el trabajo diario, la fe de que si persisto y apuesto sin miedo, van a ocurrir las mejores cosas

Jorge Thiele Armand, director de cine

Para su primera película, La Soledad, el cineasta volvió a Venezuela desde Toronto, ciudad donde reside, para contar la historia de su casa familiar, protagonizada por sus habitantes reales. La Soledad es una película que cuenta la historia de una casa en ruinas, perteneciente a una familia que se encuentra en el exilio. Dentro de ella viven los trabajadores del lugar, quienes reciben el anuncio de que deben desalojar la casa, pues la misma será destruida.

Thielen observa La Soledad como un espejo del país, y donde el verdadero enemigo es el sistema venezolano. A pesar de tratarse de un problema local, el cineasta ha logrado que el mundo se interese por lo que tiene que contar. “No hay un ingrediente secreto como en una receta, todo tiene que ver con la constancia y el trabajar día a día”. Esa filosofía le llevó a bautizar la casa productora La Faena, que posee en conjunto con Rodrigo Michelangeli, también cineasta.

Gracias a su paso lento pero seguro, el dúo ha logrado hacer poderosos aliados en el transcurso de su carrera. El financiamiento de La Soledad, por ejemplo, es consecuencia de haber ganado la competencia del Bienale College, una escuela patrocinada por la organización del Festival Bienal de Venecia, gracias al cual recibieron formación en cuanto a guión y producción. “Trabajar no es solo imaginarse las películas, sino desarrollarlas para que nuestras historias locales puedan convertirse en universales”, explica Thielen.

No hay atajos, tampoco. El cineasta cuenta la odisea en la que se convirtió La Fortaleza, después de que los indígenas locales impidieran el rodaje en el lugar que estaba previsto. Creyeron, al parecer, que el rodaje de la película era en verdad una excusa para infiltrarse en las minas y agredir a las mujeres de la comunidad.

“No se puede replicar la fórmula de ninguna película. Hay nuevos retos, panoramas de distribución. Lo único que queda es el trabajo diario, la fe de que si persisto y apuesto sin miedo, van a ocurrir las mejores cosas”. El premio en Biarritz de Thielen Armand encuentra su justificación en esta filosofía de vida.


Venezuela es un punto negro al que me encanta observar, y que me crea una obsesión, un ciclo. Me contenta mucho regresar a ella, pero también me hace daño. Hay algo masoquista, pero hermoso

Jorge Thiele Armand, director de cine

Habla de Venezuela como si de una pareja tóxica se tratase. En el fondo, quizás lo es. “Venezuela es un punto negro al que me encanta observar, y que me crea una obsesión, un ciclo. Me contenta mucho regresar a ella, pero también me hace daño. Hay algo masoquista, pero hermoso”, confiesa. Por último, afirma: “Venezuela es algo que añoro mucho; que me genera dolor y esperanza al mismo tiempo”.

De Venezuela, sabe que quiere contar todas sus historias, pero que no sabe por cuál empezar. La mantiene cerca de sí, aunque sabe que a su juicio es “imposible entenderla”. Actualmente desarrolla una historia donde la protagonista femenina decide emigrar, pero se siente en un limbo porque no puede avanzar. “Es un reto, porque es algo muy personal”, explica.

Después de hablar sobre la casa de su niñez en La Soledad y de su padre y sus adicciones en La Fortaleza, el próximo reto de Jorge Thielen Armand es, precisamente, hablar de él mismo en tercera persona.


Trabajar no es solo imaginarse las películas, sino desarrollarlas para que nuestras historias locales puedan convertirse en universales

Jorge Thiele Armand, director de cine

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