Su obra “Zas, del salón a mi sala”, la hizo merecedora del tercer lugar del concurso La escuela que es mi casa, organizado por El Pitazo y UNICEF Venezuela. Su cotidianeidad la inspiró a escribir sobre esta nueva realidad que la llevó a mudar todos sus útiles escolares a un pequeño rincón de su hogar

Cuando la mamá de Italia Parra, la psicopedagoga Luisa Caraballo, llegó a la casa con un volante del concurso La escuela que es mi casa, la niña comenzó a evaluar en cuál categoría participaría. “Me decidí por la poesía, porque fue la que más me llamó la atención. En los momentos que me llega la musa, me inspiro bastante para escribir”.

Italia Isabella es acuariana, estudia octavo grado de básica y es una amante de los libros. Todas las noches, luego de hacer sus tareas y cumplir con sus deberes en la casa, se “premia” leyendo, su actividad favorita. El último año se ha devorado la saga “Si las personas fuesen constelaciones”, de Flor M. Salvador. Tanta es su pasión por esta historia, que le pidió a sus padres que le celebraran su cumpleaños con esta temática.

Aun con miedo, se aventuró a participar en esta convocatoria nacional. Se preguntaba si podía ganar o si habría historias mejores que la suya, pero recordó que siempre hay que tener fe en sí mismo y que, a veces, debes arriesgarte para obtener alguna recompensa.

Zas: su motivo para escribir

El 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud declaró pandemia la propagación del COVID-19. Ni los países, sus gobiernos, instituciones o ciudadanos estaban preparados para lo que venía. En cambio, la incertidumbre se extendía tan rápido como el virus y surgió la primera orden oficial en el país: empezar con la educación a distancia.

En una tierra como Venezuela, que un año antes había experimentado un apagón nacional que, en al menos cinco regiones duró más de cuatro días, esto parecía un gran reto, y lo sigue siendo. En el país no solo hay problemas eléctricos, las constantes fallas de conexión a internet son una realidad.

Zas, del salón a mi sala fue la poesía con la que Italia Parra Caraballo participó en La escuela que es mi casa, un concurso organizado por El Pitazo y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF Venezuela). “Decidí llamar a mi obra “zas” porque todo pasó tan de repente, fue tan inesperado. Ninguno estaba preparado para algo así, pero con el tiempo tuvimos que acostumbrarnos a lo cotidiano de esta nueva realidad”.


Aunque a veces queremos rendirnos, debemos recordar todo el esfuerzo y la dedicación que hemos puesto hasta ahora y creer en nosotros, y tener esa confianza para poder seguir

Italia Parra, ganadora del tercer lugar en la categoría poesía del grupo de 10 a 12 años

Se inspiró en lo que están viviendo todos los niños en el mundo: las clases virtuales. “Aunque a veces queremos rendirnos, debemos recordar todo el esfuerzo y la dedicación que hemos puesto hasta ahora y creer en nosotros, y tener esa confianza para poder seguir”, reflexiona.

Sabe que el cansancio, muchas veces, se apodera de las personas; que no quieren hacer más nada; que ponen su vida en pausa por un momento. Pero recuerda que eso también es parte del aprendizaje, de la historia de cada uno. “Deseo que las personas siempre mantengan constancia en algo, así se les haga un poco complicado. Es importante mantener ese empeño y creer en uno mismo”.

Para ella, lo más importante es que esta, su pequeña historia, llegue a muchos niños. Porque desea hacerles saber que siempre deben seguir sus sueños, que no decaigan y que recuerden que deben tener fe en sí mismos y confiar en lo que anhelan sus corazones. “Lo que sueñas lo puedes lograr siempre y cuando tengas constancia en lo que haces, en tus estudios”, destaca.

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Una experiencia que da frutos

La educación desde el hogar le ha servido de mucho aprendizaje, no solo para ella, también para sus padres. Recuerda que fue muy emocionante saber que había ganado el tercer lugar del concurso en la categoría poesía.

Su premio, este logro, producto de su dedicación y empeño, se lo dedica a su familia, especialmente a su mamá, quien siempre le recuerda que debe poner su mayor esfuerzo en las tareas. También le agradece a Dios, porque gracias a él tiene la dicha de seguir sacando lo mejor de esta experiencia.

Un reencuentro que puede esperar

“Me imagino el regreso a clases cuidándonos mucho más. Siento que muchos estudiantes estarán felices, incluyéndome, pero por los momentos no deberíamos regresar por lo que está pasando. Pero cuando volvamos, vamos a estar bastante contentos. Tanto los maestros, los alumnos y los padres vamos a estar felices, pero todo a su tiempo”, manifiesta.

Lo que más extraña de sus días en el colegio son los momentos con sus compañeros y profesores, también esa posibilidad que tenía de pedirle ayuda a sus docentes para resolver rápidamente las dificultades con algunas materias.

A Italia le gusta pensar que la pandemia motivará a las personas a preocuparse por su salud y su vida, porque en un momento pueden estar bien, pero al otro, puede que no sea así. Todo este proceso le ha enseñado que la vida es corta y que puede pasar en un segundo. “Siento que a todos nos va a dejar la enseñanza de que debemos cuidarnos”, dice.

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