La bióloga egresada de la Universidad Central de Venezuela explica que por la reducida capacidad de diagnóstico del COVID-19 en el país, las cifras reportadas por el gobierno de Nicolás Maduro estarían 10 veces por debajo de lo que indica la lógica de propagación. La investigadora está a la vanguardia en el desarrollo de pruebas que permitan una detección rápida, más barata, eficaz y a menor costo del coronavirus. Pero debido al retraso y las restricciones gubernamentales, estos avances con sello venezolano quizás nunca lleguen a territorio nacional

Entrevista: César Batiz | Redacción:Jesús Barreto

Cuando la pandemia por COVID-19 entra en su fase exponencial de propagación en Venezuela, el control de la enfermedad se vuelve un asunto de velocidad. En la etapa de mayor transmisión de la enfermedad vírica, cada segundo cuenta para salvar vidas o evitar la saturación de los servicios sanitarios. Un caso detectado y aislado a tiempo equivale a 10 casos menos por día. Esta premisa quedó demostrada en China y Europa, las dos regiones que experimentaron antes que el resto del mundo el impacto del incremento acelerado de casos entre marzo y abril de este año.

Entonces, tanto los gobiernos de China como los del bloque europeo desplegaron toda su capacidad diagnóstica, hospitalaria y logística para reducir o aplanar la curva de contagios. Para esto hizo falta desde la adecuación de hospitales de campaña en menos de 72 horas, hasta la habilitación de instalaciones para albergar pacientes fuera de las redes hospitalarias.


En Venezuela luego de seis semanas de un ritmo incontrolable de transmisión, con picos cercanos a los 1.000 casos diarios, como el reportado la noche del jueves, 6 de agosto, apenas se empieza a observar la implementación de un plan para ampliar capacidades. El 21 de julio, más de cuatro meses después de admitidas las primeras infecciones de SARS-CoV-2, el gobierno de Nicolás Maduro aumentó la infraestructura de detección. Mediante la habilitación del laboratorio de Biología Molecular del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) se duplicó la capacidad de procesar pruebas confirmatorias, las llamadas PCR (“Reacción en Cadena de Polimerasa”, por sus siglas en inglés). De inmediato aumentaron los casos reportados.


La verdad es que en Venezuela no hay manera de proporcionar salud a su población. Parte de eso es el impedimento que hay para que pruebas como esta entren

Bióloga de la UCV integrante del grupo de centíficos del Instituto Tecnológico de Massachusetts

Desde la perspectiva técnica y científica de Irene Bosch, bióloga egresada de la Universidad Central de Venezuela, pese al esfuerzo oficial, el país está muy lejos de conocer la realidad estadística de la emergencia. Consolidada como una experta, gracias a su participación en el desarrollo de pruebas rápidas para controlar otras epidemias conocidas en el territorio nacional, entre esas el dengue, zika y chikungunya, Bosch considera que las autoridades apenas registran el 10% de la magnitud de la emergencia. La investigadora atribuye esta grave falla a la reducida capacidad de seguimiento, detección y atención, consecuencia del deteriorado estado del sistema de salud.

En esta entrevista exclusiva con El Pitazo, la doctora en Biología Molecular y de Medicina Tropical por la Universidad de Harvard, lamenta que, por la situación de la red de salud pública, el talento venezolano esté igual de relegado. Bosch es una de las pocas científicas latinoamericanas posicionadas a la vanguardia de la investigación de la enfermedad pandémica. Su aporte en el desarrollo de un test de detección rápida del COVID-19, conocido como “Point Of Care Covid-2”, busca garantizar un acceso masivo y universal a un diagnóstico eficaz por un bajo costo. Un avance que, dadas las restricciones y el rezago del Gobierno venezolano, quizás nunca podrá ser empleado en el país por el que, insiste, ha convertido el progreso científico en salud pública en su misión de vida.

—Usted a finales de marzo decía que esperaba la aprobación de la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA) para iniciar la producción masiva del test, ¿qué ha pasado desde entonces?

—Sí, la verdad es que han pasado muchas cosas. Logramos hacer el test de coronavirus, que es un test muy sencillo, parecido a un test de embarazo. En cuestión de minutos, específicamente en 15 minutos, puede decir si hay presencia o ausencia del virus como tal en una muestra de nasofaringe, que es una muestra nasal respiratoria. En ese instante nosotros lo pusimos a prueba, ya que teníamos el test listo en tres hospitales y ya obtuvimos los primeros resultados. Es decir, ya sabemos cómo resultó el uso de esta prueba a nivel de la emergencia de estos hospitales.


Lo que pasa en Venezuela es una catástrofe, porque todos sabemos que los números que dan no son verdad y no hay capacidad para atender a la persona afectada

Bióloga de la UCV integrante del grupo de centíficos del Instituto Tecnológico de Massachusetts

—¿La FDA ya les dio el permiso para la producción masiva de este test?

—Ellos nos dijeron que sometiéramos todos los datos al laboratorio y ya se mandaron. Esta semana enviamos los datos del hospital y además estamos explicando cómo va a ser el protocolo para usar este específico test de bajo costo y de alto alcance y de gran producción a nivel de números de test que se pueden hacer. A la FDA le va a tocar muy pronto, yo creo que ya para la semana que viene dar el veredicto. Entonces, va a ser duro, porque ellos van a tener en sus manos la capacidad de decir sí o no a la aplicación.

—¿Sería posible que en Venezuela se aplique el test de detección rápida de COVID-19, que creó usted en Estados Unidos? ¿Qué tan accesible puede ser esta modalidad para Venezuela? ¿De qué mecanismos de cooperación se puede valer el país para garantizar la distribución de este test?

—Cuando hablamos de Venezuela, hablamos de un país al que se le han arrebatado sus derechos, en general. Teniendo esto claro, parte de que la situación de Venezuela esté tan grave es porque no se ha permitido que este tipo de test tenga entrada. Ni siquiera se ha permitido que instancias fuera realicen pruebas, más allás del IVIC o del propio Instituto Nacional de Higiene, que son los únicos que están haciendo test. Eso es inaudito. Como venezolana, mi responsabilidad ante el público y con todo lo que eso implica para uno como venezolano es decir la verdad. La verdad es que en Venezuela no hay manera de proporcionar salud a la población. Como dueña de una compañía que hace test de bajo costo, mi sueño sería darle a mi país eso. Sin embargo, hay una matriz de poder que no deja que eso ocurra, cosa que es un genocidio.


Al no haber capacidad de monitoreo, por supuesto que no va a haber capacidad para saber cuántos datos hay

Bióloga de la UCV integrante del grupo de centíficos del Instituto Tecnológico de Massachusetts

—A su juicio, ¿son ciertos los números que reporta el Gobierno todas las noches?

—Claro que no. Esos son datos que lucen como la punta del iceberg. Cuando el Gobierno dice que hay 1.000 datos, eso quiere decir que hay muchos más. Al no haber capacidad de monitoreo, por supuesto que no va a haber capacidad para saber cuántos datos hay. Eso es obvio. Entonces, cuando el Gobierno reporta 1.000 casos de coronavirus, realmente son 10.000. Hay muchos más. 10% de las personas va a estar con un problema de salud grave, 10% de ese 10% puede que esté muy grave. Esto es una enfermedad grave, no es cualquier cosa. Eso es un problema inmenso, porque no hay capacidad en ningún hospital para atender a las personas que vayan llegando con problemas respiratorios, así sean problemas que en varios días se resuelven, se satura. Se saturan las clínicas, etc. Lo que pasa en Venezuela es una catástrofe, porque todos sabemos que los números que dan no son verdad y no hay capacidad para atender a la persona afectada.

—¿Qué siente usted como venezolana, científica y servidora pública de no poder ver que su invención sea utilizada en beneficio de los venezolanos?

—Siento tristeza. Es como que se me muriera un familiar todos los días. Todo el venezolano que está afuera primeramente sigue siendo venezolano. Nosotros no somos extranjeros. De hecho, todo lo que yo hago desde que me fui a Estados Unidos ha sido y es un servicio en función de lo que yo soy como venezolana. Esa es la verdad. Siendo así, como yo me siento, esta es una de mis primeras preocupaciones y frustraciones no poder servirle al país que me dio a mí todas las oportunidades.


La cuarentena va a tener que durar hasta que la fase exponencial comience a achatarse

Bióloga de la UCV integrante del grupo de centíficos del Instituto Tecnológico de Massachusetts

—A propósito de la situación en Venezuela, en El Pitazo se informó que los primeros cinco días de agosto el gobierno de Maduro reportó 3.700 nuevos casos, en el mismo periodo en julio se registraron 1.337 contagios. ¿Por qué ocurre ese incremento de casos?

—En Venezuela existe una expansión exponencial del coronavirus. Estamos en una pandemia, las pandemias han de tener picos epidémicos en varias partes del mundo. Ahora le tocó a las Américas y a Venezuela. Todavía no ha terminado la pandemia, después le va a tocar a África, etcétera. Tampoco sabemos cuántas veces van a pasar estos picos. Como existe un pico de expansión en Venezuela y existe un mínimo de monitoreo, porque la capacidad del sistema de salud es mínima, tenemos que estar muy atentos a resguardarnos, a tener mucho cuidado, estar muy pendientes de los contagios, evitar salir sin mascarilla.

—¿Usted ve factible que tras esta pandemia haya un cambio en el abordaje de las enfermedades transmisibles en las políticas de salud pública del mundo?

—Eso es lo que se espera cuando nosotros, como simples individuos, parte de la sociedad entendamos que nuestra responsabilidad es de detectar esas pandemias. Pero si creemos que va a venir un ministro o a venir una Organización Mundial de la Salud a decirnos cuándo estamos enfermos, eso no va a funcionar bien nunca. Estos son aparatos institucionales que no reportan cuando no quieren. Lo que sí creo que puede pasar es que tomemos conciencia, que aprendamos, que tiene que haber maneras nuevas de reflejar cuando un grupo de seres humanos estamos enfermos.


Todo lo que yo hago desde que me fui a Estados Unidos ha sido y es un servicio en función de lo que yo soy como venezolana

Bióloga de la UCV integrante del grupo de centíficos del Instituto Tecnológico de Massachusetts

—¿Hasta cuándo cree usted que va a durar esta cuarentena?

—La cuarentena va a tener que durar hasta que la fase exponencial comience a achatarse, lo cual sería ideal si se tuviese una manera de monitorizar quiénes están enfermos, quiénes no o quiénes tienen el virus. Pero como eso no se tiene, lo que va a pasar es que la cuarentena va a durar cierto tiempo que no sabemos. Lo importante es saber que a través de esa cuarentena, que son ejercicios de salud pública de hace 300 años. Es decir, no son modernos, no tienen nada que ver con el siglo XXI, es lo único que tenemos en la mano, es lo que va a permitir que el número de casos empiece a bajar y que la curva de expansión empiece a achatarse. Entonces, la cuarentena es la que va a permitir que esa curva empiece a bajar. Es una buena pregunta, pero nosotros los científicos tampoco tenemos manera de saberlo. Una vez que empiece a bajar, ya se sabe que la pendiente debe ser, si todo sale bien, parecida a la de subida.


Como dueña de una compañía que hace test de bajo costo, mi sueño sería darle a mi país eso. Sin embargo, hay una matriz de poder que no deja que eso ocurra

Bióloga de la UCV integrante del grupo de centíficos del Instituto Tecnológico de Massachusetts

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