La mención honorífica del concurso Hagamos la tarea juntos, en la categoría relato, del grupo de 13 a 16 años, fue otorgada a Valentina Quevedo, una adolescente oriunda de Trujillo cuyos intereses se reparten entre las letras, el periodismo y la neurología

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Valentina Quevedo tiene 16 años, pero para su madre y su tía es “la niña”. El notorio consentimiento que ha tenido no ha resultado en inmadurez. Todo lo contrario. Hablar con Valentina es escuchar ideas y reflexiones de un adulto inteligente en la voz dulce de quien aún estudia bachillerato. Reflexionar, por cierto, es un verbo que conjuga con naturalidad cuando se refiere a cómo escribió el relato que le valió mención honorífica en la segunda edición del concurso Hagamos la tarea juntos, organizado por El Pitazo y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés).

“Al momento de leer las pautas me sentí identificada con las situaciones acerca de cómo pasamos en el hogar los días de pandemia. Me dio una oportunidad de poner en retrospectiva esos hechos y reflexionar acerca de ellos”, dice cuando la entrevistadora de El Pitazo le pregunta, vía telefónica, qué pensó cuando vio la convocatoria del concurso y decidió que iba a participar.

Valentina supo del concurso cuando faltaba muy poco para que la convocatoria cerrara. Recuerda que se enteró a través de Twitter dos días antes de su cumpleaños, que es el 25 de noviembre. La recepción de trabajos para el concurso finalizaba el 1 de diciembre. Su creatividad e inspiración se pusieron pronto en marcha, ayudadas por la facilidad que tiene para escribir relatos y poemas desde que era una niña

“Cuando estaba en sexto grado participé en la bienal dedicada al escritor Ramón Palomares. Escribí un poema acerca de su vida y obra. Esa fue la primera vez que presenté ante un público algo de mi obra”, cuenta la adolescente, quien para entonces tenía apenas 11 años.


Cuando estaba en sexto grado participé en la bienal dedicada al escritor Ramón Palomares. Escribí un poema acerca de su vida y obra. Esa fue la primera vez que presenté ante un público algo de mi obra

Valentina Quevedo

–Tu relato se titula Tal vez mañana. ¿Por qué ese título?

–Decidí titularlo así porque el relato comienza desde el momento en que recuerdo cómo, específicamente en el noticiero, vi que estaban hablando acerca de la pandemia, y lo veíamos como algo muy lejano. Ni siquiera había llegado al carácter de epidemia. Era algo que recién estaba comenzando. Decidí colocarle ese título por una posibilidad, porque siempre decía “tal vez mañana sí voy a volver a ver a mis compañeros; tal vez mañana esto se termine”. Siempre esa posibilidad de que algo iba a pasar o de que pueden cambiar las cosas, que, curiosamente, también puede ser algo positivo, porque tal vez mañana puede ser un día mejor. Tal vez mañana obtengamos un aprendizaje.

–Cuando escribiste tu relato, ¿se lo diste a leer a otra persona antes de enviarlo?

–En realidad fue algo muy personal. Cuando lo escribí y decidí enviarlo fue porque sé que muchos niños o muchos adolescentes tienen esas emociones o tenían esas emociones en ese momento en que se inicia la pandemia. Ese momento en que uno comienza a desarrollar sus ideas, sus pensamientos, quiénes somos, cómo nos identificamos y no poder relacionarnos directamente con el mundo, es algo que nos afecta.

–Valentina, ¿desde cuándo te gusta leer y escribir? ¿Esa pasión por escribir te viene dada de familia?

–Desde que tengo memoria, desde el kínder. Desde que recuerdo que agarré mi primer libro, desde allí no he parado de leer. En mi familia, si bien mis padres siempre me han apoyado en cuanto a mis estudios, no tuve una figura que específicamente me inculcara ese amor por la escritura. Yo la fui desarrollando mediante la lectura, mediante autores. Recuerdo que la primera vez que pude leer a Dickens, me sentí increíble cuando me pude dar cuenta de que podíamos conocer tantos mundos mediante las páginas. Es un sentimiento incomparable.

–¿Qué libros te han marcado y en qué autores has encontrado inspiración para escribir?

–Desde pequeña recuerdo que leí la serie de J.K. Rowling, de los primeros libros de fantasías de Harry Potter, que, según creo, a todos los niños nos marcaron. También hice lecturas de Aquiles Nazoa y Rómulo Gallegos. Hace dos años me marcó mucho un ensayo de Virginia Woolf, Una habitación propia. Me marcó mucho porque desarrolla el entorno de la mujer en la escritura, de cómo ha sido su papel. Y Wonder, de R.J. Palacio, que es Un libro maravilloso, en su traducción en español. Nos relata realmente lo que somos y cómo podemos beneficiar en esta sociedad.

–¿La escritura es algo que te gustaría desarrollar profesionalmente o lo ves como un hobby?

–Siempre me ha gustado poder desarrollar este campo. Puede ser en el periodismo, que es mi pasión: poder informarle al mundo todo lo que sucede y cómo estamos nosotros. Pero a mí también me gusta mucho el campo de la medicina, específicamente la neurología. Entonces espero poder desempeñar esa carrera y también, en un posible futuro, seguir siendo escritora.

–¿Qué piensas de este tipo de concursos?

–Considero que los niños, las niñas y las adolescentes justamente en este momento en Venezuela necesitamos medios en los que podamos expresarnos realmente, porque en el mundo hay un ambiente bastante hostil, y específicamente aquí, hay situaciones que no permiten que educacionalmente los niños tengan un amor por la escritura. No hay una promoción ni incentivo para que los niños realmente no lo vean como una actividad que les da miedo, porque es verdad. A veces los niños no desarrollan el área porque sienten miedo, porque sienten que no van a poder hacerlo de forma correcta. Se intimidan. Entonces yo considero que este tipo de convocatorias son perfectas para poder promocionar, promover el amor de una pasión gracias a la cual los niños se expresen correctamente.


Considero que los niños, las niñas y las adolescentes justamente en este momento en Venezuela necesitamos medios en los cuales podamos expresarnos realmente, porque en el mundo hay un ambiente bastante hostil, y específicamente aquí, hay situaciones que no permiten que educacionalmente los niños tengan un amor por la escritura

Valentina Quevedo

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