La ingeniera de sonido, nacida en Caracas, es una pieza clave en el equipo nominado al Oscar en la categoría de Mejor Sonido por la película The sound of metal, estrenada a través de Amazon Prime Video en 2019

Si a María Carolina Santana le preguntan quién ha sido la persona más importante en su vida, ella habla de su abuelo Manuel Henrique Caraballo-Gramko con ternura y admiración indescriptibles. Él, ingeniero de sonido y miembro de producciones discográficas importantísimas en el país (Billo’s Caracas Boys, entre ellas) inspiró la senda que Carolina se empeñaría en seguir.

A sus 31 años, Carolina Santana es músico e ingeniera de sonido. Cuenta con un premio Bafta (British Academy of Film and Television Awards) en su haber como miembro del equipo que creó el sonido y la banda sonora de la película Sound of Metal, y que sigue los pasos del baterista de un dueto de rock metal que súbitamente se queda sordo. Ahora va por el premio Oscar, una nominación que recibe de manera grupal en la categoría Mejor sonido.


Tenía la fuerza interna, esa pasión heredada de mi abuelo, que sirvió como un norte energético que me daba más fuerza. No tenía muy claro de cómo iba a lograrlo, pero pensar en él me animaba

María Carolina Santana, ingeniera de sonido

–Acabas de ganar un Bafta con tus colegas, precisamente por el trabajo hecho en Sound of Metal. ¿Cómo recibieron este premio?

–Estamos muy emocionados, felices de poder compartir este proyecto y que tanta gente pueda ver este proyecto que llevamos muy en el corazón. Nos encanta conocer las apreciaciones de la gente sobre esta película y escuchar lo que tienen que decir sobre ella.

–Es una película muy completa: un baterista de metal, adicto en recuperación, que pierde la audición de un día para otro

–Sí, es una historia que toca muchos temas. No es solo la pérdida de la audición, sino también la adicción, la codependencia en una relación de pareja y qué es lo que nos pasa internamente cuando nos vemos obligados a afrontar un cambio. Mis compañeros y yo hemos conversado muchísimo este último año sobre cómo esa historia resuena mucho con nuestra realidad actual, cuando el planeta entero está tratando de adaptarse a una nueva forma de existir.

–¿Qué experiencias positivas te trajo esta película?

–Aprender acerca de la comunidad sorda, sobre todo para nosotros que trabajamos en música y sonido nos llevó a sentir y comprender qué significa para nosotros perder la audición. Fue un reto muy personal, una reflexión interna.

Sentimos como un logro los comentarios positivos, precisamente porque sentimos que logramos compartir estos sentimientos. Desde que leímos el guión, todos los involucrados nos identificamos de una u otra manera con la película y sus personajes. Ver que esta historia tenga un impacto positivo en las personas es de las mejores recompensas. La experiencia más bonita ha sido escuchar con testimonios de gente que ha vivido situaciones parecidas, que ha luchado con la adicción o que ha pasado por una etapa de transición, ya sea la pérdida de un sentido o separarse de sus seres queridos.

–¿Cómo te preparas para la entrega de los Oscar? ¿También estás nominada?

–Sí, estoy dentro del equipo nominado, pero mi nombre no aparece en la lista. Sucede que este año, la categoría Mejor sonido es la unión de otras dos: Mejor edición de sonido y Mejor banda sonora, de modo que es un premio colectivo.


Cuando entiendes cuál es tu miedo y logras analizar qué es lo que origina eso, y te das cuenta de que hay otras formas de evolucionar, logras adaptarte y no aferrarte a lo que fue y creas una nueva realidad con estas nuevas circunstancias

María Carolina Santana, ingeniera de sonido

Aunque no estoy en la lista de nominados sería el equipo entero quien recibiría el premio, en caso de ganarlo. Usualmente hay años en los que se vive mucha frustración cuando una parte del equipo recibe un reconocimiento y la otra no. La idea de que todos estemos nominados es ya un premio, por la emotividad con la que trabajamos en la película.

–Dentro de este equipo, ¿cuáles fueron tus principales labores?

–Me incorporé en la etapa de postproducción de la película, cuando la edición de la imagen ya estaba bastante adelantada. Luego, con el equipo, comenzamos a hacer pruebas en París de las propuestas para elaborar las paletas de sonido de los momentos cruciales, como las transiciones entre cada concierto o el momento en el que el protagonista pierde la audición.

Después, nos tocó imaginar cómo trabajaríamos el sonido del implante que él recibe. Esto lo hicimos haciendo mucha investigación y escuchando muchas simulaciones de implantes. Siempre siento que la mezcla de sonido se asemeja al trabajo de un director de orquesta, que es quien va a terminar de crear los matices, la dinámica de los sonidos y hacer que todo se integre lo mejor posible. Pude asistir hasta el final, una vez que concluyó la mezcla de sonido, y participé con todos los miembros del equipo en esa creación, en ese descubrimiento progresivo de sonidos.

De Caracas a París

La oportunidad de emigrar le tocó la puerta a Carolina en 2007, cuando concluyó sus estudios de bachillerato en el Colegio Integral El Ávila. Ya había comenzado a estudiar ingeniería de sonido siguiendo los pasos de su abuelo.

Llegó a París por un año, en principio, y se había propuesto regresar. Carolina explica que estaba muy apegada a la posibilidad de quedarse en Venezuela, aunque, al llegar a la capital francesa, se dio cuenta de inmediato de la suerte que tenía de haber llegado a un país que privilegiaba la música y el cine, ramas del arte que la apasionan.

De inmediato, se dio cuenta de que tenía que dar lo mejor de ella y luchar para que aquella experiencia valiera la pena. “Tenía la fuerza interna, esa pasión heredada de mi abuelo, que sirvió como un norte energético que me daba más fuerza. No tenía muy claro cómo iba a lograrlo, pero pensar en él me animaba”, explica Carolina, cuyo rostro se ilumina al hablar de su abuelo.


Muchísima gente me ha escrito diciéndome que se siente orgullosa de mí o identificada con lo que estoy haciendo. Poder ser un ejemplo de que los sueños sí se pueden lograr es algo que significa mucho para mí

María Carolina Santana, ingeniera de sonido

–¿Cuáles, a tu parecer, son los momentos más emotivos de esta película?

–Siento un cariño particular por la primera escena de los conciertos, ya que para los actores fue un momento muy importante. Pasaron meses preparándose para ese concierto y poder tocar en vivo con público. Otro momento emocionante para mí es cuando Rubén –el protagonista– llega a la comunidad sordomuda, ya que yo me sentí de la misma manera cuando llegué a París desde Caracas: sin poder comunicarme, hablar, entender y sintiendo una soledad muy grande, a pesar de estar rodeada de gente.

Descubrí cómo la comunidad sorda es en realidad muy comunicativa, presente, haciendo una entrega total de sus emociones cuando se comunican y cómo eso se traduce en sinceridad. Otro momento que resonó en mí es cuando vemos a Rubén en la misma situación, pero siendo capaz de conversar, habiendo aprendido un nuevo idioma que le permitía conectarse con la gente de una manera diferente.

–¿Qué tanto se parece la historia de Sound of metal a tu propia vida?

–Es algo que he podido conversar con mi familia en Venezuela y con amigos venezolanos que se han ido. Creo que lo que más resuena en mí de esa historia es el sentimiento de pérdida, que en mi caso podría traducirse como un duelo también porque tuve que dejar atrás una realidad o ilusión de vida.

Cuando discutía con mis colegas el miedo que significaba para nosotros hacer esta película, conversábamos mucho la posibilidad de perder nuestro oído, siendo todos profesionales dedicados a la música y al trabajo en la industria del sonido. En mi camino personal descubrí que mi miedo real era perder la comunicación, perder esa relación que podía tener con la gente.

Cuando me preguntaban qué sentido me imaginaba perder, yo siempre respondía que no podía ser la audición. Eso cambió, y yo misma me impacté cuando llegué a esta conclusión, pero entendí que mi miedo real era la posibilidad de perder la capacidad de comunicarme. A mí me cuesta mucho hablar, expresarme y sentía que la música y el sonido me ayudaban a eso y no quería perderlo, pero cuando entiendes cuál es tu miedo y logras analizar qué es lo que origina eso, y te das cuenta de que hay otras formas de evolucionar, logras adaptarte y no aferrarte a lo que fue y creas una nueva realidad con estas nuevas circunstancias.

–¿Hay algo que extrañes de Venezuela?

–Gracias a proyectos increíbles como lo fue Sound of metal, a los músicos venezolanos que he podido conocer en París y a –las conexiones, siento que he podido volver y conectar de alguna forma con Venezuela. Extraño ese sentimiento de familia, de sentir que no importa la distancia, porque podemos conectar, celebrarnos y apoyarnos de cualquier manera. Muchísima gente me ha escrito diciéndome que se siente orgullosa de mí o identificada con lo que estoy haciendo. Poder ser un ejemplo de que los sueños sí se pueden lograr es algo que significa mucho para mí.

–¿Qué mensaje le darías a los venezolanos dentro y fuera del país que luchan por abrirse un camino?

–Debemos recordarnos como positivos, luchadores. Que ese siempre sea nuestro orgullo, lo que llevamos dentro siempre, porque eso va a permitir que nunca perdamos la esperanza o esas ganas de ponerle tanto amor a todo lo que hacemos. Creo que esa es una de las cosas que nos caracterizan: que solemos ponerle alma, vida y corazón a todo.

Este año, a través de la directora Anabel Rodríguez Ríos, el país entero soñó con clasificar en los Oscar a través del documental Érase una vez en Venezuela, Congo Mirador. A principios de año, se supo que la película no había quedado en la preselección de las nominadas.

Pero la ilusión de que Venezuela lograra colearse en el máximo galardón del cine regresó de nuevo, gracias al tesón de María Carolina Santana que, siguiendo los sueños de su abuelo, logró engrandecer los de un país completo.


Debemos recordarnos como positivos, luchadores. Que ese siempre sea nuestro orgullo, lo que llevamos dentro siempre, porque eso va a permitir que nunca perdamos la esperanza, o esas ganas de ponerle tanto amor a todo lo que hacemos

María Carolina Santana, ingeniera de sonido

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