Maturín: Tradición del cuajao se pierde entre el costo de los ingredientes y los apagones

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Maturín.- Preparar el cuajao ya no es una tradición de Semana Santa en Maturín. El alto costo de sus ingredientes y sumado a la prolongación de los apagones, que pueden ser de hasta 12 horas por sector, han hecho que los habitantes de la capital de Monagas dejen perder esta costumbre.

Magalys Hernández, habitante de 23 de Enero, se fue temprano al mercado viejo de Maturín buscando variedad de precios para abastecer su casa durante los días santos, pero no los consiguió; lo más económico que halló fue un kilo de arroz por 4.300 bolívares soberanos.


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«Si ese es el precio del arroz, imagínate cuál será el del pescado salado«, expresa. 

Por esa misma razón tiene dos años sin preparar cuajao, que es un especie de pastel hecho con pescado, huevos y plátanos. Asegura que sin la colaboración de por los menos seis personas sería imposible prepararlo. En su caso, la migración de casi toda su familia la obliga a olvidarse de él. «Es imposible pensar que con la pensión se pueden comprar los ingredientes», afirma.

Y es que el kilo de cazón se consigue en 15.500 bolívares soberanos y se necesitan por lo menos dos. Medio cartón de huevos cuesta 8.000 bolívares soberanos, un litro de aceite 17.000,  un cuarto de kilo de ají dulce ronda los 1.700 bolívares soberanos mientras que uno de cebolla 3.500. Cada plátano tiene un precio de 1.300 bolívares soberanos y por lo menos debe llevar tres.

En síntesis, un maturinés necesita 65.000 bolívares soberanos para preparar un cuajao sin acompañante, que podría ser arroz. Son tres salarios mínimos y medios para la comida de un día. «Es un plato costoso. Con lo que gastamos en hacerlo podemos comprar tres kilos de carne o sardina y así comemos varias veces», dice Leticia Fermín, habitante del sector centro.

Fermín asegura que para esta Semana Santa es preferible comprar un cartón de huevos, arroz y lentejas. Explica que muchos, como en su caso, optarán por preparar las lentejas como si fuese un revoltillo de huevos, pues es una forma de no aburrirlas.   

En las comunidades más pobres se hace más cuesta arriba, como en Santa Inés, La Chicharronera, La Puente y Rosa Inés. Allí, los habitantes no pueden hacerlo ni siquiera ahorrando dinero comprando otros productos al Comité Local de Abastecimiento y Producción (Clap).

Jesús Medina vive en Santa Inés, hacia el sur de Maturín. Desde hace tres años reside en esa comunidad y desde entonces no ha visto a algún vecino preparar este plato típico durante la Semana Mayor.

«Si vas al mercadito de La Chicharronera verás como la gente compra sardinas con ocumo chino o yuca. Aquí la gente cumple muy poco con esas tradiciones, salvo en diciembre cuando algunos hicieron hallacas porque vendieron pernil», explicó. 

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