Importadores de productos de imitación de higiene personal incumplen con normas sanitarias y aduanales

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Champús, pastas dentales y jabones corporales son comercializados sin haber presentado la documentación necesaria ante el Servicio Autónomo de Contraloría Sanitaria que certifique que son adecuados para el uso humano

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“Mami, no te lleves esa Colgate. Te recomiendo esta, la Alident, es la mejor que hay ahorita en el mercado y es de los Estados Unidos –dice uno de los vendedores enérgicamente–. Sabe a menta y te deja el aliento fresco. Toma, prueba –destapa la crema y se la acerca al dedo de la señora–. Con eso no vas a tener mal aliento en todo el día. En cambio, esa Colgate es chimba, no tiene color, no tiene sabor y pareciera que te estuvieses cepillando con tierra», sentencia.

El bulevar de Catia tiene una calle larga y ancha llena de hojas secas, trozos de papel toilet y empaques vacíos de chucherías. Todos los días, esa calle larga y ancha, está repleta de gente comprándole a los buhoneros que, en tarantines de madera o en pedazos de tela ubicados a lo largo de la calle, exhiben su mercancía. Frutas, cilantro, zanahorias, esponjas para lavar los platos, cepillos de dientes y afeitadoras son algunos de los productos que se pueden encontrar.

Sin embargo, hay dos que en cada tarantín y tela siempre están: la pasta dental y los jabones frutales Amorish, Vea y Fruity Soap, provenientes de Indonesia. En la cajita roja con blanco, azul y verde de la Colgate, en letras blancas dice Colgane, Connert Máxima Protección Anticaries y Cronetl Max Fresh, asemejando la tipografía de la famosa marca. En la parte posterior del empaque, las instrucciones están en ruso, chino o portugués, y sus precios van desde los 2.500 bolívares hasta los 9.000 bolívares. También se encuentra la Oral-B Up, pero con una modificación en una de sus letras, no dice B sino D.

Al lado de cada una de estas cremas está la Colgate –con un valor entre los 6.000 y 7.000 bolívares–. En su empaque dice que provienen de Brasil, Malasia y México. Sin embargo, la mayoría de los buhoneros recomiendan llevar la Alident, porque la Colgate no es la original.

Estos productos, así como los champús de la marca Pantene que tienen sus instrucciones en árabe, son comprados por la mayoría de los ciudadanos. No obstante, estos artículos, utilizados para la higiene personal, son comercializados sin poseer el respectivo registro sanitario otorgado por el Servicio Autónomo de Contraloría Sanitaria (Sacs), lo que se traduce en que no cumplen con los procesos necesarios para la verificación de su calidad, que certifican que la mercancía es adecuada para el consumo humano. Asimismo, son traídos al territorio nacional mediante métodos de importación que no son los regulares, por lo que evaden la presentación de permisología.

¿Qué se debe cumplir para poder comercializar productos de higiene personal?

Para que alguna empresa pueda comercializar jabones, pastas dentales, champús o cualquier otro producto de higiene personal importado dentro del territorio nacional debe seguir una serie de pasos para obtener el registro sanitario –número que aparece en la parte posterior del empaque o producto y certifica que cumple con las normas para ser vendido–.

“Lo primero que debe hacer la empresa es contratar a un farmacéutico de aquí para que lo represente y entregue los recaudos ante el Sacs. Debe entregar el Certificado de Libre Venta, el cual acredita que en su país (el país de origen) ese producto es comercializado libremente y, además, con ese documento se certifica que el fabricante cumple con las buenas prácticas de manufactura. También deben enviar los resultados de los análisis del producto realizados en un laboratorio de allá y las fórmulas empleadas para su elaboración”, explicó una funcionaria del Área de Cosméticos de la Dirección de Drogas, Medicamentos y Cosméticos del Sacs, quien prefirió resguardar su identidad.

“Cuando se entregan todos esos documentos y se verifica que todo está bien se le da a la empresa fabricante su registro sanitario. En ese momento, el fabricante trae su primer embarque y de ahí se saca una muestra del producto para que sea analizada por el Instituto Nacional de Higiene y se verifique que los análisis enviados anteriormente se corresponden con los resultados del instituto”, indicó la funcionaria.

Según la presidenta de la Sociedad de Ciencias Cosméticas, Celeste Rojas, presentar los resultados de los análisis fisicoquímicos y microbiológicos realizados por el laboratorio del país de origen ayuda a que el Sacs verifique que el producto cumple con la viscosidad, con el Ph, con el conteo microbiológico y con otros factores que se exigen en las normas aprobadas por organismos internacionales para la elaboración de productos de higiene personal. “Lo recomendable es que el producto esté exento de microbios, de hongos y levaduras”.

Rojas señaló que es necesario mostrar cuáles fueron las fórmulas utilizadas, ya que con esto se comprueban los ingredientes y las cantidades que fueron implementadas para la elaboración del producto, y así se verifica si esas especificaciones son o no acordes con las señaladas en las normas.

A pesar de que existen normas establecidas por el Sacs, a través de la Providencia Administrativa No 230-2018 aprobada el 9 de julio de 2018, para poder comercializar productos de higiene personal importados, en algunas zonas de Caracas se venden jabones, champús y cremas dentales que no poseen el aval –registro sanitario– del ente regulador.

El 20 de agosto, El Pitazo realizó un recorrido por el bulevar de Catia y pudo comprobar que productos de uso personal, como cremas dentales de la marca Colgate e imitaciones de esta misma marca, jabones frutales provenientes de Indonesia, así como imitaciones del champú Head & Shoulders, pero con el nombre Super Shampoo, no poseen el registro sanitario o permiso cosmético (PC).

El artículo 23 de la Providencia No 230-2018 señala que los productos cosméticos, además de tener en la parte posterior del empaque el número del registro sanitario, también deberán tener el nombre del farmacéutico responsable del producto, el nombre del país de donde vino, el contenido nominal en peso o en volumen, las advertencias, el número de lote, la fecha de elaboración y la fecha de vencimiento. Sin embargo, los productos anteriormente mencionados, además de no poseer el registro sanitario, tampoco cumplen con el resto de las especificaciones establecidas en la providencia.

Imitación de crema dental Oral-B no posee en la parte posterior del empaque la información obligatoria establecida en las normas

La mayoría de los vendedores ambulantes indicaron que los productos se los compran a los chinos. El dueño de un local chino que se encuentra en uno de los laterales del bulevar explicó que su mercancía –la misma que venden los buhoneros– la traen de Colombia.

El 8 de agosto, el Instituto Nacional de Higiene emitió una alerta donde comunicaba que Colgate Palmolive C.A denunciaba que había encontrado, en varios establecimientos de la ciudad, pastas dentales falsificadas en empaques idénticos a los de su marca. En la alerta, el instituto esgrime que las pastas dentales fueron sometidas a controles de calidad y en los resultados apareció contaminación microbiológica y ausencia de fluoruro.

Cremas dentales con el mismo empaque de la marca Colgate son comercializadas bajo el nombre de Colgane y Connert

A la funcionaria de la Dirección de Cosméticos del Sacs se le preguntó cómo llegan esos productos al mercado, a lo que respondió: “Ve y pregunta en la aduana cómo sacan esos productos a la calle. En la aduana deberían pedir los documentos que avalen que son empresas permisadas y que, por lo tanto, tienen su registro sanitario”.

“La mayoría de esos productos chinos y árabes, que son imitaciones o de marcas raras, son traídos de Cúcuta. Las personas viajan, compran estos productos a grandes cantidades, porque son baratos, los pasan por la frontera y los venden. Cuando llegan por la aduana es porque los trajeron por el sistema puerta a puerta. Aquí lo que hace la empresa que los trae es que le paga a las autoridades de resguardo y de la aduana para que dejen pasar el contenedor sin presentar los registros sanitarios. Otra de las cosas que hacen es que cambian la información de lo que se trae en el embarque para no dejar evidencia de que se está ingresando mercancía que no posee registro”, explicó un agente aduanal que prefirió reservar su identidad.

Según lo establecido en la Resolución de Mensajería Internacional Courier, este sistema sólo puede ser utilizado para el transporte de correspondencia, encomiendas y mercancía que no posean valor comercial, es decir, productos que se traen para consumo propio y que, por lo tanto, no necesitan de permisos sanitarios. Sin embargo, cuando se sobrepasa la cantidad de productos estipulados en la ley -más de 2.000 dólares en productos- la mercancía ingresada deberá regirse por el procedimiento ordinario de importación.

“Estos productos no los pasan por el proceso regular de nacionalización de importaciones, porque sin registro no pueden entrar al territorio nacional, por eso los traen por el puerta a puerta y pagan”, indicó el agente aduanal.

A pesar de que el Sacs es el ente que se encarga de supervisar que todos los productos que se comercialicen para el consumo humano cumplan con las normas, la funcionaria de la Dirección de Cosméticos indicó que ellos no son policías y que no pueden estar decomisando productos. “¿Quieres que nos maten?, ¿vamos solos? Una parte le corresponde al Sacs, pero tienen que ir todos los organismos. Sin embargo, esa no es la solución, la solución es que no permitan la entrada en aduana”.

Rojas, por su parte, indicó que las consecuencias de comercializar productos de higiene personal que no cumplen con las normas establecidas por el Sacs pueden ser graves para la salud. “Si un champú está contaminado de pseudomonas, la persona que lo utilice puede quedar ciega. En el caso de los jabones, podrían ocasionar dermatitis. Ahora, si algún producto de higiene personal no cumple con el P h, es decir, si es muy alcalino o muy ácido, podría causar quemaduras e irritaciones en la piel”.

Cambio en el proceso

El proceso para registrar un producto de higiene personal para que pueda ser comercializado ha cambiado un poco, según la funcionaria del Sacs. Antes, el fabricante debía enviar primero una muestra del producto para que fuese analizado por el Instituto Nacional de Higiene y después de tener esos análisis es que se le daba el registro sanitario y podía vender el producto aquí. “Ahora el fabricante debe hacerle los análisis a su producto en algún laboratorio de su país y enviarnos los resultados, así se agiliza el proceso”.

El profesor de la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Julio Vivas, explicó que este cambio en la norma hace que se agilice y se facilite la entrada de los productos al mercado venezolano, debido a que ya no se tiene que esperar tanto tiempo para que el instituto haga los análisis y entregue los resultados para poder otorgar el registro sanitario. “Sin embargo, esto conlleva a que en el país entre una cantidad de productos que no son tan buenos”.

Aunque los productos cosméticos ya no deben esperar por el resultado de los análisis del Instituto de Higiene para ser comercializados y ahora la función del instituto es solo corroborar que es cierto lo presentado por el laboratorio del país de origen, tardan años en determinar esa información, de acuerdo con lo indicado por la funcionaria del Sacs.

La presidenta de la Sociedad de Ciencias Cosméticas explicó que, según el instituto, se tardan tanto porque no tienen personal ni reactivos. “Sin embargo, cuando nosotros como farmacéuticos vemos irregularidades, vamos al Sacs a poner la denuncia y no nos dan respuestas. Ellos deberían tomar muestras en el mercado y evaluarlas. Las leyes existen, pero no se cumplen”.

Consecuencias de la destrucción del mercado

La abogada y miembro de Cedice Libertad, Andrea Rondón García, explicó que desde hace 16 años se ha detectado en el país una política de desconocimiento de la propiedad privada, lo que ha implicado una destrucción del aparato productivo y una apropiación de los distintos medios de producción, lo cual ha significado la destrucción de los mecanismos de generación de riquezas.

“Al destruir el mercado local en sus distintos rubros, tiendes a depender de la importación y, al depender de la importación, también supone depender de los distintos productos que te ofrecen en el mercado internacional. Y ese depender no significa que se tengan distintas opciones y que se vaya a escoger la mejor de ella. Vas a depender mucho de lo que puedas adquirir y pueden ser productos de muy baja calidad”.

Rondón indicó que esta dependencia a las importaciones genera que se traigan productos que ocasionan confusión de marcas y artículos que, en sus mercados locales, cumplen con los requisitos de calidad, pero que no es así en el mercado nacional.

“Esta confusión de marcas se da porque el consumidor no entra en detalle al ver el producto, ya que fonéticamente suena igual, se ve igual, cambia en una o en dos letras. Esto lo que hace es debilitar a la marca, porque piensas que estás consumiendo algo similar. La marca, al fin y al cabo, es un distintivo de su trabajo, de su esfuerzo; un distintivo frente a los demás, porque se tiene una especie de reputación dentro del medio. Entonces, si se trae una marca similar o una imitación, ella se aprovecha de esa distinción y reputación y debilita a la marca original, porque lo que la empezó a diferenciar ya no lo hace”.

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