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domingo, 27 septiembre, 2020

FOTOS | Buscadores de oro mudan la mina a las cloacas del Guaire en Caracas

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Caracas. Desesperados por la crisis en Venezuela, centenares de jóvenes, y otros no tanto, se han lanzado a las aguas del Guaire, un río al que un día Caracas dio la espalda y convirtió en vertedero para desechos urbanos e industriales.

Ronaldo, de 19 años, vacila, toma aire y se zambulle en la gran cloaca que un día fue el próspero río Guaire de Caracas. Palpa el fondo, revisa entre las fétidas piedras y emerge. En sus manos nada de valor, debe repetir una vez y otra más hasta que consiga algo entre las aguas fecales que pueda vender.


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Buscan algo, lo que sea que se haya deslizado por los desagües y que aún tenga valor.

«Unos primos me dijeron para trabajar en el Guaire. Yo lo pensaba bastante y decía ‘yo no quiero ir para allá es pura agua de popó'», explica a EFE Ronaldo, cuya madre nunca debió imaginar cuál iba a ser el destino de su hijo cuando decidió ponerle nombre de estrella del fútbol.

Sin embargo, la falta de trabajo y lo escaso del salario mínimo le empujaron al río, le fue bien sacó «una prenda» (pieza de bisutería) y se convenció de que allí podía tener un futuro con el que alimentar a su familia.

«Estas son las cloacas de aguas negras de Caracas y todo lo que se le va a la gente por los drenajes, los lavamanos, la lavadora, todo esa cosa que cae va al río Guaire y uno aquí lo recoge», comenta.

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Fue en el siglo XX cuando el río Guaire se transformó en la gran cloaca y en el XXI en la gran promesa para la capital. En 2005, el entonces presidente Hugo Chávez se comprometió a poner en marcha un proyecto de saneamiento que parece no haber salido nunca del papel.

El drama ambiental de la contaminación no alcanzaría la dimensión que tiene si no se combinara con el humano, la hambruna que puebla Caracas: «La necesidad y la situación del país es lo que ha llevado a uno a meterse ahí. Con todo y eso tengo seis años y a mí todavía me da asco pero no tengo más trabajo ni más recursos a que acudir y con eso mantengo a mi familia», explica Ronaldo.

Junto a él, decenas de jóvenes compiten entre las aguas para obtener un gramo de oro, plata, bronce o cobre en forma de pendiente, cadena para el cuello, medallas u otros ornamentos.

Si consiguen un gramo de oro, aseguran que les pagan entre 130.000 y 200.000 bolívares, entre 23 y 35 dólares según la tasa oficial de cambio, si bien la hiperinflación y la devaluación del bolívar les lleva a variar los precios casi a diario.

«Me gustaría trabajar en otra cosa, uno sueña con salir de aquí con un sueldo bueno, porque con un sueldo mínimo a la semana, uno se muere de hambre, no alcanza para la cesta básica», asegura el muchacho, que prefiere no dar su apellido y afirma que lleva cuatro años trabajando en el río.

EFE

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