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lunes, 26 octubre, 2020

De 5 a 25 horas en cola, la nueva normalidad para llenar gasolina en Caracas

Del país en el que el combustible era prácticamente gratuito parece no quedar nada. Ahora son las colas interminables, largas esperas y noches en vela las que están a la orden del día para aquellos que quieran llenar el tanque de su vehículo en la Venezuela que, incluso hoy, cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo

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Caracas.- Felipe Quintero* enciende el motor de su autobús y avanza unos pocos metros. Permanece en el asiento del conductor mientras se anima con unas canciones de salsa que suenan en la radio. Se frota con las manos el rostro. No tiene puesto el tapabocas, lo que le deja ver notables gestos de cansancio. “Hoy sí nos toca”, le avisa, con tono entre resignación y alegría, Ernesto*, un compañero de otro autobús. Luego de pasar 25 horas en cola, podrán abastecerse de gasolina.

Su voz denota fatiga cuando habla de su experiencia repostando combustible. “Estamos aquí desde las 10 de la mañana de ayer (23 de septiembre) y apenas alcanzaremos a llenar hoy a las 11 de la mañana (24 de septiembre)”, dice. El autobús de Felipe es uno entre las más de 100 unidades de transporte que aguardan en fila a pocos metros de una estación de servicio en la avenida San Martín, al oeste de Caracas.

En la noche anterior le tocó dormir en su vehículo, en plena vía, al igual que el resto de sus colegas. “Expuestos a que nos roben”, manifiesta.

Dos semanas antes, relata Felipe, un conductor fue asaltado mientras pernoctaba a las afueras de una estación de servicio. Dos retrovisores, la batería del carro, un teléfono, algo de efectivo y el sistema de arranque fueron el botín de los delincuentes. Desde ese momento se organizan en grupos de 10 a 15 conductores para protegerse en los trasnochos. “Con la policía no se cuenta, solo aparece para pedirnos que nos retiremos de la avenida”, comenta Ernesto.

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Pese al peligro latente en la zona, no tiene otra opción. Él, junto a la otra centena de transportistas, está obligado a acudir a la estación de San Martín desde Petare -donde vive-, pues es el sitio que le asigna las autoridades de transporte para surtir gasolina. Esta es una de las ocho habilitadas en Caracas para el transporte público.

Pero mientras la cola avanza, otros vehículos, entre motos y carros particulares, se observan ingresando desde una calle paralela a la “bomba” con el permiso de la Guardia Nacional.

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“Eso pasa siempre. Ahí es donde hacen el negocio. Acaban de llegar y los meten de primero en la cola. Si les dices algo, (los guardias) te insultan, hasta te pueden sacar de la fila”, expresa otro conductor.

A Felipe apenas le permitirán llenar 80 litros del tanque. Una cantidad insuficiente para cubrir un día de su ruta Petare – Carmelitas. Consume 15 litros para llegar a San Martín y otros 15 litros para regresar a Petare. «Al final me queda solo 50 litros, ¿cómo puedo trabajar con eso? Lo que llenamos aquí a duras penas nos alcanza para dos vueltas”, dice con enfado.

Presupuesto ajustado

En otra zona de la ciudad capital, en la urbanización Vista Alegre, se encuentra Ricardo Ramírez a bordo de su vehículo, un modelo clásico del Ford Fiesta.

A diferencia de Felipe, solo lleva cinco horas en una kilométrica cola. “Llegué a las 5 de la mañana y por lo que veo voy a poder llenar”, asegura sin ocultar satisfacción, pues la semana anterior pasó hasta 10 horas -toda una noche- para adquirir combustible en El Paraíso. El tanque de su carro se abastece con 45 litros de gasolina, pero se conforma con poder llenarlo con lo tenga en su “cupo”: otra manera de referirse al estricto racionamiento ordenado por el gobierno nacional desde junio ante la escasez del ansiado carburante.

Un guardia nacional realiza un control a un vehículo que ingresa a una estación de gasolina al oeste de Caracas | Foto: EFE

Todavía no ha comprado gasolina en las estaciones de “precio internacional”, a pesar de que reconoce que en ellas son más fluidas las colas. Ese beneficio no es suficiente. El presupuesto no le acompaña.

En esas estaciones se cobra a 0,50 centavos de dólar el litro de gasolina, frente a los 5.000 bolívares del “método subsidiado”, por lo que el repostaje completo le saldría en 22,5 dólares (más de nueve millones de bolívares al cambio oficial), que no puede permitirse gastar. Eso sin contar que ahora requiere repostar con mayor frecuencia debido a la baja calidad de la gasolina que provee Irán al país, que ya le ha provocado varias fallas en el motor.

“Anteriormente 40 litros de gasolina me rendía 200 kilómetros, ahora cuando mucho me rinde 100 0 120 kilómetros”, calcula. Ricardo sabe que cada mes a partir del litro 31 comenzará a pagar el combustible a la «tarifa internacional», así que cada traslado que haga debe estar justificado. No hay tiempo para paseos urbanos.

Más rezagado en la fila está William Fernández*. Le cuesta reconocer que en Venezuela se ha impuesto una nueva realidad: conseguir gasolina, en el pasado casi gratuita, ahora es una tarea de exploración. Una carrera maratónica, en la que si aspiras a llenar el tanque, debes iniciar una búsqueda con un día de antelación. La de Vista Alegre es la segunda estación de servicio que visita en esa mañana. Todavía le resta esperar otras dos horas para conseguir su objetivo.

Entre tanto, en estaciones de Catia, Bello Monte, La California, entre otras zonas, la escena no varía. Avenidas y calles se colman de extensas colas, en las que es difícil identificar donde terminan. En cada una de las estaciones, efectivos de la Guardia Nacional vigilan el flujo de vehículos.

La rapidez se paga en dólares

En medio de este escenario de crisis por la pandemia y la escasez de combustible, la Venezuela de los contrastes también profundiza sus distancias.

En Chacao, al Este de Caracas, está Marco Sánchez*. Aproximadamente tiene 20 minutos desde que se incorporó en su 4×4 a una cola para surtir combustible en la estación de servicio aledaña al Centro Comercial San Ignacio. La hilera de vehículos, que no supera los 30, se mueve con relativa rapidez. La razón: El combustible que se vende está dolarizado.

Unos 15 minutos después ya se encuentra a “pata e’ mingo”, dice Marco. Logrará repostar su vehículo sin arriesgarse a horas interminables estacionado en la vía pública.

Foto: Ronald Peña – El Pitazo

Su rutina, cuenta, es simple. Se informa por grupos en redes sociales como WhatsApp o Telegram. Así sabe o al menos intenta anticipar cuáles estaciones “premium”, de las 17 que se encuentran entre municipios Baruta, Chacao, El Hatillo y Sucre, son abastecidas con frecuencia.

“Hacer colas no va conmigo”, añade Marco antes de pagar con un billete de 10 dólares a un empleado de la gasolinera que le acaba de llenar el tanque. En otras estaciones dolarizadas de Caracas, los tiempos de espera para surtir no siempre son iguales. Algunas 40 minutos, otros hora y media, incluso tres horas. Ninguna cercana a las 10 horas que pasó Ricardo o las 25 de Felipe.

En total se contabilizan 200 gasolineras con este esquema de venta internacional y sin restricciones. Un sistema al alcance de quienes tengan mejor poder adquisitivo, en un país donde el 96,2% de su población está sumergida en la pobreza (Encovi) y el salario mínimo representa menos de un dólar mensual.

“La nueva normalidad”

Francisco Hernández viene desde Mariche hasta una estación de servicio de Petare, antes del Hospital Ana Francisco Pérez de León. Acude allí porque las “bombas” de su zona pocas veces tienen gasolina.

Lo acompañan su esposa y su dos hijos de 6 y 8 años.

“Esta es la excursión de cada 15 días”, comenta entre risas, mientras sus hijos se distraen con unos juguetes dentro del auto, soportando el calor del mediodía del trópico. En la gasolinera solo atenderán a 200 vehículos. Francisco se muestra aliviado cuando ve que uno de los guardias se acerca para anotar en su parabrisas el número 178. Su espera de siete horas no será en vano.

Unos metros más atrás, un grupo de motorizados empieza a organizarse para el siguiente día.

No elaboran listas, basta con el orden de llegada. Para ellos ya se trata de otra rutina como lo fueron las colas en medio del desabastecimiento de alimentos de años anteriores.

Ya a medianoche el protagonismo lo toman rondas de juegos de cartas y conversaciones espontáneas. Por momentos se pierde de vista el acecho permanente del COVID-19 sobre la gente. Algunos permanecen parados frente a sus carros mientras esperaban a que la madrugada les traiga la suerte de estar entre los afortunados que recibirán su cuota de 30 litros.

Motociclistas hacen fila en una estación de gasolina en Caracas | Foto: EFE

Para las motos, aunque el máximo establecido por el gobierno son cuatro litros, en Petare no conocen de esta normativa. “Para nosotros aquí es tanque full siempre”, dice Jeison Rivas*. Tampoco conocen de la restricción por placa.

Luego de llegar a su casa en un populoso barrio de la parroquia del municipio Sucre procede a sacar el combustible de su moto para almacenarlo en bidones. “Así nos curamos en salud”, asegura sin reparo. Al día después volverá a la gasolinera para reiniciar el ciclo.

Es la obsesión y desesperación en la que se ha convertido llenar gasolina en Venezuela, el país con las mayores reservas verificadas de petróleo del mundo

*Los nombres marcados con un asterisco han sido modificados a petición de los entrevistados.

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