Cúcuta: el nuevo centro de compras de los venezolanos

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Aunque hay más de 800 km de distancia, cada semana, entre 15 y 20 buses salen desde los Valles del Tuy y Altos Mirandinos hasta San Antonio del Táchira cargados de pasajeros que cruzan la frontera con Colombia para hacer compras con fines personales y comerciales

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Por Pola Del Guidice y Rosanna Battistelli

Aunque el viaje implica un desgaste físico, Carmen Linares asegura que vale la pena y, por ello, cada tres semanas se organiza para ir desde Ocumare del Tuy, estado Miranda, hasta la ciudad de Cúcuta, en Colombia, a comprar mercancía para su negocio; una nueva modalidad que se ha convertido en una alternativa para comerciantes y vendedores informales.

La primera vez que se motivó a viajar lo hizo con una amiga, hace tres meses. En esa oportunidad fue a tantear la zona. De regreso, solo trajo artículos de uso personal; sin embargo, 15 días más tarde cruzó la frontera con un fin netamente comercial.

“Compré chupetas, caramelos, chocolates, harina de trigo, medicina, jabones y suavizantes, los cuales vendí a personas conocidas en menos de 10 días, es decir, que recuperé la inversión y obtuve una ganancia de aproximadamente 30 %”, contó.

Al igual que Linares, Carolina Valdez viaja una o dos veces al mes desde los Valles del Tuy hasta el hermano país en busca de mercancía, que luego vende en un pequeño local. Los autobuses, por lo general un Encava de 32 puestos, llegan hasta San Antonio del Táchira.

Cuando la frontera estuvo cerrada, por órdenes del Gobierno nacional, los viajeros caminaban por la trocha y, de regreso, les pagaban a  “trocheros” o “carretilleros” para que los ayudaran con la mercancía. Ahora, el transporte es más fácil, ya que el paso peatonal está permitido por el Puente Simón Bolívar.

El jueves 18 de julio, Valdez hizo su cuarto viaje. Salió a las 2:00 pm de Ocumare del Tuy y llegó a San Antonio del Táchira a las 6:00 de la mañana del día siguiente, tras hacer dos paradas para ir al baño, una en el estado Portuguesa y otra en Barinas. Además, el autobús se detuvo en igual cantidad de alcabalas.

El costo del pasaje fue $20, pero ya le notificaron que en agosto será $35. Adicional a ese monto, cada pasajero entregó al chofer 20.000 bolívares soberanos en efectivo, que fueron utilizados para distribuir entre los funcionarios policiales y militares que los pararon en las diferentes alcabalas, sobre todo de regreso, a cambio de que no les quitaran mercancía. “La primera vez que viajé nos detuvieron en 26 puntos de control”, recordó abrumada Valdez, a propósito del tiempo que perdió. 

Una vez en San Antonio del Táchira, los pasajeros cuentan con un lugar donde cepillarse los dientes para luego disponerse a cruzar el puente hasta la zona conocida como “La Parada”.

En este trayecto deben mostrar su cédula de identidad y su tarjeta fronteriza a los funcionarios dispuestos en el lugar. A partir de ese momento cada viajero toma su rumbo, no sin antes cambiar sus bolívares o dólares a pesos en las casas de cambio. 

Eran las 7:00 de la mañana cuando Valdez abordó un taxi que la llevó hasta el centro de Cúcuta. Como ya conoce los negocios, sabía dónde comprar más barato. “Hay centros comerciales, mayoristas, bodegones y buhoneros, en todos consigues precios diferentes, al igual que en los vendedores informales que están una vez que cruzas el puente”, indicó.

A las 4:00 de la tarde, Valdez ya estaba de vuelta a San Antonio del  Táchira; en el mismo lugar donde se quedó 10 horas antes. Con la ayuda de un “caletero” pasó dos sacos con mercancía. Por esta ayuda pagó 15.000 pesos.

En Altos Mirandinos…la historia se repite

Son las 4:00 de la mañana del miércoles 17 de julio. Miriam García va cubierta con una chaqueta y pasamontaña para hacerle frente al frío. Es la segunda en la cola para comprar pasaje hasta San Cristóbal y así llegar a su destino final: Cúcuta, la población fronteriza donde espera comprar mercancía para venderla entre sus vecinos y así obtener más recursos. “También compro para mí y así gasto menos, porque aquí  los artículos son más costoso”, confiesa García al referirse a su país.

Con 100 dólares, el equivalente a un monto mayor a 300.000 pesos colombianos, Miriam hace “un mercado bien resuelto”, según manifiesta, al detallar que trae harina de maíz, de trigo, leche, azúcar, pasta y arroz, que adquiere a menos de la mitad del costo de lo que es expendido en supermercados tequeños.

“Dicen que a las 8:00 de la mañana comienzan a vender boletos”, comenta mientras se acomoda en la acera a pocos metros de la entrada de Expresos.

Para Miriam es la segunda vez. El resto de quienes madrugan esa mañana acumulan miles de kilómetros en los últimos meses. “Yo voy una vez cada 15 días, compro harina de maíz, aceite y azúcar, y los revendo”, admite uno de los hombres.

Poco después de las 8:00 de la mañana, Miriam logra adquirir uno de los codiciados boletos. “Me costó 140.500 bolívares, pero si no quieres hacer la cola, contactas por teléfono a uno de los trabajadores y te lo consigue en 20 dólares”, destaca.

Salen todas las semanas

Distinto al peregrinar de hacer cola a diario por la mañana, hay grupos de personas que organizan viajes desde Los Teques a San Antonio del Táchira, con salida los miércoles.

Marlene, madre de dos niños, viajó en uno de esos expresos. El viaje, de unos 804 kilómetros, lo hizo en algo más de 12 horas para regresar a las 4:00 de la tarde del día siguiente.

Recuerda que cerca de la 1:00 de la mañana, el autobús hizo una parada de 30 minutos en Barinas para que los pasajeros fueran al baño, comieran y estiraran las piernas.

Marlene se llevó una maleta vacía, pero la trajo llena con un mercado de alimentos, unos 60 productos, que le costaron 150.000 bolívares. Adicional, compró artículos de aseo personal y chucherías.

El viaje

Josefina es la organizadora del viaje que hizo Marlene, cuyo costo fue de $20, ida y vuelta, con servicio de guía, además de un lugar donde ir al baño y asearse una vez que pisan suelo andino. 

Josefina explica, a través del teléfono, cómo fue el viaje: “Salimos el día miércoles, a las 2:00 de la tarde en un Encava con aire y butacas reclinables. Hacemos dos paradas; se estima llegar a las 6:00 de la mañana. Podrán comprar desde las 7:00 de la mañana hasta las  5:00 de la tarde. Los guiamos a los expendios con mejores precios”.

El plan de Josefina garantiza además caleteros de entera confianza que cargan los paquetes hasta una casa segura. “Llevo dos años trabajando con ellos y todo perfecto”, dice al confesar que organizar estos viajes se ha convertido en su modo de vida. “95 % de los que viajan van a hacer mercado a Colombia”, acota.

3.000 metros a pie

El gobierno venezolano mantuvo cerrado el paso con Colombia desde el 22 de febrero de 2019 hasta el 8 de junio. Tras abrir la frontera, solo se permite el tránsito peatonal, por lo que quienes cruzan deben recorrer unos 3.000 metros a pie hasta pisar suelo colombiano.

En menos de 5 minutos, Marlene recuerda que cumplió con ese recorrido.

“Es un sacrificio que vale la pena cuando se trata del alimento para la familia y de mayores ingresos para sobrevivir a la crisis venezolana”, remata y asegura que es satisfactorio regresar a casa y tener con qué llenar la despensa.

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