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domingo, 25 octubre, 2020

Analistas: hiperinflación destruyó el salario y la capacidad de compra del venezolano

Después de tres años en hiperinflación y con una devaluación del bolívar incesante, el salario mínimo en Venezuela ($0,88) ha pasado a liderar la lista de los más bajos de América Latina y el Caribe, desplazando a Cuba ($15) y Haití ($104)

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Caracas.- El 1º de mayo de 2020, el gobierno de Nicolás Maduro aprobó el último aumento del salario mínimo mensual del año —hasta ahora—, para ubicarlo en 400.000 bolívares. En aquel momento, dicha cifra equivalía a 2,04 dólares al cambio oficial. Casi cinco meses después, apenas representa 88 centavos de la moneda estadounidense. Se trata, así, de la peor remuneración laboral oficial de la región y del mundo, alertan expertos.

De acuerdo con cálculos de la Comisión de Finanzas y Desarrollo Económico de la Asamblea Nacional (AN), la inflación en el mes del pasado septiembre fue de 30%, mientras que el alza de precios de bienes y servicios en los últimos nueve meses se situó en 1.433,58%, y en 3.246% entre septiembre de 2019 y el mismo mes de 2020.

Así, comprar un dólar hoy en Venezuela es casi 500% más caro que a mediados de marzo.

Bajo este escenario y con una devaluación del bolívar sin límites, cerca de ocho millones de venezolanos, cinco millones de ellos pensionados, deben sobrevivir un mes completo con menos de un dólar, un 98% por debajo de los 1,25 dólares diarios que estima la Organización de Naciones Unidas (ONU) para definir la pobreza extrema.

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Con el bono de alimentación, que son otros 400.000 bolívares, los ingresos pueden ascender a 1,77 dólares mensuales, pero siguen siendo insuficientes siquiera para adquirir un cartón de huevos, que cuesta tres dólares en mercados municipales de Caracas.

Con esa cifra Venezuela se ubica por debajo de Cuba ($15) y Haití ($104) en la lista de los sueldos más bajos de Latinoamérica calculados en dólares.

“Eso lo que indica es que la hiperinflación ha destruido el poder adquisitivo y los salarios, sobre todo a aquellos que están fijados en moneda nacional”, dijo a El Pitazo el economista Luis Oliveros.

Aunque es cierto que muchos venezolanos empleados en el sector privado reciben pagos superiores o bonos extraordinarios únicos que bordean los 30 dólares o su equivalente en bolívares, esa no es la tendencia generalizada en todo el país, aseguró León Arismendi, director general del Instituto de Altos Estudios Sindicales (Inaesin).

La inflación más alta del mundo

Venezuela vive una grave crisis política y social que se refleja en siete años seguidos de recesión de su economía. Según el Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio), el país ha perdido 80% de su Producto Interno Bruto (PIB) desde que Nicolás Maduro llegó al poder en 2013. En ese mismo periodo, la tasa inflacionaria del país asciende a 29.000.000.000%.

A mediano y largo plazo las perspectivas no son nada alentadoras. De acuerdo con el ranking mundial publicado por el Fondo Monetario Internacional, Venezuela es el país con la inflación más alta del mundo. Esta semana, el organismo multilateral proyectó una inflación de 6.500% en Venezuela al cierre de 2020 y una caída de su economía de 25 puntos para este año y 10 puntos para 2021. Entre tanto, desde marzo, el bolívar se ha devaluado alrededor de 83% frente al dólar, según las estimaciones del Parlamento.

“Lo que estamos viviendo los venezolanos es una tragedia. El drama de un país en ruinas en donde ni siquiera se pueden garantizar las necesidades básicas de un trabajador”, dijo Arismendi a El Pitazo.

Apuntó que el gremio docente —que la semana pasada protagonizó una jornada nacional de protestas a favor de reivindicaciones laborales— desde la educación básica hasta la universitaria recibe salarios que “difícilmente alcanzan los 10 dólares”. “Eso lesiona la dignidad de las personas; es como si dijeran que tu esfuerzo no sirve para nada”, puntualizó el dirigente sindical.

Arismendi hace énfasis en el artículo 91 de la Constitución, que señala que todo trabajador tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia las necesidades básicas materiales, pero también que sirva como un factor de progreso. “Pero ¿cómo se cumple esto cuando es imposible que con un salario de menos de un dólar mensual pueda un trabajador siquiera alimentarse él mismo?”, remarcó.

El Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), reportó que para agosto pasado una familia de cinco miembros necesitaba, solo para comer, 229,58 salarios mínimos, es decir, 7,65 salarios mínimos cada día o 9 dólares diarios.

En la búsqueda por una mejor remuneración, hoy los venezolanos, para subsistir, se han visto obligados a dedicarse a actividades paralelas distintas a sus trabajos, como es el caso de Henry Delgado, quien desde hace años supo alternar su labor como vigilante con trabajos transitorios como electricista, plomero o albañil.

“Este gobierno no solo acabó con los ingresos sino también con el ahorro de las personas. Ahora la gente vive de ‘matar tigres’ para conseguir lo sustancial día a día. Ese panorama debe ser una vergüenza para quienes están al frente del Estado”, manifestó Arismendi.

Para hacer frente a la imparable subida de los precios y compensar el empobrecimiento de la población, se ha convertido en una política recurrente que el Ejecutivo de Maduro otorgue bonos a cerca de diez millones de venezolanos. En la práctica, se trata de desembolsos que son distribuidos cada dos meses aproximadamente, a través del sistema patria, y que nunca superan los 5 dólares.

Por otro lado aparece la entrega de alimentos subsidiados por medios de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), pero esto funciona de manera irregular, no cubre a toda la población y solo alcanza para alimentar a una familia durante unos cinco días, sin incluir proteínas.

Tanto Arismendi como Oliveros coinciden en que cualquier medida impulsada desde Miraflores resultará inútil si no viene acompañada por un programa integral para atacar la inflación, reactivar la producción nacional y ejecutar cambios fundamentales en la economía.

En el actual contexto de hiperinflación, y en vista de que el efectivo en bolívares es cada vez más escaso, las transacciones en dólares se han disparado como un mecanismo común en Venezuela. A pesar de que el Gobierno no ha normado su uso, el dólar como medio de pago alcanza un promedio de 80% con un circulante de 2.300 millones dólares para septiembre, de acuerdo con firmas y organizaciones empresariales.

Oliveros destacó que el uso cada vez más extendido del dólar en Venezuela es positivo, pues ha permitido salvaguardar los ahorros de los venezolanos ante la devaluación de la moneda nacional; sin embargo, advirtió que ese proceso también ha generado grandes brechas entre quienes tienen algún ingreso en divisas y quienes no.

Además «el problema no es convertir salarios miserables en bolívares a dólares, sino tener una política que tenga como norte mejorar los ingresos de los trabajadores», señaló el director de Inaesin.

En la más reciente Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi 2019-2020) 96% de los hogares venezolanos presenta pobreza de ingreso, 54% califica en el renglón de pobreza reciente y 41% en el de pobreza crónica. La pobreza multidimensional (relacionada con indicadores como educación, estándar de vida, empleo, servicios públicos y vivienda) afecta a 64,8% de los hogares y creció 13,8% entre 2018 y 2019.

De esta manera, Venezuela se mantiene desde julio de 2018 sin cumplir el objetivo recogido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU, de erradicar la pobreza extrema antes de 2030.

El efecto de la miseria financiera que persigue a los venezolanos se suma a la escasez de gasolina en una nación con las mayores reservas de petróleo del mundo, los fallos generalizados de servicios básicos como agua potable y electricidad y el impacto de la pandemia del COVID-19 en el país, que hasta ahora ha dejado un balance nacional oficial de 85,469 casos y 720 muertes.

El dato

Entre los gobiernos del fallecido expresidente Hugo Chávez y Maduro se firmaron un total 52 decretos de aumentos salariales desde febrero de 1999 hasta la actualidad, según datos de la firma Capital Market Finance. Mayo de 2013 fue la última vez que el salario mínimo venezolano llegó a tres dígitos en moneda extranjera, cuando equivalía a 127,82 dólares al cambio en el mercado paralelo.

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