Muchachas provenientes de distintas regiones de Venezuela han emigrado y animan partidas futboleras desde Estados Unidos hasta Uruguay; en España y en Austria

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Se aprende geografía siguiendo a las venezolanas que juegan fútbol por el mundo. De la pequeñísima Sulz, en Austria, a La Coruña, en el norte Atlántico español, y a Lorca, con playa sobre el Mediterráneo. Y de vuelta en América, desde Oklahoma hasta Montevideo, pasando por un montón de ciudades colombianas: Santa Marta, Bogotá, Neiva –neivayork, la mientan–, Barranquilla y Bucaramanga.

En el centro de Chile, Quilota, por ejemplo. Hasta donde llegó la familia Plata, padre, madre, tres hijos. Una es Mairee, la que le da a la pelota.

Noventa mil habitantes esparcidos sobre el fértil valle del río Aconcagua donde se cultivan chirimoyas y paltas (aguacates). Hacia donde se mire, salvo un delgado espacio al Sur, hay montañas, los pies de los Andes.

Los Plata proceden del barrio Lourdes de San Cristóbal, en el otro confín de la misma cordillera, montañas que se repiten.

“Hay muchos venezolanos, es muy tranquilo, aquí no roban ni es tan caro como en la capital”, dice Mairee Plata, de 16 años, medio de contención, estudiante de bachillerato con pretensiones de hacer un curso de técnico medio en preparación física.

¿Cuántas son las futbolistas venezolanas por el mundo?, la cuenta es larga e imprecisa, no menos de 80 y no más de un centenar. ¿Por qué se van?, es preferible no entrar en política que es campo minado. Las avala la calidad. Y han dejado, están dejando, su huella.

En Puyo, otro ejemplo, en la Amazonía ecuatoriana. Nuestra Señora del Rosario de Pompeya de Puyo, un nombre excesivo para una población que anda sobre los treinta y pico mil almas. Entre ellas, Anelkis Pinto, Yilvi Conde y Kathleen Rosales, que aún no deben entrar en las cuentas porque tramitan la visa.

Puyo es el río que pasa por allí y Puyo la ciudad y puyar en Venezuela es pinchar, también acelerar y, más aún, hacer que alguien quiera hacer algo, como lo recoge el Diccionario de la Real Academia Española.

Estas chicas –una de Barinas, otra de Mérida y la tercera de La Victoria– querían jugar fútbol y futsal al mismo tiempo. Y ese algo que querían hacer, alguien se los impedía en Venezuela, pornoséque reglas. Cosas del Siglo XXI.

Llegaron al equipo Cumanda Agua Lluvia, de sonido poético aunque de significado más prosaico: la unión del nombre de la novela fundacional de estos pagos con el apellido de un resort todo incluido. Y en eso de unir y fundir cosas, en Cumanda se juega al fútbol de 5 (fútbol sala) y al de 11 (el tradicional).

“Una familia de aquí nos dio trabajo a las tres”, dice Yilvi Conde, la victoriana. Y en el resort comen y duermen y oyen caer la lluvia. Puyo está mojado todo el año.

En la emigración del balón sobran los ejemplos. La inquieta Leury Basanta extraña la urbe amena en que se ha convertido Bucaramanga.

“Las chicas, las plazas y parques, ese fútbol tan competitivo”, recuerda esta chama de 25 años, criada entre Ciudad Bolívar y Santa Elena de Uairén. Mientras dio la entrevista para este trabajo, iba en un bus alquilado por su equipo Estudiantes de Guárico, en los llanos venezolanos para un juego o quizás un entrenamiento. A la espera de otra llamada para volver a salir del país.

Oriana Altuve, nombre mayúsculo en el fútbol de mujeres venezolano, fue figura en el super campeón uruguayo, Colón, y en el Independiente Santa Fe de Bogotá, que se llevó el primer título de la liga profesional colombiana y aterrizó en Madrid en septiembre pasado para jugar en el Rayo Vallecano de la muy apetecida y sonora Liga Iberdrola de España.

Lourdes kika Moreno luce el 10 del Deportivo La Coruña y una cinta de capitana. Yosneidy Zambrano, goleadora insaciable en el Club Ñañas de Ecuador, reciente campeón del país meridional…Y Deyna Castellanos, que estudia y juega, declara y acumula centenares de miles de seguidores en twitter. Y Joemar Guarecuco, y Paola Villamizar, apodada El rifle por la dinamita de sus piernas, y Yusmery Ascanio, enrolada en el cacique Colo Colo chileno, al que llegarían luego otras cuatro compatriotas: la portera Alexa Castro, la defensa Nubliuz Rangel, la goleadora Karla Torres y también Anabel Guzmán.

Éxodo FC se ocupa de las que saltan al campo y de las que se quedan en el banquillo.


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