La noticia de que el virus atacó al grande liga venezolano se conoció luego de estar de alta médica, el jueves, 14 de julio, cuando se reincorporó a los entrenamientos. El jardinero de los Orioles de Baltimore contó a El Pitazo cómo fueron sus angustias y rutinas durante el confinamiento que tuvo que vivir en un hotel de Baltimore, donde se mantuvo siempre ocupado, entrenando con pesas y ligas en la misma habitación para no perder el buen ánimo

Lo que Anthony Santander había esperado ansioso por meses debió retrasarse unas semanas. El miércoles, 1 de julio, al reportarse con su equipo de grandes ligas para retomar entrenamientos grupales en su cuarta campaña en las mayores, Santander dio positivo por COVID-19. Algo inesperado para el pelotero venezolano.

A los 60 jugadores del equipo de la División Este de la Liga Americana, con sede en Baltimore, Maryland, les fueron practicadas pruebas de despistajes. Anthony dio positivo al virus. 10 días antes, entre el 20 y 21 junio, había presentado fiebre con alta temperatura, aunque no supo los grados. Nunca midió la calentura que sintió.

“Tuve dos días continuos de fiebre. Dolor de cabeza por siete más, y una infección de oído, eso dijeron los médicos que era. Ya me había hecho la prueba y había resultado negativa. Viajé de Florida a Baltimore, y me reporté con el equipo. Cuando hicieron las pruebas a todos, tenía esa conversación en mi cabeza, hablaba conmigo mismo de que pudiera ser el virus. Tuve ese temor de que sería positivo de Covid-19”, contó el big leaguer a El Pitazo a través de una vídeo llamada.

El 1 de julio, justo cuando a todos los jugadores y el cuerpo técnico les tocó reportarse por segunda ocasión en el año a los entrenamientos, ahora de verano, con sus equipos, los peloteros de todas las organizaciones, incluyendo Los Orioles, fueron sometidos a pruebas de detección de COVID-19. Fue parte de las condiciones que la MLB había establecido para reanudar las acciones en la “oficina”, el terreno de juego.

Pese al impacto que en el mundo ha causado el COVID-19 y a que debido a ello la MLB suspendió los entrenamientos primaverales o spring training, el jueves 12 de marzo, el criollo no había dejado su preparación física en el estado de Florida, Estados Unidos, con la esperanza de que la convocatoria llegaría en cualquier momento.

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Por más de 100 días el jardinero de los Orioles de Baltimore no descansó. Sabía que más temprano que tarde el béisbol regresaría. Debía prepararse para mejorar sus números y competir por un contrato que lo posicione y lo mantenga por años en el mejor béisbol del mundo, lo que ha sido su sueño desde antes de los 4 años de edad, cuando comenzó a jugar pelota en Agua Blanca, municipio ubicado al norte del estado Portuguesa.

2020 es su cuarta temporada en las mayores. Apenas la noche del jueves, 23 de julio, se dio la voz de «play ball» y las emociones ya no son como antes. El día inaugural ha sido distinto a los más de 100 «Opening Day» que se han vivido en la historia de la pelota profesional de Estados Unidos. No hubo aficionados en las gradas para aupar a las novenas, tampoco el choque de manos entre jugadores para celebrar una carrera o un batazo de vuelta completa. Todo ha cambiado.

Ni Santander, ni expertos ni aficionados saben lo que puede ocurrir con un calendario reducido de 162 a 60 juegos. El béisbol, como el resto de los deportes y espectáculos de todo el mundo, también tuvo que reformularse, pues no se quedó fuera de los embates y las restricciones que generó el nuevo COVID-19 desatado desde diciembre de 2019.

Pensamientos positivos

Antonhy no escapó de la pandemia. Pese a su condición física y a ser un deportista joven, sano y de alto rendimiento, el virus entró a su cuerpo. No lo supo sino en el momento más esperado por él y todos sus compañeros. El día que más deseaba estar a tope para retomar su pasión y su trabajo.

Por dos días Santander vivió en angustia, hasta que tuvo el resultado de la prueba. Su presentimiento fue real. Era positivo. Inmediatamente, médicos del equipo de grandes ligas lo atendieron, ordenaron su confinamiento y estuvieron monitoreándolo día a día.

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Las pruebas y exámenes cardíacos fueron recurrentes. Tenían que estar atentos a que su corazón no se viera afectado, pues esta es una secuela de la enfermedad que ataca primero el sistema respiratorio.

Casi todos los días, por dos semanas, le practicaron test rápidos y sus resultados seguían saliendo positivos. Su actitud y pensamiento se mantenían igual que el virus, positivo.

“Fueron dos semanas en cuarentena y no podía hacer mayor actividad física, nada que perjudicara mi sistema cardíaco. No me detuve ni me acobardé. Pensé de inmediato que era algo que no podía controlar y lo único que podía hacer era cumplir la cuarentena por dos semanas, y mantenerme haciendo ejercicio para no perder el trabajo que había hecho cuando estuve en Florida”, cuenta Antonhy.

En los casi cuatro meses de retraso que tuvo la MLB y que debieron haber sido de ronda regular de partidos, el margariteño, radicado desde los dos años de vida en Portuguesa, tomó una rutina de ejercicio y preparación física que no podía perder por estar en cuarentena, con COVID -19.

En un hotel de Baltimore, confinado, se mantuvo siempre ocupado, entrenando con pesas y ligas en la misma habitación, todo esto para no perder el buen ánimo. Para Santander era importante ocupar su mente y así evitar malos pensamiento y hasta depresión, como ha ocurrido con muchos de los contagiados en todo el mundo.

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“Si nos mantenemos positivos en situaciones difíciles seremos ganadores, siempre me digo eso y lo comparto”, expresa Santander, ese fue el mantra que se mantuvo repitiendo hasta que cumplió con los días de aislamiento. Su preocupación, más que los efectos del COVID-19, era prolongar su confinamiento.

“Este era un gran año para mí, para conseguir un contrato el próximo. Los que estamos subiendo ahorita a las mayores o no estamos establecidos, queremos jugar para poder demostrar que estamos hechos para esto y es lo que nos apasiona”, dice el pelotero de 25 años de edad, que nunca supo cómo se contagió del virus.

Las organizaciones de béisbol han determinado que para poder decretar que un jugador se encuentra libre del virus, este debe salir negativo en dos pruebas seguidas. En más de 19 equipos de las Grandes Ligas se detectaron peloteros con COVID -19, solo de algunos se han revelado los nombres, como es el caso de Santander.

La noticia de que el virus lo atacó se conoció luego de estar de alta médica, el jueves 14 de julio, cuando se reincorporó a los entrenamientos. En medios y portales de todo el mundo, sobre todo los dedicados a la información deportiva, se hizo referencia a que el joven había padecido de la enfermedad.

«Con los chequeos se dieron cuenta de que yo estaba asintomático y de que el virus había ya desaparecido. Ahí me dieron luz verde para regresar al campo, claro, monitoreando el corazón», comenta.

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Sin cansancio y con adrenalina

El cansancio que causa el virus desapareció para Antonhy una vez que pisó el terreno de juego. «Eso cambió todo. Me llené de energía y adrenalina», dice el joven. Las primeras prácticas del venezolano fueron suaves y estuvieron supervisadas. «En la segunda me metieron un poco más de fuerza y ya al tercer día si estuve al cien por ciento. Me sentía bien y debía comenzar de lleno para tratar de hacer el Opening Day».

«Gracias a Dios lo pude superar y regresé al terreno del juego”, comenta Antonhy, quien este viernes 24 de julio será parte de la alineación titular cuando Baltimore abra la temporada enfrentándose a los Medias Rojas de Boston.

En su paso por Las Mayores, el criollo batea para .249/.285/.434, con 21 jonrones y 67 carreras remolcadas. La temporada pasada jugó 93 partidos, para un promedio de .261. Según él, aunque es corta, la 2020 debe ser más completa.

A pesar del riesgo que significa jugar en este tiempo de pandemia, cuando hay ciudades que volvieron a la «normalidad», pero que en los últimos días han presentado un repunte del número de casos de coronavirus, Santander cree fervientemente que para muchos es bueno regresar al campo.

«Nosotros queremos hacer lo que sabemos y nos apasiona. Además, es necesario llevar alegría y entretenimiento a todo el mundo, que estuvo prácticamente apagado durante todos estos meses. El béisbol ha dejado de ser solo para Estados Unidos. En el Reino Unido ya conocen del deporte», expresa el pelotero que no deja de cuidarse para mantenerse saludable y completar los 60 partidos de la temporada.

Jugadores y fanáticos saben que pocas cosas en el mundo generan tantas emociones como un partido de béisbol.

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