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martes, 11 agosto, 2020

Un día en la filmación de Macu con Daniel Alvarado

Las cineastas Carmen La Roche y Solveig Hoogesteijn comparten anécdotas del rodaje de “Macu, la mujer del policía” para recordar a Daniel Alvarado, el gran actor y cantante venezolano que falleció esta semana

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Caracas. Un triste día de julio murió Daniel Alvarado sin que el público entendiera por qué o cómo. Hoy la gente que siguió su carrera no sabe cómo interpretar el vacío.

Al margen de su labor como padre y del mérito nada fácil de lograr la concordia entre sus hijos y exparejas, Alvarado dejó un rico anecdotario que da cuenta del actor comprometido y del ser humano generoso que convirtió en exitosos los proyectos que abordó.

La estudiante

La primera vez que la cineasta Carmen La Roche vio actuar a Daniel Alvarado fue, precisamente, durante la filmación de Macu, la mujer del policía. Sucedió cuando era estudiante del Instituto de Formación Cinematográfica Cotrain, y la actividad formaba parte del pensum curricular.

Era el año 1987 y La Roche tenía amigos que participaron como extras en la película. Recuerda con precisión la voz grave de Solveig Hoogesteijn, la directora del rodaje que cuando decía “SONIDO” lograba que los habitantes del barrio Chapellín apagaran los radios y colaboraran al máximo con la filmación de la película.

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Para aquel momento ya Alvarado era conocido (y querido) en el gremio. Su papel protagónico con Amanda Gutiérrez en la telenovela La Dueña se había ganado el corazón del público venezolano. La escena en la que La Roche lo vio actuar era compleja, pues Ismael (su personaje en la película) se presentaba ante un altar de santería y era poseído por un espíritu.

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“Una vez que Solveig conversó la escena con su actor (Daniel) y este entró en acción, se comportó realmente como si fuera víctima de una posesión. Era una energía que hizo que todos nos mantuviéramos en silencio”, recuerda La Roche.

Una clase magistral de actuación

La energía de su actuación fue de tal magnitud que, aunque Hoogesteijn anunció el fin de la escena con el “CORTE” de rigor, Alvarado no se desprendió de su personaje. “Solveig se acercó poco a poco para calmarlo y se abrazaron. Era un actor que se tomaba sus personajes muy en serio”, explica la cineasta.

La Roche también destaca el valor de la familia en la vida de Alvarado. “Ver que Carmen Julia Álvarez y Emma Rabbe eran amigas y velaban por mantener a las familias unidas en el más profundo amor, habla muy bien de ese hombre que fue Daniel Alvarado. Además, formó a sus hijos y los ayudó en su proceso para convertirse en grandes artistas. Daniela es un ejemplo de ello”, observa La Roche.

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En cuanto a su filmografía, La Roche coloca a Macu, la mujer del policía y a Desnudo con naranjas (Luis Alberto Lamata, 1996) como las dos mejores interpretaciones de Alvarado en el cine. “Es muy difícil para un actor manejar todos los géneros, y Daniel lo hacía con fluidez en el drama, la tragedia y la comedia. Era capaz de manejar registros muy amplios”, explica.

¿Cómo se dirige a un genio?

Hoogesteijn, actualmente a la cabeza de Trasnocho Cultural, dirigió a Alvarado en la que sería su primera película. La directora de Macu, la mujer del policía ya lo había visto actuar en La Dueña y supo que él era el actor indicado para interpretar a Ismael, personaje inspirado en el caso real del policía Argenis Ledezma, apodado por el público y los medios de comunicación como el Monstruo de Mamera.

Además, Hoogesteijn y Milagros Rodríguez, quienes desarrollaron el guión de la película, supieron desde el principio que debían humanizar al máximo posible al personaje y quitarle ese matiz criminal, porque un hombre cualquiera podría, bajo determinadas circunstancias, ser capaz de los crímenes más atroces. Y Alvarado fue el hombre escogido para el reto.

Hoogesteijn confiesa que le preocupaba la antesala del actor en la televisión venezolana, ya que el cine, a diferencia de la pantalla chica, juega con guiones de pocos diálogos (como el de Macu), busca sugerir, acercarse a un rostro para que el espectador pueda ver lo que el actor siente, sin necesidad de ser explícito verbalmente. “Este fue un proceso que trabajé con Daniel, con mucha apertura de su parte. Fue muy generoso”, recuerda.

Incluso, Alvarado llegó a hacer guardias con la otrora Policía Metropolitana para empaparse de lo que significa portar un arma y un uniforme, acuñar el lenguaje y la gestualidad propios de los policías. Se trataba, sin lugar a dudas, de un actor que tomaba muy en serio su oficio.

El humano detrás del actor


Esa generosidad también se extendió a María Luisa Mosquera, la modelo que interpretó el personaje protagónico de María Inmaculada Macu en la película y que no tenía ninguna experiencia actoral. “Daniel me ayudó a hacerla sentir segura, confiada. Era un hombre muy vital, muy alegre y asertivo. Sabía disfrutar la vida y hacerlo a manos llenas”, explica Hoogesteijn.

En el año 1985 se filmó Macu, la mujer del policía en Chapellín, un barrio que Hoogesteijn ya conocía en profundidad porque Milagros Rodríguez vivía a dos cuadras del sector. Lo conocía tanto que sabía cómo presentaría al personaje de Macu, en qué lugar colocaría su cámara y en qué lugar no lo haría. Cuando llegó el primer día de rodaje acompañada por Alvarado, cuenta con gracia que las mujeres del barrio se deshicieron en atenciones. “Su presencia, simpatía, apertura y generosidad frente al otro me abrieron muchas puertas”, reconoce.

“Eso hizo que el barrio nos quisiera, nos protegiera y colaborara con nosotros sin esperar nada a cambio”. De hecho, Hoogesteijn recuerda que un joven de Chapellín, que idolatraba a Alvarado, se acercó a él y este le dio trabajo como su asistente personal. “Se acercó el rodaje y Daniel continuó dándole trabajo. Fue un hombre de gran corazón y conciencia social”, describe la cineasta.

Alvarado permitió incluso que sus hijos Daniela y Carlos Daniel interpretaran a los hijos del matrimonio ficticio en la película. Hoogesteijn recuerda una tierna anécdota en la que Daniela Alvarado, con cuatro años, se refería a ella como “tía” y se quejaba por no tener mayores diálogos en determinadas escenas.

También recuerda que, en una oportunidad, notó a Daniel tenso al momento de grabar, y cuando le preguntó qué le pasaba, el actor musitó: “¿No ves que Danielita me roba cámara?”. Solveig respondió con risas: “Ese episodio demuestra por una parte la protección de Daniel como padre, y por otra su sensibilidad como actor para reconocer el potencial del otro, en este caso de su propia hija”.

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