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martes, 17 mayo, 2022

Resistir y persistir: el Ateneo de Caracas cumple 88 años

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Vilma Ramia no pisó más la Plaza Morelos de Bellas Artes. Allí, en el edificio que hoy ocupa Uneartes, funcionó durante 55 años el Ateneo de Caracas, uno de los más importantes epicentros culturales que tuvo la capital.

Primero fue el asedio de Lina Ron e integrantes del colectivo «La Piedrita». Después vino el desalojo, un 28 de junio de 2009. Ese día se celebraba el Día internacional del teatro, y el Ateneo de Caracas se despidió de su propio edificio con una adaptación teatral de la novela escrita por Miguel Otero Silva, Cuando quiero llorar no lloro.

Ramia explica que, al terminar la función, los trabajadores del Ateneo se dirigieron a retirar ellos mismos las letras que rotularon el edificio por más de cinco décadas. Pero al llegar, ya había sido retirado.

Después del destierro

La quinta donde opera el Ateneo de Caracas ha logrado mantenerse en buenas condiciones | Foto: Andrés Rodríguez

Hay quienes aún se acercan a la Plaza Morelos en búsqueda del Ateneo, ignorando que desde hace diez años se encuentra en la quinta La Colina de la calle Los Caobos en La Florida, Caracas.

El cambio de sede no mermó la cantidad de público asistente, pero sí lo modificó. La actividad del centro cultural se mantuvo activa durante varios años gracias a una programación que incluía los miércoles de stand-up comedy, los jueves especiales con lectura dramatizadas, tertulias, foros, encuentros literarios y jammings poéticos, así como los viernes musicales y los domingos familiares con actividades estilo picnic y cine al aire libre.

Algunas pertenencias del antiguo Ateneo se encuentran en la nueva sede | Foto: Andrés Rodríguez

Programación que, según explica Ramia, se vio golpeada con la entrada de la economía en hiperinflación y los sucesivos aumentos de sueldo decretados por el ejecutivo nacional.

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Por ello, la actividad actual del Ateneo hace hincapié en los talleres de formación que ofrecen actualmente personalidades como Felicia Canetti (canto), Laura Goldberg (asistencia de dirección y script para cine), Desirée Monasterios y Mario Sudano (actuación para niños y adultos, dramaturgia, producción y dirección).

La cultura en crisis

Algunas áreas del Ateneo, como la sala de teatro, se encuentran en mantenimiento y pronto serán abiertas al público | Foto: Andrés Rodríguez

Para mantener la programación variada que le ha caracterizado durante casi nueve décadas, el Ateneo de Caracas necesita una nómina de al menos 14 personas. En la actualidad, trabaja con cinco que comparten el mantenimiento, el cuidado y la programación en curso.

Uno de los primeros golpes económicos que recibió el Ateneo de Caracas ocurrió durante la gestión de Francisco de Asís «Farruco» Sesto como Ministro de Cultura, quien decidió retirar el subsidio destinado a la entidad cultural.

El segundo fue la imposibilidad de realizar la acostumbrada Feria del Ateneo, hecho que ocurrió justo después de la designación de Héctor Rodríguez como gobernador de Miranda. El tercero, la hiperinflación y su paso acelerado.

Un fantasma bueno

Los espacios mantienen algunos rótulos pertenecientes a la anterior sede en Plaza Morelos | Foto: Andrés Rodríguez

La imagen de María Teresa Castillo, la gran impulsora del Ateneo de Caracas, se mantiene vigente en los rincones más insospechados de la Quinta La Colina. Está presente en un retrato que hiciera de ella el artista Alejandro Otero, y también en una versión caricatura realizada por Eduardo «Edo» Sanabria.

Ramia la define como la razón de ser del Ateneo. «Todo lo que hacemos, lo hacemos por ella».

También están presentes los afiches de diferentes ediciones del extinto Festival Internacional de Teatro de Caracas, así como fotografías autografiadas de celebridades como Willie Colón, Rubén Blades y Pablo Milanés, quienes llegaron a presentarse en el Ateneo. Gal Costa, Djavan, Toquinho y Chico Buarque también figuran entre los retratados.

La situación actual del Ateneo de Caracas podría explicarse como una pausa activa para retomar la programación que le ha caracterizado por 88 años. Un espacio de tiempo para resistir y seguir persistiendo, como lo ha hecho hasta ahora.

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