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martes, 1 diciembre, 2020

Reír para no ignorar, una manera de resistir la Venezuela actual

La actividad organizada por El Pitazo, en alianza con la Fundación para la Cultura Urbana, compartió con los asistentes cómo la reinvención de la sátira ha sido clave para hacerle frente a la censura

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Caracas.- ¿Es posible reírse de todo o de cualquier persona? Supongamos que sí, pero ¿es correcto hacerlo? O mejor dicho: ¿es prudente en la Venezuela en la que vivimos y que tan bien conocemos? Con estas preguntas -y la guía del comediante Ricardo del Búfalo como moderador- comenzó el foro Reír para no ignorar: el poder de la sátira, una actividad organizada por El Pitazo, en alianza institucional con la Fundación para la Cultura Urbana y con el patrocinio del estudio creativo Banánaco.

La sátira, para empezar

La tertulia comenzó con Ricardo del Búfalo preguntando a Juan Andrés Ravell (fundador del portal web El Chigüire Bipolar) Leo Nieves (caricaturista de Meollo Criollo), Joaquín Ortega (politólogo y escritor del Crisionario Humorístico Ilustrado de El Pitazo) y Ana Black (caricaturista de nuestro portal y una de las creadoras del Crisionario) qué era, para ellos, la sátira.

El primero en responder fue Ortega, quien definió la sátira como “una verdad puesta de cabeza”. También se refirió a ella como una herramienta importante para que ciudadanos y periodistas puedan decir la verdad manteniéndose fuera de la cárcel y, lo más importante, con vida.

Posteriormente, Leo Nieves explicó que ser satírico con el gobierno de Hugo Chávez era un poco más fácil, ya que las reacciones del mandatario y de su gabinete eran “más predecibles”. Con la transición al régimen del gobernante Nicolás Maduro, Nieves explicó que la cosas cambiaron y que “empezamos a ver las cosas de otra manera”.

De hecho, comenta que la sátira llegó a convertirse en una excusa para despedir o encarcelar. Para demostrar este punto, Nieves se refirió a lo ocurrido con el caricaturista Roberto, quien fue despedido de Últimas Noticias por una caricatura que coincidió con el asesinato del diputado Robert Serra y su compañera María Herrera. Aunque la caricatura fue recibida a finales de septiembre y enviada a la imprenta el mismo día, la salida de Weil del medio fue inminente.

Sobre la sátira, Ravell explicó que, cuando la realidad superaba a la ficción contada por el famoso Chigüire, no podía controlarlo. Sí, en cambio, explicó que el reto diario del medio es idear la manera de escribir un titular informativo, pero que al mismo tiempo la gente entienda que es claramente una broma.

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Gajes del oficio

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Para Leo Nieves, lo más difícil de hacer humor actualmente es “no ser un blanco fácil”. El reto de Meollo Criollo consiste en decir lo que se quiere decir, sin herir susceptibilidades y que el mensaje llegue. “La idea es no ofender directamente para que no haya inconvenientes”, explica.

La celebridad en la que se ha convertido El Chigüire Bipolar motiva, pero también asusta. “Es un efecto psicológico. Cuando una noticia del Chigüire se vuelve viral nos asustamos, pero también nos sentimos muy orgullosos”, afirma.

Sobre este punto, Joaquín Ortega recordó sus tiempos como locutor y guionista en El show de la gente bella, programa transmitido por la extinta emisora 92.9. “Del esquema de este programa salió parte de la Ley Resorte”, explica el creativo, haciendo alusión a la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión donde, según el experto, “se desmantelaba el esquema de comunicación directa en tiempo real con el público que manejábamos en el programa”.

Una imagen, mil palabras

¿Por qué una imagen es mucho más poderosa que un texto? Para Ravell, tiene que ver con el esfuerzo y la inmediatez. “La imagen requiere menos esfuerzo y tiene más posibilidades de llegar”, reflexiona. También hizo alusión al lanzamiento de Isla presidencial, en el que el portal comenzó a recibir la atención y el tráfico digital de países como Perú y Chile.

Los límites de humor

Para Ana Black, la realidad venezolana es difícil de caricaturizar. Lo vivió recientemente cuando hizo una caricatura de un niño esperando su clase online durante un apagón. Explicó que muchas madres se sintieron heridas y que tuvo que flexibilizar su ley de “caricatura no se explica” para pedir disculpas.

Leo Nieves, por su parte, confesó que gusta mucho del humor políticamente incorrecto y que lo considera muy gracioso. Eso sí: lo hace en el anonimato, no en público. También afirmó que todo radica en la correcta lectura del momento para hacer humor y saber en qué momento o sobre qué situaciones se puede bromear.

Sobre este punto, Ravell recordó los días previos a la muerte de Hugo Chávez. “Estábamos listos, sabíamos que iba a pasar, y no queríamos meter el dedo en la llaga”. Por eso, el 5 de marzo de 2013, el portal publicó la noticia: “Planeta Tierra continúa movimiento de rotación y traslación”.

Ricardo del Búfalo también aprovechó el diálogo para preguntar a los foristas: ¿se puede hacer un chiste de todo? ¿Dónde están los límites del humor, y quién los coloca?

Al respecto, Ortega respondió que el humor partía de la autonomía propia, y destacó que existe una tensión entre la libertad y la responsabilidad. “No es lo mismo hacer humor en estado de derecho y no en un país donde impera una tiranía”, ejemplificó. También destacó que era importante enseñar sobre el tema. “Cuando te burlas de un enfermo, de alguien que se cayó o de alguien que murió, no te estás burlando de la víctima. Al contrario, te estás burlando de la enfermedad, de la caída o de la muerte”, afirmó.

Black aprovechó el momento para destacar algunas de las palabras del Crisionario Humorístico, un producto realizado por El Pitazo para rescatar el glosario que había surgido como consecuencia de la crisis durante los último 20 años. Su favorita, por ejemplo, es Internet, que durante todo el foro no dejó de fallarle.

También destacó el término chuleta como sinónimo de una especie de asesinato o crimen, mientras que Juan Andrés Ravell rescató a los magazolanos, palabra acuñada para referirse a los venezolanos partidarios de Donald Trump, o al combo protéico que engloba las maromas que hacen los venezolanos para consumir carbohidratos y proteínas en su dieta diaria.

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