El arte es la contribución del maestro José Agustín Sánchez en la lucha contra el COVID-19. El laureado pianista, compositor y director de orquesta de 31 años de edad y natural de San Cristóbal, ofrece presentaciones en hospitales o a cielo abierto para hacer lo que describe como una desinfección musical. “En medio de la pandemia, Suramérica propone una vacuna artística. Venezuela es el escenario», asegura

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Por: Mariana Duque y Liz Gascón

Un día entra a las áreas COVID-19 de hospitales y clínicas con un traje de bioseguridad y un piano para reconfortar con Los cantos del sur a pacientes, médicos y enfermeros. Al día siguiente, ataviado con sombrero, lentes de sol, tapabocas, piano, atriles, partituras y una orquesta, sube a la plataforma de un camión para iniciar una desinfección musical por las ciudades de Venezuela.

En la lucha contra el coronavirus, este es el aporte del maestro José Agustín Sánchez, laureado compositor, pianista y director de orquesta, de 31 años de edad, natural de San Cristóbal, estado Táchira. “En medio de la pandemia, Suramérica propone una vacuna artística. Venezuela es el escenario”, asegura. 

El confinamiento sirvió de inspiración para que Sánchez emprendiera una gira por el territorio nacional para hacer presentaciones en lugares poco convencionales con Los cantos del sur, obra sinfónica de su autoría. Su propósito es limpiar el aura no solo de los pacientes con COVID-19 o del personal que los asiste en los centros de salud, sino también de las personas que se cruzan con sus conciertos a cielo abierto, en las avenidas, las calles, los espacios naturales y monumentos arquitectónicos de cada región que visita.

“La música nos puede sanar y es importante para los artistas tenerlo presente, porque sí podemos contribuir en medio de la pandemia”, reitera el maestro que ha recorrido cinco estados del país entre agosto de 2020 y marzo de 2021.

De su terruño a la capital musical

Sánchez realizó la primera desinfección musical en Capacho, Táchira, el 1 de agosto de 2020 con ocasión del Día de la Pachamama. Luego continuó por las calles de su terruño, San Cristóbal, tocando un piano en la parte trasera de una camioneta. Este proyecto nació para disminuir la tensión generada por la crisis y el COVID-19.  

El 19 de agosto dedicó un concierto a la Virgen de La Consolación de Táriba, patrona del estado Táchira, en el cerro El Chimborazo. El 21 de agosto llevó su terapia sonora al hospital de San Cristóbal y dos semanas después volvió a interpretar las melodías a bordo de un vehículo.

Desde noviembre de 2020 hasta enero de 2021, este maestro tuvo como escenarios el monumento de La Paz y el santuario de José Gregorio Hernández, en Trujillo; el río Catatumbo, en Zulia, y parajes desérticos de Carora, en Lara. 


La música nos puede sanar y es importante para los artistas tenerlo presente porque sí podemos contribuir en medio de la pandemia

José Agustín Sánchez, laureado compositor, pianista y director de orquesta

El 4 de marzo, Sánchez ofreció un concierto sin precedentes en Barquisimeto, la capital musical. Según sus propias palabras, se trató de la desinfección musical más grande de Venezuela y el mundo. Sobre la plataforma de un camión de 12 metros de longitud, el maestro tocó uno de los dos pianos de cola que tiene la ciudad. El Conservatorio Vicente Emilio Sojo puso a su disposición el piano de cola, a más de 20 músicos de su orquesta y a 3 artistas urbanos. 

Durante cinco horas, José Agustín Sánchez les regaló sus notas a los barquisimetanos. El conjunto partió de la Escuela de Medicina de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado hasta el Hospital Central Antonio María Pineda, y de este al Obelisco, la calle 60, al centro, al teatro Juares, el monumento Flor de Venezuela y la Catedral de Barquisimeto. Esta última fue la locación para su presentación de cierre, en la que contó con más de 50 músicos en escena.

La música y la salud

“Para la desinfección musical uso tonalidades de Los Cantos del Sur, un discurso de liberación. Este discurso, que coincide causalmente con la pandemia, es de conciencia, de luz, ante las realidades que vivimos”, explica el músico, quien destaca que su proceso de composición estuvo enmarcado en su viaje por Sudamérica, sin remuneración económica, donde las ofrendas musicales se convirtieron en una dinámica que no busca entretener a las personas, ni sacar fines lucrativos, y comprendió que ganaba lo que perdía, en el sentido de perder el miedo, la negatividad, la desidia. 

“Esa obra habla de lo que se pierde para poderse lograr. Perdiendo se gana en este caso, lo que se pierde es el miedo, perdiendo el miedo se va a perder la negatividad, perder la desidia, perder las dudas, perder el cuestionamiento constante del porqué hacemos las cosas, y cuando se comienzan a perder algunos aspectos energéticos de los cuales estamos bombardeados y expuestos en la cotidianidad, entonces comienzas a ganar terrenos en otros espacios, y de eso se trata la ofrenda musical. Perder la perspectiva de la imposibilidad, para jugar con la posibilidad”. 

José Agustín relata que en el momento que se pierde el miedo, que se pierde la negatividad, la desesperanza, la desidia, la ira y la rabia, ocurre la liberación y se pueden alcanzar niveles de conciencia superiores. “Por eso hablar de los Cantos del Sur es hablar de un discurso de liberación”, dice. 

El pianista precisa que la obra combina siete tonos de la escala musical con octavas que se “alinean con los chakras”; es decir, cuando la inspiración se hace presente, el estado vibratorio se eleva y el espíritu (como se entiende en Occidente), o los chackras (término usado en el Oriente), puede estimular diferentes niveles de conciencia y de alineación energética. 

“En el Occidente nosotros podemos definirlo como el espíritu, porque realmente no existen palabras para hablar de ese estado inmaterial del ser, el alma, el espíritu. En el Oriente los llaman chakras, porque hablar del espíritu es hablar de muchas cosas, de puntos que tiene el espíritu por los cuales se puede estimular diferentes niveles de conciencia y de alineación energética. Entonces la música es una herramienta muy eficaz para estimular algunos de esos puntos que en el oriente se llaman chakras”, expresa.

Acota que esa estimulación puede tener consecuencias positivas como sanar, inducir a una meditación, estimular niveles de reflexión profunda y calmar el estrés. En esa perspectiva y funcionamiento de la música es que nace la desinfección musical y la vacuna musical, según relata el maestro Sánchez.

Este artista cree que el mundo tiene un bombardeo de altas frecuencias sonoras que pueden causar estrés, ansiedad o fomentar la rabia, la tristeza, la desesperación y los malos deseos si no se balancean. Por esta razón considera que el papel de los artistas no puede limitarse a grabarse desde casa o esperar volver a los teatros. Así surgió la idea de desinfectar y vacunar la ciudad. “Es llevar el piano, que es todo un discurso, desde la nota más grave hasta la más alta, y en su configuración poder crear armonías que sean luminosas para el virus que nos ataca”, detalla.


Es llevar el piano, que es todo un discurso, desde la nota más grave hasta la más alta, y en su configuración poder crear armonías que sean luminosas para el virus que nos ataca

José Agustín Sánchez, laureado compositor, pianista y director de orquesta

José Agustín Sánchez está convencido del impacto intangible de la “desinfección musical”. Más allá del ruido de las cornetas o los motores, generan frecuencias. «No hay cura para este virus y nadie sabe realmente nada. Todos podemos especular, pero la música es un remedio para el alma. Los artistas somos médicos del espíritu, del alma», sostiene.

Sánchez anhela seguir con su recorrido por los hospitales venezolanos para compartir con pacientes conectados a un respirador o una bombona de oxígeno. Con su vacuna artística, como también la denomina, estuvo en hospitales de Mérida, Trujillo, Táchira y Lara. Prevé visitar próximamente a Yaracuy, Carabobo y llegar hasta Caracas.

“Pienso que llevar este remedio como un complemento a ese trabajo que los médicos están haciendo, a todo el aporte que la medicina intenta hacer en estos momentos, llevar el arte en ese estado tan crítico del ser humano, es sumamente hermoso, porque estás desinfectando su alma para el camino al que esa persona está destinada a ir”, expresa.

A este creador no le preocupan las personas que no creen en lo que hace. Al principio procuraba hacerles entender e incorporarlos. Ahora, asegura que la pandemia lo ha explicado. “Hace 10 años hablar de las energías, de alinear nuestros pensamientos y nuestras emociones, y que eso tiene un efecto importante si nos enfermamos o no, en cómo nos va en el día a día, era como hablar de brujería; pero hoy en día hay una población que entiende que si cultivas tu mente y tu cuerpo es importante”, señala.  

Entre viajes y ofrendas sinfónicas

Sánchez empezó a estudiar piano en San Cristóbal y más adelante se inscribió en la cátedra de música de la Universidad de Los Andes (ULA) de Mérida y llegó a participar en competencias nacionales. Al graduarse de bachiller, se fue a Inglaterra para continuar su formación como músico y siguió hasta Nueva York. La música siempre fue su lenguaje y no una actividad complementaria o extracurricular. “Es lo que necesito para poder expresarme, para poder identificarme en la sociedad”, relata.

Viajar al África y después a Asia le permitió encontrarse con la naturaleza y entender que es parte de ella, que debe escucharla, agradecerle y comprenderla. Los conocimientos adquiridos y la necesidad de dejarle un mensaje a Venezuela lo llevaron a viajar, desde el año 2016, por los cinco países liberados por Simón Bolívar: Bolivia, Perú, Ecuador,  Colombia y Venezuela, reencontrarse con las vivencias del Libertador, con la crisis venezolana al ver al migrante caminar horas, bajo climas extremos, y de toda la experiencia creó la obra Los cantos del sur, que cobra vida en cada desinfección musical.

Ha tocado en los lugares más altos y recónditos del mundo, como el cerro de plata de Potosí, el Salar de Uyuni, Machu Pichu y la Catedral de Sal de Zipaquirá, hasta volver, con los tepuyes de Roraima o Los Roques como telón de fondo, a su país de origen. Esta gira del maestro Sánchez que nació hace cinco años como una ofrenda sinfónica y que lo ha llevado por casi un centenar de destinos fue reconocida, en octubre de 2020, con el premio William C. Mullen Fund Award otorgado por la universidad de artes liberales Bard College de Nueva York.

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