Mirla Josefina “La primerisima” se confiesa con El Pitazo y recuerda sus inicios en El show de Renny, su experiencia en La Casa del Artista, su trayectoria profesional y un retiro que pareciera acercarse cada día mas

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Mirla Josefina Castellanos Peñaloza no olvida aquella vez que se le ocurrió llegar “tarde” al programa de Renny Ottolina. Si bien la pauta de grabación comenzaba puntual a las 12:00 del mediodía, “el primero de la televisión” le exigía a su equipo llegar al estudio peinado, maquillado y listo a las 10:30 am puntual, sin faltas. Pero ese día Mirla, que en aquel momento vivía en Catia, llegó a 25 minutos para comenzar la grabación para encontrarse con un Ottolina visiblemente desagradado.

“Además de llegar tarde, llega con ese vestido horroroso”, le espetó Ottolina molesto por la tardanza de quien pronto se convertiría en “La primerísima”. “Esta es la última vez que usted me dice eso”, le respondió ella. Se dio la media vuelta y lloró pidiendo que la tragara la tierra, pero la tierra no quiso tragársela. Llegó a su camerino para encontrarse con un espejo: no hay cosa que le resulte más desagradable a Mirla Castellanos que un espejo porque dice lo que cada quien es. “Parece un marido”, dice ahora entre risas.

Tiempo después, Mirla caminaba por Sabana Grande cuando pasó por una boutique que vendía vestidos preciosos. Para aquel momento ella se consideraba una “sencilla pelabola” con 6 u 8 años de haber debutado como cantante. Había pegado en la radio Dominique y La Tómbola.

A mí a veces me llaman antipática, porque cuando estoy trabajando no quiero chistes, no quiero nada

Mirla Castellanos

Le atendió la misma dueña, de origen italiano. Le sacó tres vestidos, uno le lucía más que el otro. “Yo siempre he tenido cuerpo de muerto, porque todo me queda bien”, afirma Mirla con picardía. La dueña de la tienda insistió en que se llevara los vestidos, a pesar de que Castellanos le explicó que probablemente podría comprárselos a fin de mes. “Total, yo sé que tu trabajas en Radio Caracas y te puedo ir a cobrar allá”. 

Con los tres vestidos se dirigió a la oficina de Renny y colocó los tres vestidos en su escritorio.

—¿Qué le parecen estos vestidos, señor Renny?—Caramba Mirla, qué bonitos. Lástima que la televisión sea en blanco y negro.

— Fíjate tú que la señora apenas me conocía y me fió tres vestidos. Yo siempre he dicho que tengo una luz aquí —se señala la frente mientras habla—. Aprendí la lección, y más nunca en mi vida se me olvidó lo aprendido.

—¿Qué aprendió?

—Primero, a nunca llegar tarde. Y segundo, a tener siempre una segunda muda de ropa. Si se te rompe el vestido, ¿cómo haces después? Esa es una ley en la vida del artista. Luego me conseguí con Joaquín Riviera que era peor que Renny, porque era todo un militar. Esa es la clase de gente con la que a mí me gusta trabajar.

Mirla “La primerísima” Castellanos tiene 78 años y hace no una, ni dos, sino tres funciones por día de la obra Renny Presente, unipersonal dirigido por Juan Carlos Ogando y protagonizado por el cantautor Daniel Jiménez, quien tiene la responsabilidad de recrear ante el público la estampa de Renny Ottolina.

—¿No le resulta desgastante hacer tres funciones seguidas de una misma obra?

—Para nada, mi trabajo no me molesta. Me molesta estar aquí, sin hacer nada. Yo soy obrera del arte.

—¿Cómo cree que ha sido posible que Renny Ottolina siga cautivando al público?

—El “boca a boca” ha ayudado a que el recuerdo de Renny se transmita de generación en generación. Y Daniel (Jiménez) es una estrella. Él es mi pianista desde hace muchos años. También es músico, arreglista, compositor, actor, cantante, guitarrista, cuatrista, baterista, productor…es una especie de compendio. Aquí en Venezuela están comenzando a descubrirlo. Si existe la reencarnación, puedo decir que Renny encarnó en Daniel.

Los artistas lo estamos pasando mal. Mal porque no hay trabajo, no hay shows, ni novelas, ni teatro

Mirla Castellanos

—¿Usted cree en la reencarnación? 

—Yo creo que el que se murió se murió. Hasta ahora no ha habido nadie que diga “¡yo reencarné en una gallina, cua cua cua”! Se ha dicho tanto que hay un momento en el que se dice que “lo que es costumbre es ley” y en la reencarnación lo puede haber. Dígame cuando Daniel sale al escenario vestido con un suéter cuello de tortuga, como salía Renny a veces para su programa. Es una reencarnación justa, sobre todo para todo lo que estamos viviendo. Porque cuando él daba esos tips de buen comportamiento, de buena ciudadanía, de educación, eso la gente lo agradecía. Aún lo hacen. 

Mirla Castellanos indica a su ayudante —a quien trata de “chama”— que coloque el café al borde de la mesa. La mucama coloca las galletas estilo holandés en un cuenco de cristal, y ofrece un sobre de splenda para endulzar un café que los estadounidenses llamarían expresso, pero que en Venezuela se llama negro corto.

Le explico a Mirla que no tomo Stevia

—Ah, ¿lo tomas sin azúcar? ¡sales barata!

—¿Por qué le gustaba trabajar con Renny Ottolina?

—Renny era la disciplina hecha hombre y eso a mí me gusta. Está bien que seas indisciplinado si estás contando chistes, o en la playa, pero el trabajo es trabajo. A mí a veces me llaman antipática, porque cuando estoy trabajando no quiero chistes, no quiero nada. Hay camaradería (que es distinto) y hay un momento en el que se tiene que acabar para continuar con seriedad. Renny era así: más serio que un revólver. Bromeaba con los técnicos, con los cantantes y con los músicos, pero a la hora de grabar y ensayar se hacía silencio. Yo aprendí mañas y actitudes de él. Decía: “hay que llegar temprano al trabajo y con la letra aprendida. No le lleguen tarde nunca ni a un director, ni a un amigo, ni a un empresario,  a nadie se le llega tarde”. Eso es bonito. Hay personas que no toman en serio la situación y yo soy bastante antigua en ese sentido.

—Una vez un chamo me dijo “¡ay, es que tú no estás en nada!”. “Es verdad, yo no estoy en nada”, le respondí. ¿Qué más se le dice a alguien que le sale a una con eso?. Todo porque le dije que la rochela no entraba en el camerino, y que de la puerta hacia afuera podía rochelear todo lo que le diera la gana, pero que el trabajo era el trabajo. Claro, un niño o una niña que esté empezando piensa que este oficio es solo para gozar.

—¿Qué valoración puede hacer de los profesionales que habitan el medio artístico actual?

—Los artistas lo estamos pasando mal. Mal porque no hay trabajo, no hay shows, ni novelas, ni teatro. El teatro puede hacerse, pero tiene sus bemoles. Y no es para que tú te compres un carro y una casa, o llenes la alacena de comida. La vida artística de cantantes, bailarines, actores y animadores está pasando por un muy mal momento. No escapamos de lo que vive la humanidad que vive en Venezuela. Ya es un asunto que no es del país, sino de quienes se creen dueños del país.

—Usted estuvo frente de la Casa del Artista

—Ahí nos las vimos negras

—¿La ha vuelto a visitar?

—Al principio sí. Me llevaron a la oficina del PSUV, yo no sabía que la Casa del Artista era un partido político. También había una oficina del Partido Comunista. Y yo no entiendo qué hacía esa gente ahí. Capaz todos son artistas y se sumaron después a los partidos, digo yo.

—¿Cuál debería ser la misión de una entidad como la Casa del Artista?

—La Casa del Artista quizás no cumplió para su objetivo original, que era servir como casa de retiro. El edificio original no se presta para esa función. Era para generar dinero y darle un seguro médico a los artistas, además de ayuda. Yo ayudé a muchas personas, pero nunca doné dinero porque nunca lo hubo. Unos me odiaron y otros no me odiaron. Si regalaba dinero, aquello se iba a convertir en una repartición de bienes.

—¿Cuál considera que fue su mayor aporte?

—Mi equipo y yo trabajó ahí por 12 años. Creamos un premio bellísimo al talento creador en los rubros de teatro, cine, televisión, radio, danza y música. Muchos buenos artistas se lo ganaron porque hicieron bien su trabajo. Nada de amiguismo. Yo estoy por encima de eso. Yo entré ahí con el mismo dinero que tuve al salir. Muchas personas comenzaron a decir que esta casa que tú estás pisando la compré con el dinero de la Casa. ¡Ni pensaba en existir esa institución cuando yo la compré! Esta casa tiene 50 años. Uno está expuesto a que se digan esas cosas. La cuestión es asumir esos comentarios.

La casa de Mirla es amplia, espaciosa. La atracción principal del recibidor es un retrato de ella estilo pop art, el rackcon varios de sus vestidos (todos en colores llamativos)…y ella, por supuesto. Aunque usted no lo crea, a Mirla Josefina Castellanos Peñaloza no le gusta ir a la peluquería. Es lo único de su longeva carrera que le disgusta.

Mi trabajo no me molesta. Me molesta estar aquí, sin hacer nada. Yo soy obrera del arte

Mirla Castellanos

—¿Qué es lo más feo que se ha dicho de usted?

—Que no cocino.

—¿Y es verdad?

—No es que no cocine, es que no tengo esa habilidad. Soy hasta torpe. Pero he aprendido a hacer un buen arroz, una pasta, una salsita, un pollito sudado y unas arepas que siempre me quedan torcidas. Cuando mi esposo me lo señala le recuerdo que yo no estudié geometría, así que se las tiene que comer igual.

—¿Qué más dice la gente de usted que no suele ser verdad?

—A veces el público me ve bellísima y eso me hace pensar. ¿No será que más bien la cámara me ama, o que yo sé posar? ¿O que simplemente soy fotogénica o “telegénica”? Eso también existe. He conocido mujeres bellísimas en fotografía, pero que en televisión se ven muy distintas. Yo soy lo contrario, nunca he jugado a ser bonita. No me creo una beldad. Me creo una señora común y corriente que tiene defectos. Donde sí no me ganan a mí es en el escenario. Ahí sí les gano con todas las leyes.

—¿Por qué?

—Porque desde que yo me metí a artista siempre quise ser muy buena. O quizás el trabajo que hago yo lo considero bueno y a la gente le gusta. Porque eso es otra cosa: uno prepara un disco o prepara un show, ya sea en vivo o televisado, y no puedes controlar si a la gente le gusta o no le gusta. Lo único que tú controlas es el hecho de hacerlo bien. 

—Si tuviera que volver a empezar en la escena musical actual, ¿qué haría distinto?

—Rodearme de la gente que sabe. Fui totalmente dócil en mis principios. Yo creí en la gente correcta. Y tuve la gran oportunidad de rodearme de gente decente que me ayudó. Esto no quiere decir que ami edad lo sé todo. Yo he aprendido, pero no me lo sé totalmente. El medio artístico es como la medicina, cada día cambia. Si no cambiara no existieran cosas como el reguetón —que no me gusta para nada—, pero que tiene un público que hay que respetar. Hay artistas que han triunfado con ese sistema. La vida atística cambia mucho, muchísimo en todos los aspectos. Si no, pregúntale a La Tigresa del Oriente

—¿Es fan de La Tigresa?

—¡Me divierte! Y es una bella persona. He tenido la oportunidad de intercambiar palabras con ella.

—¿Haría algo parecido a lo que ella está haciendo en su país?

—No, no lo haría. Y no estoy juzgando si es buena o mala: nadie es bueno, ni nadie es malo. Hay gente que tiene su público. Ella lo tiene y eso hay que respetarlo, mi amor. Que te guste o no te guste, es otra cosa. Uno debe vivir con eso hasta que se retire. Ya me queda poco tiempo para retirarme. 

—¿Sí piensa retirarse?

—Es algo que no sé, al igual que nunca supe que me iba a meter en esto. Este año he trabajado más que nunca con dos programas con éxito: Algo más que canción y Renny presente. No sé que va a pasar el resto de año. Y estoy preparando algo que ojalá se me dé. Vamos a ver.

Ama la luna. La ama desde que era pequeña y salía con seis años al pórtico de su casa para recostar una silla de la pared y mirarla por horas. La misma semana que el hombre pisó la luna, Mirla pisó la gala 11° del Festival Internacional de la Canción de Benidorm en España, el cual ganó con el tema Ese día llegaráde Manuel Alejandro.

—¿Cuál es la favorita de todas sus canciones?

—Todas. Me encantan mis canciones. Yo tengo 50 pico de discos grabados en formatolong play. Hubo un buen matrimonio entre artista y casa disquera. Tuve la suerte de grabar hermosas canciones. Que pegaron o no pegaron, yo no controlo eso. Como cantante, siempre debes poder contar con un buen repertorio, que fue lo que yo hice.

—¿A qué le debe su éxito?

—Comencé en la radio, que fue donde mis canciones se volvieron hits, y tuve una buena prensa. Después tuve la imagen de la televisión, y finalmente el público. Un artista es la mezcla de esos cuatro elementos. Si uno te falta, es que hay algo que no estás haciendo bien.

—¿Qué diferencias ve usted entre los espectáculos que se producían y los de ahora?

—Es un asunto de dinero. Se puede tener buen gusto pero hay que invertir, mi amor. Mucha gente critica que el Miss Venezuela, por ejemplo, haya regresado a los estudios de Venevisión cuando antes de hacía en el Poliedro. Lo cierto es que Venevisión aún cuenta con personal capacitado y talentoso, que sabe hacer las cosas y que ha invertido en escenografía. El Miss Venezuela aún atrae a muchos curiosos de todo el mundo, que se preguntan por qué las venezolanas se desenvuelven con tanta facilidad en los concursos de belleza a nivel internacional. Y eso es fama.

—¿Cambiaría algo de su vida?

—He vivido una vida muy bonita, y creo que la protagonista he sido yo porque he querido vivirla así. Nunca fui loquita. A lo mejor para alguien soy muy aburrida porque no fumo, no bebo, no me trasnocho. Y me ha ido bien, me he ganado un puesto tanto dentro como afuera de Venezuela

—¿Qué diría su epitafio?

—“Valió la pena”. Espero que me lo cumplan.

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