Marlene Nava: “Maracaibo está muerta. La mataron”

“Me siento sitiada, abandonada, desamparada. Mi situación es la de millones de venezolanos: Desprotegidos, con pérdida total en sus haberes materiales y espirituales”, dijo la destacada periodista e historiadora

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“Maracaibo está muerta. Eso no lo entiende el resto del país. No es que la ciudad se ha transformado, es que la mataron. Y yo, que la lloro a diario, solo quiero que vuelva a la vida”, expresó la destacada periodista, escritora e historiadora Marlene Nava.

En una entrevista exclusiva con la periodista Milagros Socorro, para La Gran Aldea y publicada este jueves 5 de junio, Nava contó cómo ve la ciudad a propósito de la crisis que se vive en el país. A su juicio, ahora es un cementerio.

Marlene Nava nació el 10 de diciembre de 1945, en 1971 egresó de la Universidad del Zulia con el título de Periodista y desde entonces se realizado una trayectoria.

A continuación, un fragmento de la entrevista:

-¿Cómo describirías lo que estás viviendo?

-Me he planteado mil formas para responder esta pregunta, para respondérmela yo misma. A ver. Mi situación se parece a los desaliñados clientes de la farmacia, que sopesan la decisión entre un blíster para la tensión o cuatro cápsulas para la diabetes. A la ancianita vecina, que debió regresar el tomatico y la cebollita que fungirían de salsa para la pasta, porque esta amaneció más cara y la pensión no alcanza para nada. Se retrata en cada lamento, en la piel agrietada, los zapatos rotos y los pies cansados de cientos de caminantes que transitan veredas miserables. Me siento de mil años. Ingresos: 250 mil bolívares mensuales de pensión. Desempleada y buscando trabajo. Estado anímico: En pie de lucha. Armas: Dos blogs: Vos sí que sois y Marlene Nava Writing Coach. Un sueño: Que cese este infierno. Y una esperanza: Vivir para contarlo.

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-Perdóname, por favor, esta pregunta, es solo por documentar. ¿Cómo te sientes?

-Me siento sitiada, abandonada, desamparada. Mi situación es la de millones de venezolanos: Desprotegidos, con pérdida total en sus haberes materiales y espirituales. Sin esperanzas, sin mañana. Robados, timados, presos en una madeja de sinsentido. Como una película mala. Yo tenía un proyecto de vida. Planificado. Medido. Trabajado. Para estos tiempos, los finales de mi vida. Me soñé regalando los saberes y los haceres: Dictando talleres, conferencias, generando debates, formas de lucha por la defensa del patrimonio cultural. En universidades, en colegios, en plazas. En vez de eso, estoy empobrecida, llorando la historia perdida. Y con un solo par de zapatos para toda ocasión (uso faldas largas para esconder su deterioro).

-¿Solo así?

-No. También estoy en pie de lucha, creyendo en mis herramientas y aferrada a ellas, como mi tabla de salvación.

-¿En qué zona de Maracaibo vives?

–Vivo en Santa Lucía, zona habitada por una mayoría de escasos recursos y una minoría de ingresos muy altos, de procedencia desconocida. Declarada Patrimonio Nacional, Zona de Interés Turístico, Zona Histórica y Patrimonio Municipal. Entre la mayoría empobrecida funciona de maravilla la permanente extorsión de los devotos del Gobierno con las cajas CLAP, bonos y demás. Mientras tanto, hemos visto cerrar los negocios tradicionales de ventas caseras de empanadas, mandocas, cepillados, tetas de frutas, charcuterías, panaderías. Los únicos que prosperan -a costillas de la necesidad de sus vecinos- son los bachaqueros, ahora disfrazados de pulperos, panaderos y charcuteros, con mercancía que traen de Colombia semanalmente. El trueque se ha hecho cotidiano: Cambio estas verduritas por medio kilito de arroz. Le traigo estos limones, ¿puede darme un poquito de café?

Crece a toda marcha una casta que da terror: El sobreviviente, ese que reparte codazos para obtener prebendas. Me estremezco al pensar que llegue el día en que todos estemos obligados a convertirnos en “sobrevivientes”. Si traes alguna compra a casa, corres el riesgo de que te lo arrebaten. Hay miedo de nuestros propios vecinos. Las tertulias, los compartires generosos, la reunión vespertina que nacía de la espontaneidad, murieron también. Está también un grupo de privilegiados a los que nunca les quitan el servicio eléctrico, les envían camiones cisterna cada semana, así como bolsas super especiales de comida. De vez en cuando, esos reciben la visita de un funcionario de alta jerarquía. Finalmente, hay un extraño fenómeno: Están adquiriendo viviendas a gran escala para convertirlas en centros de juegos, pequeñas tascas o negocios de otro género. Las casas de Santa Lucía, patrimonio cultural del país, están siendo destruidas con la anuencia de las autoridades.

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-Como historiadora, ¿qué evaluación haces de la transformación de Maracaibo?

-Maracaibo está muerta. Eso no lo entiende el resto del país. No es que la ciudad se ha transformado, es que la mataron. Y yo, que la lloro a diario, solo quiero que vuelva a la vida. Tengo en mi archivo una fotografía de mediados del siglo 20, que mostraba la rada de Maracaibo y su malecón ambos llenos de embarcaciones de todo tipo, testimonio de la enorme actividad de su Puerto. Hoy, el Puerto está cerrado. Desde aquí escuchábamos las gentiles sirenas de los barcos saludando la ciudad a su llegada. Hace meses que no suenan.

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