El periodista venezolano compartió con El Pitazo los datos clave de su trabajo como vicepresidente de producción de Disney Latinoamérica, cargo que ocupa desde octubre de este año

Hacia finales del año 2001, Leonardo Aranguibel gozaba de los beneficios laborales –y económicos– de ser el vicepresidente de producción de HBO Latinoamérica. Poco después, tomaba la decisión con su esposa de emigrar de Venezuela. Se estableció en Miami, Estados Unidos, país donde trabajó como repartidor de encomiendas, camarógrafo, reportero, redactor creativo e incluso haciendo almuerzos bajo pedido.

Tres años después, el apetitoso gigante Disney le abrió las puertas a Leonardo, quien comenzó como director dentro de la compañía y, después de una reestructuración interna, fue nombrado hace poco como vicepresidente de producción de Disney Latinoamérica.

“Me enorgullece mucho haber logrado esto con esos pasos. Con trabajo arduo, por mi familia. Me tendieron la mano mis amigos, pero nadie me regaló nada”, explica Aranguibel con humildad, cuando recuerda sus inicios como emigrante.


Pienso que la sala de cine como forma de exhibición de contenidos audiovisuales no va a desaparecer porque es muy singular

Leonardo Aranguibel, periodista venezolano

–¿Cuáles han sido las enseñanzas más valiosas que le dejó emigrar?

–Yo tenía mi formación y una carrera cuando, como familia, decidimos irnos de Venezuela. Pero cuando emigras, te pones al final de la fila. Tienes que ponerte detrás de los que tienen meses, incluso años trabajando para ganarse un puesto. Cuando emigras, empiezas donde debes empezar, y debes entender que para persistir necesitas trabajo, trabajo y más trabajo, preparación y formación. No hay lotería, no hay carrera de caballos, no hay golpes de suerte, como digo con frecuencia. Nadie te va a regalar nada, y mucho menos cuando eres extranjero.

–¿Alguna vez se vio a sí mismo ocupando este cargo después de 16 años trabajando como director en Disney?

–Este es el resultado de un proceso que es parte de una carrera, donde te guían tus deberes, tu esfuerzo y tu disposición al trabajo. Creo que fue algo natural: empecé como mánager, luego senior mánager y luego director. No era un nombramiento predecible, pero sí un camino natural. Es una decisión que también tiene mucho que ver con el crecimiento exponencial de los volúmenes de producción que estamos manejando. Al haber incrementos de este tipo, es natural que el equipo crezca y que haya más gente a cargo de distintos proyectos.


En la actualidad, se calcula que al año se producen unas 700 series con una calidad muy similar por el acceso a la tecnología. Ahora, para destacarse entre tanta variedad, tiene que haber contenido muy atractivo, innovador e impactante

Leonardo Aranguibel, periodista venezolano

–¿Cuáles son las diferencias entre el cargo que desempeñaba antes y el actual?

–Mi cargo es un rango administrativo, de organización interna de la compañía; obedece a un rediseño de nuestro equipo de producción. Una reestructuración, si se quiere. La primera razón es que la compañía tomó la decisión de largo aliento de convertir a Disney en una empresa D2C o Direct To Consumer (directo al consumidor) porque, a pesar de que teníamos una conexión directa con la audiencia a través de canales como Disney Channel, funcionábamos como un gran estudio de producción de contenidos, distribuyendo nuestro producto y vendiéndolo a clientes. Al modificar la estrategia, ahora producimos para nuestras propias plataformas: Disney+, Star+, Espn+, Hulu.

También ocurrió que, al hacer Disney el acuerdo de adquisición de los estudios Fox, se incorporaron profesionales de primera línea que ahora forman parte de la compañía y que, en el proceso de imaginarnos entre todos cómo enfrentar el futuro y hacer más eficientes las tareas, recibí la responsabilidad, el privilegio, de ser nombrado vicepresidente en la nueva estructura. Es algo que me enorgullece mucho.

–¿Cuáles son los mayores retos que tiene ahora como vicepresidente de producción de un estudio como Disney?

–El primero, que hemos multiplicado al menos por 10 la cantidad de contenido que realizamos por año. Producimos mayormente (por razones estratégicas y de distribución) en Brasil, México y Argentina y también en Colombia, República Dominicana y otros territorios. Soy uno de los productores ejecutivos que aparecen listados en los créditos de cada producción, y mi día a día consiste en acompañar a nuestro equipo desde la selección de la idea y en todo el camino para que esa idea que al comienzo contamos en tres o cuatro líneas, llegue hasta tu pantalla. Es un proceso que no solo es largo sino complicado porque involucra muchos departamentos, y a todos hay que hacerles seguimiento. Todo eso multiplicado por 130, que es el número de producciones al que aspiramos llegar anualmente para los próximos años.

–¿Existe alguna diferencia entre el consumidor latino y el norteamericano? ¿Hay uno más exigente que otro?

Creo que todos hemos podido constatar que esas barreras se han ido desmoronando, gracias a la gran difusión y a la inmensa cantidad de contenidos que se consume hoy día. Vemos que productos como La casa de papel (España), The Mandalorian  o Wanda-Vision (EE. UU.) son extremadamente populares alrededor del mundo entero. Los productos más locales, con modismos que son fáciles de percibir por el espectador, ahora adquieren una gran relevancia porque hoy día la tecnología es mucho más accesible y barata; la barrera del idioma ha sido derribada por el doblaje y la subtitulación, y las plataformas tienen hasta 25 idiomas disponibles. Ahora lo más importante es la historia, porque ya no comparamos la nacionalidad ni la calidad técnica del producto.

–En los últimos meses se ha hablado mucho de una batalla a muerte entre el streaming y las salas de cine. ¿Cree usted que exista en realidad? ¿Apuesta por algún ganador?

–Pienso que la sala de cine es una forma de exhibición de contenidos audiovisuales no va a desaparecer porque es muy singular. El cine es, quizás, el medio de expresión al que más se le ha anunciado la muerte: cuando nació la televisión en los años 40’, luego cuando se masificó la televisión a color, y después cuando inventaron la videograbadora. El cine no murió entonces, y tampoco murió cuando llegaron los videocasetes, ni el DVD ni el Blueray.

–¿A qué se lo atribuye?

–El cine ofrece una experiencia colectiva, casi mística diría yo. Pagas por el derecho a compartir en una sala oscura con otras 200 personas la experiencia de ver una película. La gente discute mucho sobre quién inventó el cine. Hay quienes dicen que fueron los hermanos Lumiére, otros piensan que fue Thomas Alva Edison, algunos que fue William Dickson. Lo que sí estoy seguro que inventaron los Lumiére fue la sala de cine, el acto de compartir colectivamente un espectáculo de imágenes en movimiento, que es un evento muy especial. En una sala de cine puedes percibir cuando quien se sienta a tu lado se emociona, cuando otro más allá se ríe, se asusta o llora. Ves la película en esa pantalla gigante, bien definida y maravillosa. En la casa no ocurre nada de eso.

Además, en las plataformas de streaming el consumo principal es de series, no de películas. La gente las ve, y hay muchas para escoger. Pero mi impresión es que la gente no paga la suscripción de una plataforma para ver películas.


No hay lotería, no hay carrera de caballos, no hay golpes de suerte. Nadie te va a regalar nada, y mucho menos cuando eres extranjero

Leonardo Aranguibel, periodista venezolano

–Usted no solo posee una trayectoria de 16 años en uno de los estudios más longevos del cine. Además de eso, ha sido jurado de los premios Emmy. Basado en su experiencia, ¿cómo ha evolucionado el público en los últimos años?

–Es necesario referirse a la forma de presentar el contenido y no al contenido en sí, porque la televisión tiene una inmensa variedad de contenido y de géneros. Hay dos cambios excepcionales que parten la historia de la TV y de la exhibición: antes y después de la aparición de los videograbadores, que permitieron que la gente se auto-programara. Antes, el espectador era un ente pasivo que veía lo que tres o cuatro programadores decidían para ese día y hora en un determinado canal de televisión. Cuando llegaron los betamax, los VHS, pudimos grabar contenido y los programadores dejaron de tener el control de nuestro horario. Después, con la aparición de las plataformas de streaming, el televisor dejó de ser el centro de la casa y empezamos a ver la TV en cualquier lugar, el baño, el balcón, en un parque, en la cocina, y a la hora que nos provocara.

–¿Cómo ha cambiado la producción de contenido a lo largo de los últimos años?

 Hace 10, 12 años se producían 50 o 60 series al año, en el mundo. Eso es lo que se produce anualmente solo en México hoy día, tal vez más. En la actualidad, se calcula que al año se producen unas 600 series con una calidad muy similar por el acceso a la tecnología. Ahora, para destacarse entre tanta variedad, tienes que presentar un contenido muy atractivo, innovador e impactante. Han convocado a grandes directores de cine, estrellas de la pantalla grande y el teatro, así como diseñadores de todo tipo, porque ahora se compite con mucha calidad.


La barrera del idioma ha sido derribada por el doblaje y la subtitulación, y ahora todas las plataformas tienen hasta 25 idiomas disponibles. Ahora lo más importante es la historia, porque ya no comparamos la nacionalidad del producto

Leonardo Aranguibel, periodista venezolano

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