Las editoriales venezolanas emigran para sobrevivir

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Carlos Sandoval no compra libros en Venezuela desde hace cuatro años aproximadamente. Las novedades literarias viajan a él gracias a la bondad de amigos residentes en el cono sur o en Europa que le envían libros con cierta regularidad.

Sandoval integra, en compañía de Rodrigo Blanco, Luis Yslas y Patricia Heredia, la dirección de Madera Fina, editorial venezolana creada en 2015. El catálogo de Madera Fina incluye Así que pasen cien años de Elisa Lerner y títulos del novelista Juan Carlos Guédez como El baile de Madame Kalalú y Veinte merengues de amor y una bachata desesperada. También poseen los derechos de autores como Gonçalo Tavares (Los señores) y Martín Caparrós (Comí ). Los dos últimos han cedido sus derechos para la venta exclusiva de sus títulos en el país.

A pesar de la variedad y la calidad de los autores que compone el catálogo de la editorial, Sandoval relata que, en ocasiones, pueden venderse dos libros en un mes. Los costos de los que aún se encuentran en estanterías se ajustan constantemente para evitar las pérdidas. Aún así, Madera Fina ha logrado mantenerse operativa gracias a las contadas ventas y a la inversión de Blanco e Yslas, quienes viven actualmente en el extranjero.

Aún imprimen sus títulos en Venezuela y, desde su nacimiento en 2015, la editorial ha logrado establecer alianzas que ayudan a abaratar los costos.

De Venezuela para el mundo

La crisis económica venezolana ha planteado un nuevo escenario a las editoriales nacionales, que han optado por presentar sus títulos en el exterior. La editorial Eclepsidra por ejemplo, a cargo de Carmen Verde Arocha, presentó recientemente en Nueva York Gregor MacGregor, rey de los mosquitos y otras obras de Lupe Gehrenbeck, que fue bien acogido por la crítica y los asistentes.

Otras editoriales han tenido que replantearse y reinventarse. Es el caso de Libros de fuego, cuyo editor Alberto Sáez explica que mantener la editorial únicamente en Venezuela significaba parar por tiempo indefinido el proyecto.

La editorial emprendió el viaje hace dos años y actualmente tiene presencia en Santiago de Chile y Medellín. Los títulos de Libros de Fuego se imprimen en Colombia, ya que hacerlo en territorio nacional es sumamente costoso.

Sáez explica que el principal reto de trasladar la empresa al exterior fue parecido a empezar desde cero. «Nadie conocía la editorial. Fichar a autores como Alberto Salcedo Ramos y Juan Villoro permitió que Libros de Fuego continuara abierta», relata.

Para Verde Arocha, la literatura venezolana ha encontrado un nicho gracias a cultores y promotores que hacen vida fuera del país. Eclepsidra, una editorial con 25 años de presencia en el país y que posee un ritmo de publicación aproximado de seis títulos por año, ha aplazado la presentación de tres por las fallas eléctricas. «También es necesario crear una atmósfera apropiada, que el lector se sienta en la disposición de comprar un libro. Este no es el momento para ello», afirma.

Lectores sin recursos

Según Sáez, el precio de un libro promedio oscila entre 15 y 20 dólares. Este precio varía dependiendo del material utilizado en la edición y la cantidad de páginas. Reconoce Sáez también que actualmente muy pocas personas pueden invertir esa cantidad de dinero en la compra de un libro.

La situación económica y el colapso del sistema eléctrico no solo afectan la reproducción de los libros. La experiencia le ha permitido comprobar a Verde Arocha que estos problemas atacan directamente la difusión de la obra y su promoción.

Son pocas las novedades literarias a la venta en Venezuela en este momento. Si bien Madera Fina y Libros de fuego han optado por mantener su presencia en las estanterías venezolanas, otras editoriales como Eclepsidra y Letra Muerta han dejado de presentar libros en el país.

Hasta hace poco, los ejemplares de Letra muerta, editorial fundada en 2015 por Faride Mereb, podían encontrarse en el país a través de la página de la editorial. Sin embargo, la ausencia de sus representantes en el país ha pausado las ventas en Venezuela de forma indefinida, aunque no está descartado retomarlas.

Mientras tanto, presentan sus títulos en Estados Unidos. La editoral, dedicada a la elaboración de libros-objeto, cuenta con ediciones bilingües de títulos como Espacios para decir lo mismo, de la poetisa venezolana Hanni Ossott.

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