La reconciliación es el camino más difícil de recorrer

"Largo viaje hacia la noche" de Eugene O'Neill es la obra escogida por José Luis Dávila para estrenarse como director en el Festival de jóvenes directores

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El director de "Largo camino hacia la noche", José Luis Dávila y el elenco conformado por Agustín Segnini, Juan Bautista, Citlalli Godoy, Antonio Cuevas y Daifra Blanco | Foto: Ronald Peña

Caracas.- Solo es posible comprender la dimensión humana de una obra como Largo viaje hacia la noche, una vez que se compara con la vida de Eugene O’Neill, su autor. La pieza, que escribió entre 1941 y 1942, es tan autobiográfica que el dramaturgo prohibió su representación hasta 15 años después de su muerte.

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Considerada como la obra maestra de O’Neill, Largo viaje hacia la noche es la elección del novel director José Luis Dávila para competir en el V Festival de Jóvenes Directores que organiza Trasnocho Cultural anualmente. El elenco está encabezado por Citlalli Godoy, Antonio Cuevas, Juan Bautista, Agustín Segnini y Daifra Blanco.

La obra de O’Neill centra su argumento en la familia Tyrone. El patriarca, James (Antonio Cuevas), es un actor retirado que acostumbró a su familia a vivir en hoteles de segunda, con ocasionales retiros a una casa con vista al mar. Su esposa Mary (Citlalli Godoy) es una mujer enfermiza y nerviosa que se ha vuelto adicta a la morfina a raíz del nacimiento de su segundo hijo, Edmundo (Juan Bautista) a quien el excesivo consumo de alcohol le ha acarreado una tuberculosis fatal. Luis, el hermano mayor del matrimonio (Agustín Segnini), es un alcohólico adicto a las prostitutas. Los cuatro crean un ambiente tenso, tóxico, donde cada uno culpa al otro de sus vicios y defectos. El autor recurre a la niebla del puerto donde se desarrolla la acción y la resemantiza como el símbolo de la evasión que hace cada personaje de su respectiva falla, la incapacidad de cada uno para enfrentar su pasado y vivir el tiempo presente.

Largo viaje hacia la noche es considerada como la obra maestra de Eugene O’Neill | Fotografía: Ronald Peña

A pesar de que el gran detonante del malestar en la familia es la avanzada tuberculosis de Edmundo, es la adicción de la madre el mal de mayor gravedad. Los hermanos encuentran en ella la raíz de su fracaso, al igual que su esposo justifica de igual manera su alcoholismo. Sin embargo, ninguno es capaz de observar la frágil condición mental de Mary como consecuencia de una vida llena de sufrimiento silencioso a causa de las eternas giras del marido y la pérdida de un hijo anterior a Edmundo.

El gran reto de una obra de corte autobiográfico como Largo viaje hacia la noche es saber presentar a los personajes como víctimas y al mismo tiempo como victimarios. Mostrarlos implacables, pero llenos de bondad. Retratarlos como humanos finitos, imperfectos y que merecen compasión y perdón. Sin embargo, la dirección de Dávila queda a medio camino y no cumple su objetivo. La obra, de dos horas y media, cuyo ritmo debería ser más bien creciente, resulta lenta y monótona, sin que nada determinante ocurra en ningún momento. La dirección de actores es acertada, sin embargo. La escenografía a cargo de Armando Zullo es atractiva y bien diseñada, al igual que el vestuario de Carla Guerrero y la atinada iluminación de Gerónimo Reyes.

El contenido biográfico de la obra es tan alto que su autor prohibió expresamente su presentación hasta haber transcurrido quince años de su muerte | Fotografía: Ronald Peña

Los Tyrone permanecerán, al igual que los O’Neill, atrapados en un pasado que terminó por trastornarlos y no les permitió avanzar, quizás porque los cuatro comprendieron que algo perdieron en el camino. Algo muy importante, pero cuyo nombre no logran recordar.

“Largo viaje hacia la noche” se estrena el 1º de febrero en el Espacio plural de Trasnocho Cultural durante seis funciones, viernes a las 7:30 pm; sábados y domingos a las 7:00 pm.

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