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jueves, 6 mayo, 2021

“La hegemonía comunicacional ha mantenido al gobierno en el poder”

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ENTREVISTA A CARLOS OTEYZA

“El pueblo soy yo, Venezuela en populismo”, el más reciente documental de Carlos Oteyza, aún no tiene fecha de estreno oficial en Venezuela

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Carlos Oteyza relata que a su esposa, de origen francés, siempre le ha intrigado la falta de aseo de las calles venezolanas, que contradice la pulcritud que mantienen los ciudadanos en el interior de sus hogares. El cineasta e historiador, responsable de documentales como “Tiempos de dictadura, tiempos de Marcos Pérez Jiménez” y “CAP 2 intentos”, le atribuye este comportamiento a un precepto bastante sencillo, enraizado en nuestra idioscincracia: sólo la esfera privada es de nuestro interés. La pública no importa, no nos atañe ni tenemos poder sobre ella. La política y sus intríngulis forman parte de esta última, y está demostrado que la falta de participación en ella causa terribles estragos en la salud de la democracia. De nuestra democracia.

Aún se desconoce si «El pueblo soy yo, Venezuela» en populismo se proyectará a nivel nacional en el país. El último documental del cineasta e historiador Carlos Oteyza (Tiempos de dictadura, tiempos de Marcos Pérez Jiménez; CAP 2 intentos) fue producido por el escritor mexicano Enrique Krauze y fue estrenado en España a mediados de octubre. Sin embargo, sobre su estreno oficial en Venezuela, se desconocen datos.

La obra de Oteyza, que tiene una duración de 87 minutos, no aborda la crisis venezolana con una solución. Ni se molesta en tomar partido. Se ofrece como un análisis basado en los rasgos comunes de los líderes populistas a nivel mundial, y se percibe como la causa principal de la debacle que azota al país suramericano.

–¿Cómo logra contar la historia del chavismo sin hacer alusión a temas como la corrupción y el narcotráfico?

–El populismo mundial tiene unas claves universales: un líder carismático, división del país en buenos y malos, una historia única del país, nueva y cambiada, una toma de posesión e influencias en los medios de comunicación, desinstitucionalización, entre otras. Luego hay características propias en cada país. Pero el populismo como expresión, como manera de gobernar no tiene que estar ligado ni al narcotráfico ni a la corrupción. Usted puede tener un populismo que no es corrupto.

–¿Se puede hablar de una crisis de las democracias? ¿Bajo qué términos?

–Sí. Hay que recordar que, como modelo político adquiere fuerza al terminar la II Guerra mundial, cuando queda el mundo dividido en dos grandes sectores: comunistas y demócratas. La democracia cobra terreno y prevalece como un sinónimo de modernidad, ya que las dictaduras fracasan y las pocas que resisten son los modelos socialistas que se hacen llamar democráticos. Un claro ejemplo es la República Democrática Alemana, que era un estado socialista. Ahora bien, la crisis de las democracias puede venir por la globalización. Comienzan a crearse comunidades (como la Unión Europea) que pierden un poco de su independencia como estado-nación para pasar a ser parte de esta comunidad. Eso ha generado, en el caso europeo, problemas de nacionalismo. Eso ha debilitado la democracia porque ha limitado la representatividad: la gente no siente que quienes dominan esa comunidad guarda relación con ellos.

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En el caso latinoamericano, creo que la crisis está ligada a la incapacidad de la democracia de resolver los problemas sociales que ha tenido América Latina. Es decir, las diferencias sociales entre quienes tienen dinero y quienes no. Los partidos, entonces, dejan de ser el vaso comunicante entre el ciudadano y el estado porque la gente no se siente representada en esos partidos. Es entonces cuando surge el discurso populista, surge el líder que se vuelve más importante que el partido.

–¿Qué facilitó el desarrollo del populismo en Venezuela?

–En Venezuela, los partidos se moldearon con Acción Democrática y Copei a raíz de la Revolución de octubre en 1945. Durante cuatro décadas y gracias a la democracia, la gente se acostumbró a vivir poco a poco mejor. Pero eso se acabó a finales de la década de 1970 y principios de 1980 porque los precios petroleros se vinieron abajo, la renta petrolera no era suficiente porque no producíamos suficiente petróleo y, a mi parecer, la generación de políticos no comprendió lo que estaba ocurriendo. A esa generación le correspondía dar un cambio de timón en la política económica, cosa que no hizo. Y cuando Carlos Andrés Pérez lo intentó en su segundo gobierno, ni los partidos estaban preparados, ni los líderes de la sociedad civil, ni los militares, ni las fuerzas económicas ni empresariales estaban preparadas ni lo querían, apostaron a seguir con el mismo modelo.

Cuando llega Hugo Chávez al poder, corre con la suerte de que, durante los primeros ocho años de su gobierno, suben los precios petroleros y esto permitió que el modelo se mantuviera. Cuando se viene abajo nos encontramos con la debacle que observamos hoy día. Si a eso le aumentamos que el país se dejó enamorar por un líder carismático que cambió la constitución a su antojo y que empezó a erosionar las instituciones, a considerar que él podía estatizar y podía convertir a Venezuela en un país donde todos los medios de producción estuviesen en manos del estado. Y la gente lo aceptó a medias, porque estaba viviendo bien. No lo quería, pero lo aceptó con mucha comodidad. La gente no reclamaba sino que aplaudía porque existía la posibilidad económica para pensar que el estado podía ser dueño de todo eso, y que podíamos vivir bien.

–En su opinión, ¿la oposición venezolana se ha comportado como tal, o forma parte del problema?

–La oposición venezolana no es traída de China, Estados Unidos o Cuba, por tanto es muy venezolana. Lo que considero que ocurre es que en Venezuela se dio uno de los primeros casos de populismo contemporáneo y tomó por sorpresa a buena parte de los venezolanos. Chávez llega al poder en 1998 a través de unas elecciones sencillas y transparentes, a través de los mecanismos que establece la democracia. Eso es lo que hace el populismo: llega a través de la democracia y la va minando, perforando, debilitando. Y eso le ha permitido que, después de 20 años, tanto la oposición como las instituciones y gran parte de las empresas estén debilitados en función de un nuevo organigrama de poder en el cual, durante mucho tiempo, estuvo liderado por una persona de mucho carisma y hoy en día por una estructura que dejó montada.

La hegemonía comunicacional también juega un papel importante porque ha mantenido al gobierno en el poder. Uno, porque tiene todos los canales, periódicos, y emisoras de radio están ligados al sistema estatal. Y dos, a una realidad nacional que es la autocensura a raíz de lo que ocurrió con RCTV. Todos los medios de comunicación se cuidan enormemente de no ser vistos como “subversivos”. En Venezuela nos hemos acostumbrado a vivir con miedo, atentos a lo que ocurre. Y los medios están asustados; temen ser penalizados porque informar al momento sobre tal o cual hecho puede ser considerado como un intento para derrocar al gobierno. La oposición vive con miedo, pero el gobierno vive con miedo a perder el poder. El miedo está presente constantemente de lado y lado. El reto es volver a vivir en democracia, sin miedo a expresarte. Cuando uno sueña con la democracia, piensa en vivir sin miedo.

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