“Hacer teatro en estas condiciones es importante como ejercicio de resistencia”

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ENTREVISTA A DANIEL DANNERY

El telón de “Kassandra” nunca se levantó. La gravedad de las fallas eléctricas que afectan al país desde el 7 de marzo hizo que la obra, original del autor franco-uruguayo Sergio Blanco y dirigida por Daniel Dannery, tuviera que retrasar su estreno y reestructurar su temporada

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“Kassandra” no es el único proyecto de Dannery en vilo por la temporada de apagones que pareciera no tener fecha de culminación. Otras de sus obras, como “Tania en cinco movimientos” y “El pequeño Poni” también vieron afectadas sus respectivas presentaciones y temporadas con los cortes y recortes de electricidad.

Es imposible imaginarse una agenda cultural que no dependa directa o indirectamente de la energía eléctrica. En un país que atenta directamente contra su oferta cultural. Sin embargo, Dannery, cuya labor teatral ha sido laureada con premios como el Marco Antonio Ettedgui 2017 -2018 y Premio Isaac Chocrón 2018, readapta sus proyectos en curso a las nuevas circunstancias.

–¿Observa usted como algo normal que el movimiento cultural del país dependa enteramente de la energía eléctrica?

–Pienso que la cultura no debería depender de otra cosa que no sea la cultura en sí misma. La cultura es como una turbina que se mantiene en movimiento, sólo que la energía que permite este movimiento es lo que hace vida en torno a ella: la sociedad civil, las personas encargadas en querer un sano esparcimiento, gente que tiene la necesidad de consumir algo completamente distinto que no se trata solo de una obra de teatro sino también de ir a la plaza a escuchar una banda, o un instrumentalista tocando cuatro. ¿Qué ocurre? Que sin luz ni siquiera tienes manera de presentarte.


Pero hace poco más de un año cerraron 14 salas de cine. Si los cines (a los cuales asiste mayor cantidad de público) están cerrando, ¿qué podemos esperar para el teatro?

Daniel Dannery, director teatral

Aunque la crisis cultural es de vieja data. Antes de que al teatro lo desolara la luz, funcionaba con sus 25.000 espectadores anuales. El cine logró llevar más de un millón de espectadores por película. Pero hace poco más de un año cerraron 14 salas de cine. Si los cines (a los cuales asiste mayor cantidad de público) están cerrando, ¿qué podemos esperar para el teatro?

El público que va al teatro lo hace porque tiene una educación distinta. Afortunadamente el teatro ha sobrevivido todos estos años, pero no tener luz para trabajar es lo que hace que sea más difícil. Sin electricidad no hay como trabajar, y el teatrero debe inventarse una nueva forma de trabajar.

–¿Qué otra manera de trabajar podrían plantear los centros culturales y el gremio teatral?

–Los centros culturales deberán mantener un diálogo extenso con gente que permita la financiación de plantas eléctricas que permitan mantener el centro abierto, independientemente de cómo funciona la energía del país. Si no, irán todos a la quiebra.

Imaginemos la situación de los centros culturales que no han podido abrir sus puertas por falta de energía eléctrica. ¿Cómo pagas una nómina si no puedes abrir el teatro? No puedes abrir el espacio de trabajo, por ende la gente no va a trabajar. Pero si no trabaja tampoco puedes ofrecer espectáculos, y si no los ofreces tampoco puedes generar ingresos. Sin ingresos no puedes mercadear, ni negociar. Eso causa que vayas a la quiebra. ¿Cuales son las alternativas? Creo que aquí es donde entra la creatividad y una suerte de regla de supervivencia del más apto.

Creo que una buena manera de trabajar es creando proyectos al margen de lo que está ocurriendo y que ayuden a subsanar un bache. ¿Los teatros no pueden abrir? ¿No hay oferta teatral en el país? No, pero yo como teatrero no tengo que verme restringido al hecho de utilizar un espacio teatral para hacer teatro. Ahí es donde entra en juego, por ejemplo, mi propuesta de “Kassandra”, un monólogo que, aunque el dramaturgo establece que sucede en un bar, tampoco se ata a ese único lugar: lo que tenga que decir Kassandra lo puede decir en una esquina, en un vagón del metro o en la puerta de tu casa como un Testigo de Jehová. Esa es la propuesta de este caso.

Otras propuestas como “Tania en cinco movimientos”, El pequeño poni o Las trenzas sí están restringidas al espacio teatral. Pero incluso podría jugar con “Las trenzas”, ya que es una obra que necesita un espacio de unas condiciones específicas para poderse presentar. Para hacerlo, irónicamente lo que necesito es un espacio oscuro. Podría hacerla en medio de la oscuridad caraqueña y funciona perfectamente. Podría pararme en una calle de Caracas en pleno apagón porque la obra me lo permite.

Se trata entonces de la creatividad que puedas generar en torno a un proyecto en el que sientes que puedes asegurarte un ingreso para ti, un espacio de esparcimiento para otra persona y un espacio de debate y diálogo sobre lo visto. Que la propuesta que estás prestando tampoco se escape de la realidad, porque de otra forma estaría totalmente vacío. Y entendemos que el entretenimiento a veces es para evadir, pero en esta situación es importante generar un diálogo.

–En esta situación, ¿recurrirías al teatro de calle?

–No me lo he planteado, pero es una opción. Incluso es una opción para muchos teatreros hacer teatro de calle en este momento y creo que las puertas están abiertas para ello. Lo único que observo es que, cuando en una situación crítica generas un espectáculo bajo condiciones de calle, el mensaje llega mucho más directo porque le hablas a un espectador que posiblemente nunca ha pisado una sala de teatro en su vida. El contenido, la forma como generas ese contenido y la manera como se enlaza ese contenido es totalmente distinta. Existe también el riesgo de generar una reacción adversa, políticamente hablando. Entonces es necesario preguntarse lo siguiente: ¿es verdad que hoy día vivimos en una dictadura que coarta los derechos humanos? ¿corres el riesgo de que te metan preso por decir ciertas cosas? Si eso es así, el teatrero va a tener que enfrentarse contra eso. Va a tener que examinar qué va a decir en la calle, cómo lo va a decir y de qué manera va a reaccionar si logra crear el efecto deseado.

–¿Cree que el gremio teatral ha cometido errores, o no ha sabido manejar la situación?

–Yo creo que el gremio simplemente ha hecho teatro, que es su trabajo y es lo que sabe hacer. El teatrero es una persona normal que vive en un mundo de fantasía. Como teatrero siempre estás metido en una caja, y a lo largo de estos años ha decidido inmiscuirse de lleno en esa caja llena creando fantasías. No es que lo haya hecho mal, es que ha vivido sus fantasías. Y para eso está el teatro; tanto para hacerlas como para crearlas.

El problema está en que de repente la fantasía se te ve rota porque te cae una bomba encima, como le pasó a Susan Sontag cuando montó “Esperando a Godot” en Sarajevo, durante la guerra. Eso es un acto de resistencia. Además una obra como “Esperando a Godot” contiene un mensaje sumamente poderoso para estos momentos: ¿qué estamos esperando? Es un poco lo que nos ocurre como venezolanos, que siempre estamos a la espera de que alguien venga a salvarnos. Los personajes de esa obra se quedan esperando a Godot.

Hacer teatro en estas condiciones es importante como ejercicio de resistencia, de resiliencia. De entender que frente a la adversidad tú puedes mantener un código de conducta que te promueva ir hacia adelante para no decaer y no hacer decaer a quienes están alrededor. Entender que en cualquier momento lo bueno que vives puede conducir a algo malo, y viceversa. Cuando entiendes esa dualidad, vives tu día de la mejor manera posible.


…¿es verdad que hoy día vivimos en una dictadura que coarta los derechos humanos? ¿corres el riesgo de que te metan preso por decir ciertas cosas? Si eso es así, el teatrero va a tener que enfrentarse contra eso

Daniel Dannery, director teatral

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