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sábado, 21 mayo, 2022

El esfuerzo de las alcaldías por recuperar las noches en Caracas

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Caracas.- En 2002 la changa del momento era Caracas de noche. Hugo Chávez contaba con apenas cuatro años de mandato y el barril de petróleo se cotizaba en un buen precio. La avenida Boyacá, conocida sencillamente como la cota mil, se distinguía en el horizonte desde el mirador de Valle Arriba por sus faroles funcionales e iluminados. Caracas de noche resumía un estado de ánimo, una verdad absoluta: la vida nocturna en Caracas daba para todo.

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Después de 17 años Caracas se ha convertido en una especie de Lejano Oeste sin desiertos, con humedad y muchas guacamayas. En La Candelaria la mayoría de los comercios cierran alrededor de las 5:30 pm, a excepción de las tascas y hoteles que mantienen viva la poca oferta nocturna. En las urbanizaciones mal iluminadas, pasear a las mascotas puede ser un acto heroico o estúpido. Y el sonido lejano o cercano de las motocicletas pueden asustar al más valeroso.

Hay otros factores determinantes en la ausencia de la vida nocturna además de la inseguridad. El Metro de Caracas presta servicio hasta las 11:00 pm, pero las rutas de transporte urbano, ya afectadas por el suministro de gasolina, la falta de repuestos y la reducción de las unidades, funcionan hasta las 8:30 pm dependiendo de la ruta.

La vida nocturna y su economía

En Latinoamérica y Europa se ha popularizado el término “economía nocturna” para referirse a toda actividad, ya sea de ocio, cultural o laboral que se lleva a cabo en horario nocturno y contribuye a la economía formal de la ciudad.

En Europa no es ajeno el concepto de los “alcaldes nocturnos” como figuras gubernamentales para la gestión nocturna de las urbes. Desde 2016 la ciudad de Cali, en Colombia, cuenta con Alejandro Vásquez Zawadsky como gerente nocturno de la ciudad. 

El 22 de noviembre de 2018 tuvo lugar la primera Conferencia de Ciudades Nocturnas en la ciudad de Bogotá, Colombia. Andreína Seijas, venezolana investigadora en la Harvard Graduate School of Design y co-curadora del encuentro, cita en su blog Carpe Noctem algunos ejemplos de éxito en los que varias ciudades latinoamericanas convirtieron sus calles en epicentro de actividad y cultura nocturnas.

En Buenos Aires, Argentina, la Noche de los Museos reúne aproximadamente dos millones de visitantes cada año. La Noche blanca, un movimiento de origen europeo para disfrutar de programación en museos, teatros y salas de conciertos, ha sido adaptada y aplicada en países como Colombia, Perú, Chile, Uruguay y Brasil con impacto positivo.

Recuperando la noche

En mayo de este año, la urbanización Colinas de Bello Monte vivió una experiencia única. La organización Laboratorio Ciudadano, de la mano con la alcaldía de Baruta, lideró la iniciativa Ilumina CCS, un recorrido peatonal en el que vecinos y visitantes podían disfrutar de arte callejero, oferta gastronómica, performance y teatro en las calles de la urbanización. La entrada era gratuita y el único requerimiento para participar era llevar linternas o, en su defecto, velas para alumbrar el recorrido.

La alcaldía de Baruta ha mostrado indicios de querer retomar la Concha Acústica de Bello Monte como epicentro cultural. Para ello, organizó un ciclo de presentaciones que tuvo lugar desde el 15 hasta el 29 de junio, que llevó por nombre Nos vemos en la Concha, y que incluyó funciones de obras como el monólogo Si esto fuera un hombre, El día que me quieras e Improvisto.

La alcaldía de Chacao, a través de Cultura Chacao, organizó una serie de eventos tanto vespertinos como nocturnos con el apoyo de la Embajada de Argentina en Venezuela y en el marco del 90° aniversario de la urbanización Los Palos Grandes.

El día de cierre se congregaron al menos 200 personas en la Plaza Los Palos Grandes, para escuchar a Zarik Medina interpretar algunos clásicos de rock argentino. Eran las 7:00 pm y ninguno de los asistentes lucía preocupado o consternado por la hora. Todo lo contrario: al encuentro llegaban cada vez más curiosos que reconocían los acordes de Fito Páez o de Spinetta, mientras los niños recorrían la plaza en bicicleta o en patines.

Zarik Medina y su banda durante el cierre del ciclo «Buenos Aires para Caracas» en la Plaza Los Palos Grandes

No había linternas, no eran necesarias. Al menos en Chacao, la plaza Los Palos Grandes cuenta con un alumbrado que disipa, por algunos momentos, la sensación de inseguridad que transmite la mayoría de las calles caraqueñas.

Al término del concierto volvió la realidad. Caminar hasta Santa Eduvigis es un camino sin luz y con algo de miedo. No suenan los grillos. Los pocos vecinos que aún circulan son asustadizos, parcos. Llegar a la meta a oscuras, con la prisa del vigilante para abrir el portón, son el recordatorio de urgencia: hay quienes desean vivir también de noche en Caracas.

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