Con motivo del Día Mundial del Teatro, personalidades del medio analizan qué repercusión tendrá la pandemia en la manera de hacer y consumir teatro

El vestidor, la más reciente obra dirigida por Héctor Manrique con el Grupo Actoral 80, se había estrenado el viernes 6 de marzo. La obra se interna en la relación que existe entre Bonzo, un divo caprichoso y amargado que dirige una compañía de teatro, y su asistente o “vestidor”, Norman. La acción transcurre en Londres durante la II Guerra Mundial, y sus acciones tienen lugar antes, durante y después de una presentación de la tragedia shakesperiana El rey Lear. El gran mensaje es la precariedad del arte, su fragilidad y el gran problema económico y emocional que supone para un artista la ausencia absoluta de creación.

Sin quererlo, El vestidor se convirtió en una profecía de lo que podría venir en el mundo. Una semana después de su estreno, Nicolás Maduro anunció los primeros dos casos de COVID-19 (enfermedad producida por el virus denominado coronavirus) en Venezuela. El país comenzaba a entrar en una cuarentena que se ha recrudecido con cada día que pasa, y los centros culturales cerraron sus puertas por tiempo indefinido.

La crisis es un escenario común

Si bien el teatro venezolano vive en una crisis permanente, hoy comparte un problema que viven los circuitos artísticos más importantes del país. Leonardo Azparren Giménez, autor de los libros Isaac Chocrón: la vida requisada, José Ignacio Cabrujas y su teatro y la antología Clásicos del teatro venezolano, entre otros, explica que nuestro teatro no padeció antes una situación como la actual porque el país no la padeció. “Entre nosotros ha habido momentos de recesión, debidos más a la inconsistencia propia de nuestro movimiento teatral que a causas externas”, aclara.

La Sociedad de Teatro de Londres (que representa al circuito West End) y la organización UK Theatre, que arropa a 165 teatros del país, suspendieron sus funciones el 12 de marzo. En España las artes escénicas constituyen la cuarta industria más importante del país, y su Asociación para el Desarrollo de la Propiedad Intelectual ha estimado pérdidas económicas por casi 3.000 millones de euros.



Si bien el teatro venezolano vive en una crisis permanente, hoy comparte un problema que viven los circuitos artísticos más importantes del país


Los 41 teatros que componen al gigante Broadway anunciaron su cierre el 12 de marzo, justo después de que las autoridades de Nueva York prohibieron cualquier acto con más de 500 personas en la ciudad (la mayoría de estos locales superan las 1.000 butacas). 

De Broadway sale la mayoría de las obras de teatro y musicales aclamados por la crítica, y cuyos derechos son posteriormente comprados para representarse en las ciudades teatrales del mundo. Hay que recordar también el cordón umbilical que une a Hollywood con su homólogo teatral: Los miserables, Chicago, Cabaret y La novicia rebelde son algunos ejemplos de cómo la meca del cine estadounidense se alimenta del teatro para llevar a cabo sus producciones.

Scheherezade Quiroga, creadora de @HolaBroadway y directora de audiciones del Broadway Artist Alliance, explica que es la segunda vez en su historia que el circuito suspende sus actividades. La primera fue durante 48 horas, después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

A primera vista, pareciera que la pandemia atrapó a todos los teatros del mundo in fraganti, dejando muchas preguntas y ninguna respuesta



En España las artes escénicas constituyen la cuarta industria más importante del país, y su Asociación para el Desarrollo de la Propiedad Intelectual ha estimado pérdidas económicas por casi 3.000 millones de euros


Primeras consecuencias de la pandemia

El estrago más visible de la pandemia en las artes escénicas es la debacle económica. Quiroga explica que el cierre forzoso ha sido un golpe duro para la programación de los teatros. Una prueba de ello es que los Premios Tony, que tradicionalmente se entregan en junio, han tenido que ser pospuestos.

Además, Broadway es un circuito que se mantiene única y exclusivamente con la venta de entradas. El sueldo de actores, técnicos y acomodadores dependen de las funciones que se hagan en el teatro. Sin funciones, no hay sueldo. “Muchos actores están recurriendo a recursos digitales, como clases online para cubrir sus gastos. Quienes trabajan en Broadway también lo hacen para series de televisión, y en este momento todos los proyectos se encuentran suspendidos”, relata Quiroga.

Pero hay algo en lo que concuerdan los creadores teatrales venezolanos, y es que su misión actual debe ser brindar espacios de oxígeno en medio de un encierro que carcome a todos los ciudadanos por igual. Así lo cree Claudia Salazar, productora teatral a cuya diligencia debemos la factura venezolana de musicales como Casi normal, Piaf: voz y delirio, Godspell y, más recientemente, Los miserables.

Salazar tomó la iniciativa y pidió a Jean Clauteaux, cofundador de la aplicación digital Uriji Jami, que impartiera un taller al elenco de Los miserables con el fin de que aprendan a manejar la plataforma para su propio beneficio.

Uriji Jami es una red social en la que el usuario crea un perfil donde publica sueños, metas e historias. Puede interactuar con otros usuarios y recibir donaciones para sus proyectos, siempre y cuando vincule su perfil con una cuenta de Paypal. 

Y es que a raíz de la cuarentena se han puesto a disposición de los internautas una cantidad interesante de contenidos digitales. La Ópera Metropolitana de Nueva York publica los videos de algunas piezas de su repertorio, y con una buena conexión a Internet, los usuarios pueden visitar el Museo del Vaticano o pasear por los jardines del palacio de Versalles. 

Quiroga recuerda que el mismo Broadway posee una página llamada Broadway HD, que contiene un repertorio de obras grabadas con varias cámaras desde varias perspectivas y que está disponible únicamente por suscripción.


Cuando vemos teatro en video resulta aburrido porque no hay perspectiva, acercamientos. Es un discurso que no está preparado para la cámara

Rosanna Hernández, actriz y directora en Deus ex Machina

Para Salazar, las herramientas tecnológicas están conectadas al futuro. “Esta situación nos va a llamar a buscar recursos digitales. El entretenimiento tendrá que ser consumido vía online durante un tiempo”, afirma la productora que actualmente trabaja en el video musical de una de las canciones interpretadas en una función de Los miserables en Venezuela y que está por ser publicado en el Instagram del espectáculo.

Pero adaptar una obra de teatro para ser vista en una computadora, teléfono inteligente o tableta requiere conocimientos y equipos técnicos. “Cuando vemos teatro en video resulta aburrido porque no hay perspectiva, acercamientos. Es un discurso que no está preparado para la cámara”, comenta Rossana Hernández, quien es actriz y directora de teatro en la compañía Deus ex Machina. Agrega también que no basta con conocer el medio. “Hay que entenderlo, estudiarlo, leer sobre él. Hacer teatro para cámara es un proceso que toma tiempo si se quiere hacer bien”, advierte.

El teatro que viene

Internet es una opción, mas no un sustituto. Tampoco es sostenible por un largo tiempo. Para Quiroga, el teatro es una experiencia comunal en vivo cuyo encanto reside en un grupo de personas que coinciden únicamente para ver a un actor sobre un escenario. Para Hernández, quien también es profesora en la Universidad Metropolitana, el teatro es un arte vivo que requiere a un actor y que convoca a un público. La fórmula griega se mantiene y es inquebrantable.

Si bien se habla del distanciamiento social como una de las estrategias que han ayudado a que la curva de contagio se aplane en algunos países, también es cierto que el teatro tendría que dejar de ser multitudinario. Eso impone, como posible solución, que los teatros limiten la cantidad de espectadores que asisten a una determinada sala de teatro.

En Broadway este escenario se traduce en otro golpe a la economía de un circuito que no está hecho para neoyorquinos, sino para estadounidenses fuera de la ciudad y turistas del mundo que van al país solo para ver algún show. 


En este momento todos tenemos como prioridad invertir el dinero en comida; el arte deja de ser prioritario. Reconocerlo nos ayudará a pensar en más alternativas y soluciones

Rosanna Hernández, actriz y directora en Deus ex Machina

En ese sentido, Quiroga comenta que una posible solución podría ser el aumento en el costo de las entradas y la programación de los musicales emblema, como Wicked, El rey león, Hamilton, Chicago y El fantasma de la ópera, el show más longevo de Broadway.

Pero esta solución no es aplicable en los teatros venezolanos. Si bien la condición del distanciamiento social se mantiene, si los teatros quieren abrir el telón deben aceptar la condición de hacerlo para menos público, pero es muy posible que el aumento de entrada no tenga el impacto suficiente para amortiguar las pérdidas que esta medida implica. “En este momento todos tenemos como prioridad invertir el dinero en comida; el arte deja de ser prioritario. Reconocerlo nos ayudará a pensar en más alternativas y soluciones”, opina Hernández.

Los días que vienen para el teatro en Venezuela y el mundo son oscuros. Lo bueno es que quienes viven del teatro están acostumbrados a tocar el fondo más inhóspito y encontrar la manera de subir de nuevo. Después de todo, las obras de teatro son relatos de alguien que vivió para contarlo.

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