Ninguno de nosotros escapa a la crisis económica. Y con “nosotros”, se incluye a los locutores, actores y cineastas que recurren a otros trabajos y profesiones alternativas para poder pagar las cuentas en casa

Cualquier persona puede posar como modelo en Instagram, y cualquier persona puede crear una falsa apariencia de bienestar y abundancia. En esta era donde usamos una aplicación para conocer personas, otra para conseguir trabajo y otra para hablar con nuestros cercanos, no todo lo que se publica en redes sociales es cierto.

Atrás quedaron los contratos jugosos con los que locutores, presentadores y artistas hacían su “agosto”, como se dice coloquialmente. La inflación hizo que el dinero se devaluara, y que los famosos intercambios se convirtieran en las claves para que una figura pública tuviera ganancias. La regla del juego pareciera ser “dime cuántos seguidores tienes, y te diré quién eres”.

Pero ¿qué pasa con las figuras cuyo gran talento es indirectamente proporcional a su número de seguidores? ¿De qué viven nuestros talentos, cuando su número de seguidores no se acerca a los que pudieran tener figuras como Diosa Canales, Norkys Batista o Irrael?

Convertir su arte en un refugio, al que huyen al terminar de trabajar en áreas distintas. He aquí algunas de sus historias

Nos vemos “Donde Coquito”

Pocos conocen al hombre de la fotografía como Wilmer Machado. Venezuela lo conoce como Coquito, el apodo con el que Simón Díaz (nuestro “Tío Simón”) lo bautizó en el show Contesta por Tío Simón, al que llegó en 1985. 

Desde ese momento, Coquito se mantuvo como una figura constante en la televisión venezolana. Gracias a sus dotes como actor, cantante y bailarín, era invitado frecuente en programas como El club de los tigritos, la novela juvenil Entre tú y yo, novelas como Ka Ina, Guerra de mujeres o Negra consentida, solo por mencionar las más destacadas. Eso sin contar su participación en numerosos comerciales.

Más recientemente, a Coquito se le vincula más con shows de comedia, como la rutina de stand up Humor del negro, y con su programa La candela de Coquito, que se transmite por la emisora Candela pura 91.9 FM. A este mazo hay que agregarle una carta más, y es la de emprendedor en el área de productos de limpieza.

El pasado 7 de diciembre, Coquito inauguró la tienda Donde Coquito, especializada en artículos de limpieza e higiene personal, tanto importados como nacionales. Está ubicada en La California y es producto del esfuerzo entre el artista y sus dos socios.


Pienso que, lamentablemente, por nuestra propia culpa y responsabilidad, los artistas no tenemos jubilación. Dependemos de una obra teatral, de un canal de televisión, o de una emisora. Yo necesito algo que me permita tener tranquilidad económica y, sobre todo, mental


Wilmer Machado, Coquito

Donde Coquito permitirá también el llenado de recipientes de cloro, jabón, entre otros productos líquidos que puedan ser recargados. “La economía en este momento es parte primordial del venezolano. Yo no quiero pescar en río revuelto, sino vender pañuelos cuando todos están llorando. Yo confieso que era uno de los que estaban llorando”, explica el emprendedor.

Para asegurar el éxito de esta nueva empresa, el trío realizó una estructura para ofrecer servicio de delivery a futuro. También se plantean ofrecer servicios para hogares, incluso para las industrias. Esto, aprovechando la cantidad de quintas, condominios y empresas ubicadas en La California y sus alrededores.

Si usted va a la tienda, lo más probable es que se consiga a Coquito del otro lado del mostrador, y que sea él quien despache los productos de su preferencia. “Pienso que, lamentablemente, por nuestra propia culpa y responsabilidad, los artistas no tenemos jubilación. Dependemos de una obra teatral, de un canal de televisión, o de una emisora. Yo necesito algo que me permita tener tranquilidad económica y, sobre todo, mental”, explica Coquito.

El artista también afirma que Donde Coquito no es, en absoluto, una despedida. “Esto no es un retiro, es un negocio. Tuve la oportunidad de invertir en esta nueva aventura, y trabajar en ella para verla crecer”.

Consultarse con un actor

Y no estamos hablando de consultar qué es lo que dicen los astros, las cartas o los caracoles sobre tal o cual situación. Hablamos de ir a terapia con el actor que ha interpretado a personajes como Carlos Gardel en El día que me quieras, al memorable Fabricio de la película Azul y no tan Rosa, o incluso a José Gregorio Hernández con el unipersonal Gregory, canal de fe. Se trata de Sócrates Serrano.

Sócrates se licenció como psicólogo clínico en la Universidad Central de Venezuela aunque, a lo largo de su carrera, se ha dedicado más a la psicología organizacional. Tiene, con otros dos socios, una compañía llamada Talentos en Acción Latinoamérica, una empresa que desde hace 13 años se enfoca, en palabras del psicólogo actor, en “asesorar diferentes proyectos relacionados a temas como el liderazgo, trabajo en equipo, diagnóstico de cualidades y competencias, calidad de servicio, entre otros, que tienen que ver con el funcionamiento de las personas en las organizaciones”.

Serrano logró unir los cabos de la psicología y la actuación gracias a su especialización en psicodrama, un método terapéutico y grupal de participación que es utilizado como metodología en su empresa. Esto le ha permitido “fluir”, como él mismo describe, “con una mayor fluidez económica, y mantener mis ingresos”.

Admite que la actuación no le permite sobrevivir económicamente. “A pesar de que no me permite pagar las cuentas, sí me permite ser feliz”, explica con humildad. Se confiesa feliz expresándose como actor, y “permitiendo espacios de diversión, de bienestar y catarsis en su público”. Lamenta no haberlo logrado aún, pues siempre ha sido su objetivo.

Es el país quien coloca el obstáculo, no el talento de este actor que ha participado en películas como Azul y no tan rosa (que le valió el primer Premio Goya a Venezuela en 2013) y La noche de las dos lunas, ambas de Miguel Ferrari; El vampiro del Lago de Carl Zitelmann o, más recientemente, los Relatos de la cantautora Nati Román. También que otros colegas del teatro y la televisión, en la actualidad, obtienen sus ingresos a través de la publicidad que hacen en sus redes sociales, mas no gracias a su performance como artistas. “Salvo que hagan proyectos muy comerciales, y aún así resulta muy cuesta arriba en este momento”, afirma Serrano.

El cuatro más exitoso de Irlanda

¿Quién podría imaginarse, en pleno 2018, que un disco instrumental de cuatro podía alzarse con el Grammy Latino? Miguel Siso apostó a ello y ganó. El guayanés, con su disco Identidad y su cuatro triple (toda una curiosidad musical) se hizo con el gramófono dorado y le recordó a un país la importancia de sus raíces.

Recientemente, Siso publicó en sus redes (y en plataformas de música por streaming) la canción El Cardenal, una pieza de su autoría, compuesta para homenajear al violinista Alexis Cárdenas, y que también participa en la ejecución. 

Los costos de grabación y alquiler de estudios fueron asumidos por el canal ESET France, país donde reside Cárdenas. De hecho, El Cardenal fue grabada en los estudios Abbey Road París Actualmente, Siso produce los toques finales de su álbum Itinerante, donde el músico retrata la influencia de vivir en otro país.


Tú pones el precio de la entrada en este concierto, yo pongo todo mi cariño en cada nota


Miguel Siso, músico

Los dos discos de Siso marcan dos hitos importantes en su vida. “Identidad fue mi despedida, un disco que compuse para Venezuela, mi familia y mi esposa. Itinerante, por otro lado, expresa todas las influencias que he recibido desde que salí de Venezuela, y de mi esfuerzo como cuatrista en mantener ese vínculo con mi país. Habla de las nuevas lenguas, conocer sitios nuevos, de viajar por Europa”, explica el compositor.

Aprovechó el tiempo de cuarentena para componer. Confiesa, también, que su sustento económico proviene del trabajo que significa ser el productor de otros artistas. También es profesor, con un alumnado estable y otros nuevos, más recientes. Mientras los conciertos permanezcan restringidos, Siso se plantea seguir dando clases.

Mientras tanto, también lanzó su propio concierto digital a través de la plataforma Play2Fund, con el que el público podía fijar la entrada a pagar. En este concierto online, que se mantuvo en la página durante dos semanas, lo acompañaba su cuatro tradicional. “Pronto haré otro concierto, pero con el cuatro triple”, adelanta. 

En la página del concierto, Siso explicaba la dinámica: “Tú pones el precio de la entrada en este concierto, yo pongo todo mi cariño en cada nota”. Y le ha funcionado: al momento de escribir este artículo, Siso ya había logrado recaudar USD $1.111, de una meta de $1.200, que utilizará para seguir embarcándose en proyectos, y creando más música. 

40 años como asistente de dirección en cine

Cuando la familia convencional de Laura Goldberg se enteró de que ella quería perseguir su pasión por el cine, su familia casi considera botarla de la casa. Ella lo cuenta entre risas. “Incluso mi papá, que tenía una ferretería enorme, quería que yo la heredara para tener mi futuro asegurado”, recuerda. 

La intuición de Laura no le falló. Cuando su padre envejeció y enfermó de Alzheimer, Laura fue capaz de costear el tratamiento, gracias a su dilatada trayectoria en cine nacional.

La última película en la que participó no se ha estrenado. Lo único que se sabe, es que se llama Tarkarí de chivo. Eso fue el año pasado. Según Goldberg, después de esa película, en Venezuela no se rodó más nada. Después llegó 2020, y con el año el COVID-19, que puso tres puntos suspensivos a la actividad cinematográfica en Venezuela.


Mientras no se retome la actividad cinematográfica, Laura da clases en algunos diplomados de la Escuela Nacional de Cine, y mantiene un taller de Asistencia de dirección cinematográfica en el Ateneo de Caracas

Laura Goldberg

Son casi dos años los que Laura Goldberg tiene sin pisar un set. Cuando decretaron el estado de emergencia y se anunció la cuarentena, confiesa que llegó a pensar que, si pasaba mucho más tiempo sin estar en un espacio de filmación, se debilitaría “como una hojita amarilla”.

No ocurrió. Explica con orgullo que no se notan sus 60 años, ni los 40 que lleva trabajando como asistente de dirección y script, uno de los roles más demandantes en el mundo del cine, y cuyo nombre se refiere a la persona que debe ordenar las escenas no por orden cronológico sino por locación, y que las direcciones de arte, fotografía estén hilvanadas de manera correcta. “Es un trabajo que demanda mucha atención, me encanta y prácticamente soy la única mujer en Venezuela que aún lo hace”, afirma.

Mientras no se retome la actividad cinematográfica, Laura da clases en algunos diplomados de la Escuela Nacional de Cine, y mantiene un taller de Asistencia de dirección cinematográfica en el Ateneo de Caracas. Ella misma confiesa que su trabajo como profesora “solo la ayuda”, pero que no la sostiene económicamente.

Aún le quedan algunos ahorros, que ha sabido administrar comprando únicamente lo necesario: alimentos, y medicinas. Y nada más.

Recientemente se sumó a la iniciativa del bazar digital @bazarcineyaccion, donde algunos miembros de la comunidad cinematográfica promocionan sus “productos, emprendimientos y servicios”. Laura se refiere a esta vitrina como “una plataforma de divulgación y promoción de todo lo que estamos produciendo”.

Próximamente, Laura limpiará su casa para mejorar las energías que habitan en ella, y revisará qué libros podría vender en el bazar, mientras no vuelva al ruedo como script de algún afamado director venezolano.

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