Mientras que otros países ya vislumbran medidas y recomendaciones para recuperar la actividad cinematográfica, las autoridades venezolanas aún guardan silencio con respecto al futuro del cine nacional

Primero fueron los rodajes. A mediados del mes de marzo, ya Netflix había anunciado la suspensión de sus filmaciones en Estados Unidos y Canadá por el avance de covid-19. Las temporadas de series como Stranger Things, Grace y Frankie o Sex Life tuvieron que ser pospuestas por tiempo indefinido, así como las producciones de series como Grey’s Anatomy, Ninja Warriors y Riverdale.

Después, los estrenos. El gigante Universal decidió colocar en streaming los estrenos de Trolls, The invisible man y lanzará Peacock, su propio servicio de televisión digital.

El remake de Mulán, de Disney, fue retrasado, al igual que el estreno de Black Widow, Doctor Strange in the Multiverse of Madness, Thor: Love and Thunder, Wonder Woman 1984, entre otras que alimentan una larga lista de estrenos pospuestos.


CON UNA PANDEMIA ALTAMENTE CONTAGIOSA, LAS PRINCIPALES MECAS DEL CINE Y LA TELEVISIÓN PODRÍAN VERSE EN LA NECESIDAD DE ADAPTAR MEDIDAS EN PRO DEL DISTANCIAMIENTO SOCIAL


Con una pandemia altamente contagiosa, las principales mecas del cine y la televisión podrían verse en la necesidad de adaptar medidas en pro del distanciamiento social, mientras llega la ansiada vacuna contra el COVID-19 para colocar las cosas en su lugar.

Asalta entonces una pregunta: ¿cómo la pandemia podría cambiar la manera de producir y consumir cine? Más importante aún: ¿cómo puede hacerlo el cine venezolano?

El largo camino a la normalidad

Para Robert Gómez, crítico cinematográfico y guionista, la industria se mantiene atenta a los pasos de Hollywood, la meca del cine estadounidense –y mundial– y que maneja el mayor volumen de proyectos. El impacto del COVID-19 no ha dejado indiferente al titán del entretenimiento, pues es la primera vez en la historia que en la ciudad, ubicada en Los Angeles, no se rueda nada desde el mes de marzo.

El mutismo de Hollywood no implica que en el resto del mundo no se estén proponiendo medidas para retomar la normalidad de manera pronta y sin traumatismos. Gómez cita los casos puntuales de Suecia y Dinamarca, países que proyectan reanudar los rodajes a partir del 14 de junio.

En cuanto a España, ya circula en redes sociales y en la web de periódicos como El País una “Guía de buenas prácticas de medidas especiales para la prevención de riesgos audiovisuales del sector audiovisual” ante el coronavirus.

El documento, elaborado por el Ministerio de Cultura español, reúne aproximadamente 30 recomendaciones para ser aplicadas en proyectos audiovisuales. Entre ellas, destacan la organización de reuniones remotas mediante videoconferencia en detrimento de las presenciales, el uso de vehículos privados o de alquiler, como taxis, o la toma diaria de la temperatura con termómetro infrarrojo al incorporarse al trabajo. También se especifican los pasos que se deben seguir al finalizar cada jornada laboral para desinfectar los espacios.

Pero el caso espacio español también pide redimensionar los proyectos y reducir a la mitad el personal técnico para cada proyecto. En ese sentido Gómez señala el problema aritmético que esta restricción implica, ya que en promedio un set de grabación está compuesto por aproximadamente 120 personas incluyendo actores, productores y personal técnico. De aplicarse la reducción, significaría que el 50% del personal quedaría desempleado.


EN ESPAÑA SE HABLA DE REDUCIR EL AFORO DE LAS SALAS DE CINE AL 30% DE SU CAPACIDAD Y LA DISMINUCIÓN DE LOS HORARIOS EN OFERTA


El problema aritmético que señala Gómez también afecta a las salas de exhibición, cuyo funcionamiento se realizaría con un aforo equivalente al 30% de su capacidad. Esto implica una pérdida del 70% en la capacidad de espectadores en las salas y el aporte económico de los mismos.

La nueva experiencia cinematográfica post COVID-19 involucraría, según Gómez, la posible instalación de cámaras de ozono en la entrada de las salas y nuevos protocolos de saneamiento para desinfectar las salas, los baños y otras áreas comunes.

Volver al pasado

Corea del sur, Alemania, España e incluso la República Islámica de Irán experimentan el regreso de los autocines. El Madrid RACE, por ejemplo, ya ha hecho pruebas de proyección con clásicos vintage y la presencia de foodtrucks, que actualmente sirven cena a los vehículos cumpliendo con las normas sanitarias establecidas.

Actualmente proyectan clásicos acordes con la idea del autocine retro, con películas como Grease o Pulp Fiction. Sin embargo, para el mes de julio tendrán en cartelera el regreso de las novedades cinematográficas y poder volver a funcionar como un cine de estreno.

En Venezuela, el Circuito Gran Cine lleva la ventaja sobre los demás exhibidores con programas como el Cine móvil o el Cine balcón. Pero si bien estos programas gozan de una gran acogida en las comunidades donde han sido puestos en práctica, Bernardo Rotundo (director del circuito) explica que retomar los autocines no encuentra un terreno fértil en el país.

Rotundo indica que la creación de un autocine implica el acondicionamiento de los espacios a tales fines, lo que se traduce en un costo económico moderado. Si a ello se le agregan factores como la inseguridad y la escasez de gasolina, sin mencionar su respectiva venta en el mercado negro a un costo de 2 o 3 dólares por litro de combustible, concluimos que los autocines como medida alternativa durante la pandemia de COVID-19 es muy poco probable.

Sin embargo, Gómez destaca los cines al aire libre como una posible alternativa, al realizarse en espacios controlados que permiten regular el aforo y la proximidad entre los espectadores.


EN PAÍSES COMO ESPAÑA, ALEMANIA, COREA DEL SUR E IRÁN, EL REGRESO DE LOS AUTOCINES SE HA IMPUESTO COMO UNA ALTERNATIVA


Otro cine, ¿otro precio?

Tanto Gómez como Rotundo ven como poco probable que los cines aumenten el precio para poder aguantar la reducción de recintos, horarios y aforo. En el caso español, donde una entrada de cine cuesta aproximadamente ocho euros, Gómez explica que un aumento de costos se traduce en una desestimación del espectador, tomando en cuenta que las plataformas de streaming cobran entre 10 y 12 dólares mensuales a cambio de un apetitoso catálogo de películas y series en buena definición. “No tiene sentido que la entrada para una sala de cine cueste lo mismo”, apunta Gómez.

En el caso de Venezuela, Rotundo estima que el aumento en el ticket cinematográfico sea del equivalente a un dólar, y que sea cónsono a los tres meses (y contando) de inactividad en las salas. También prevé más dificultad para los exhibidores de recuperarse económicamente en vista de la disminución de los horarios y los gastos adicionales que implica la compra de los productos de limpieza y la contratación del personal necesarios para desinfectar las salas.

El cine venezolano antes del COVID-19

La pandemia de covid-19 no hace sino agravar una situación que ya venía ocurriendo, y es que el cine venezolano, con 120 años de historia, no ha logrado dejar de ser una industria emergente.

Si cada entrada vendida corresponde a un espectador, el promedio en Venezuela para 2015 era de 30 millones de espectadores en las salas. El declive vino un año después, con la crisis energética y los horarios de racionamiento que en 2016 hizo que se redujeran los horarios en los centros comerciales y, como consecuencia, en las salas de cine que funcionan dentro de los mismos.


DESDE 2015 HASTA 2019 LA DISMINUCIÓN DE ESPECTADORES EN LAS SALAS DE CINE EN VENEZUELA HA SIDO DE 63%


2017 fue el año de las protestas y 2018 del recrudecimiento de la crisis económica, con la entrada del país en hiperinflación. Al cierre del año pasado, el cine venezolano poseía apenas 11 millones de espectadores. En cinco años, el número de espectadores de cine en Venezuela se ha contraído en un 63%.

La disminución de los espectadores se traduce en pérdida de taquilla. Un porcentaje que deja de recibir Fonprocine, el fondo creado en la reforma de la Ley de Cinematografía Nacional que data de 2005, y cuyas funciones principales son el “fomento, promoción, desarrollo y financiamiento de la industria cinematográfica nacional”, además de permitirle a los productores recuperar lo invertido a través de la renta fílmica.

Hoy también hay menos salas de cine. El Diagnóstico del cine y el audiovisual, documento realizado por la Academia de las Ciencias y Artes Cinematográficas de Venezuela a mediados de 2019, explica que las 456 salas de cine en el país se redujeron a 370 en 2019.

Nueva normalidad a la venezolana

Rotundo estima que el regreso de los equipos a los rodajes y de los espectadores a la sala será lento, con la integración del concepto de “distancia social” tanto en los sets como en las salas. Si la afluencia de espectadores ya era débil, podría esperarse que al término de la cuarentena lo sea aún más.

Ya los distribuidores están tomando cartas en el asunto. Cinex, por ejemplo, afirmó en entrevista con El Nacional que se tomarán medidas como la desinfección de salas y baños, además de suministrar gel antibacterial. La boletería se realizaría de manera segmentada, respetando el metro y medio de distanciamiento recomendado para reducir la probabilidad de contagio.

De modo pues que el COVID-19 empeora una situación que ya parecía no tener compón en el corto plazo. Mientras tanto, el Ministerio de Cultura se mantiene en silencio. Una fuente vinculada al Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (Cnac) explicó que el Comité Ejecutivo de la institución aún no ha trazado planes sobre las directrices a obedecer, las acciones a tomar, o lo que se hará de manera inmediata. Esperan a que el Ejecutivo anuncie la fecha tentativa para el fin de la cuarentena.

Tampoco se sabe con exactitud qué películas podrían estrenarse este año, o cuáles podrían aplazarse. La fuente hizo la salvedad de Dos otoños en París, cuyo estreno en cines está previsto para octubre del año en curso. Yo imposible, de Patricia Ortega, no posee una nueva fecha de estreno.

En cambio sí están colocando su programación a la disposición de los cinéfilos, todo vía YouTube. Películas como Km 72, del director Samuel Henríquez, podrán verse en el canal del Cnac por tiempo limitado.

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