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jueves, 22 octubre, 2020

El camino de Luisa Pernalete hacia la paz

La Coordinadora de educación para la paz de Fe y Alegría fue reconocida con el Premio Monseñor Pellín 2019 por sus artículos de opinión en El Pitazo

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Un comprensivo «Manual para sobrellevar la educación en Venezuela» convirtió a la profesora Luisa Pernalete, integrante de la comisión de investigación de Fe Y Alegría, en la merecedora del Premio Monseñor Pellin 2019 en la categoría de Articulista web.

La mosca con la que Pernalete firma cada columna de El Pitazo indica que su usuario de Twitter es @luisaconpaz. Paz, qué palabra tan gastada. Es paz lo que promueve como postura el gobernante Nicolás Maduro cuando se refiere a los “ataques” de Estados Unidos por las sanciones económicas tomadas contra Venezuela.

Es paz lo que dice el letrero que surca la Cruz del Ávila y que Corpoelec enciende a conveniencia, utilizando 11.100 vatios en un país sumido en una crisis eléctrica. Es paz lo que el estado venezolano proclama, aún cuando Venezuela es el segundo país más violento del continente.

¿A qué paz se refiere entonces Luisa Pernalete? ¿Queda algún camino para la paz en Venezuela?

Un Pellín para Pernalete

Este miércoles la Conferencia Episcopal Venezolana premia, en la XVI entrega de los Premios Monseñor Pellín, reconoce a Luisa Pernalete como articulista de opinión en El Pitazo.

Ella no esperaba el premio, pero lo agradece con la sencillez que le caracteriza, y esa que es fácil de encontrar en los maestros que han tenido contacto directo y sincero con la población vulnerable de Venezuela.

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El lenguaje que emplea Luisa Pernalete en su columna de opinión recuerda al utilizado por Conny Méndez en sus libros de Metafísica cristiana: palabras «de a centavo» que cualquier niño o adulto de inteligencia promedio puede entender. Esa trinchera se ha convertido en un espacio donde entrega sugerencias a profesores sobre cómo hacer más amenas las clases, cómo lidiar con niños con hambre o cuyos familiares han migrado.

También comparte historias dolorosas, como el devenir de los niños sin acceso a la educación en los pueblos donde abunda el oro y la minería ilegal, pero también escasean los alimentos y la posibilidad de un futuro mejor. Pero no todo es negro, pues también relata la cruzada de Emmanuel y cómo a los 19 años logró aprender a leer y a escribir a pesar de que ningún colegio se negaba a recibirlo.

¿Marca el premio un antes y un después en la labor de Pernalete? Claro que sí. «Este reconocimiento ayuda a la difusión de los temas que suelo tratar en mis columnas: educación, derechos humanos y situación de los niños, niñas y adolescentes en Venezuela». En un país cuyos educadores escasean por los pésimos sueldos, estos temas deben cobrar mayor relevancia.

Una comunidad, una escuela

Más de 30 años de experiencia avalan la trayectoria de la profesora Luisa Pernalete y su importancia en la educación venezolana. Comenzó a sus 21 años, estudiando Educación en la Universidad del Zulia y trabajando con Fe y Alegría en una barriada popular de Maracaibo, capital del estado Zulia.

Luego viajó a México a estudiar. En su estadía, participó en un comité de solidaridad cristiana para ayudar a salvadoreños y guatemaltecos que llegaban al país huyendo de la guerra, de la pobreza, la falta de oportunidades y la violencia. En una entrevista concedida a amnistía.org, recuerda que las dificultades no la paralizaron. Al contrario, la impulsaron.

Después de México, continuó trabajando en barriadas de Maracaibo, y participó en un taller elemental de derechos humanos que dictaba una organización en ciernes llamada Provea.

Como directora de la sectorial Guayana de Fe y Alegría, enfocó su labor en visibilizar los derechos de los niños guayaneses, quienes eran indocumentados en su gran mayoría, y otros provenían de hogares de una pobreza tan grande que cuesta imaginarla. Su labor se tradujo en exigir ante la Corporación Venezolana de Guayana, durante cinco años, la concesión de un terreno para que los niños de comunidades vulnerables en San Félix pudiesen asistir a clases en condiciones dignas.

Este Premio Monseñor Pellín reafirma el compromiso de Luisa con la labor que lleva ejerciendo desde hace 45 años. No ha sido fácil, y el país actual indica que tampoco lo será. Pero ella se mantiene firme y serena en su propósito, sabiendo que el camino por el que va es el correcto. Decía Gahndi que no existía un camino para la paz, pues la paz era el camino.

Después de todo, la gota de agua rompe la piedra no por su fuerza, sino por su constancia. Y es que tanto piedra como Pernalete, empiezan con la misma letra.


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