En la tarde de este Jueves Santo se da comienzo al Triduo Pascual, que culminará en la vigilia que se celebra en la noche del Sábado de Gloria hasta la aurora del Domingo de Resurrección

Con la celebración del Jueves Santo no solo se abre el Triduo Pascual. En este día la Iglesia Católica celebra la institución de la Eucaristía en la Última Cena, pero a la vez con las palabras mismas de Jesucristo: «Hagan esto en conmemoración mía», se festeja a todos los valientes que dijeron sí, un sí de corazón como el de María a vivir una vida consagrada a Jesús y con el gesto del lavatorio de pies también a todos aquellos que dedican su vida a servir de manera humilde y extraordinaria a los demás cumpliendo el último mandamiento de Cristo.

En este día, que para algunos representa tristeza, dolor e incluso traición, se celebran tres grandes acontecimientos: la llamada Misa Crismal, que es presidida por el Obispo Diocesano y concelebrada por sus sacerdotes; en ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los demás óleos que se usan en la administración de los principales sacramentos. Junto con ello, todos los sacerdotes renuevan las promesas realizadas el día de su ordenación. Es una manifestación de la comunión existente entre el obispo y sus presbíteros en el sacerdocio y ministerio de Cristo, y es con este gesto como los sacerdotes celebran un año más de la institución de la vida sacerdotal.

Este año 2020, todas las celebraciones de Semana Santa serán sobrias y esenciales; el Papa ha instruido a hacer uso de todos los medios para hacer de cada hogar un templo. La Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice tuvo que organizar rápidamente las celebraciones que Francisco presidirá sin la presencia de los fieles, en una basílica de San Pedro medio vacía.

Nunca antes tanta gente había mirado al Papa gracias a los medios de comunicación. De hecho, Francisco quiere estar cerca de muchas personas que no pueden ir a misa y participar en las liturgias de este singular Triduo Pascual en tiempos de pandemia y aislamiento forzoso. El crucifijo de San Marcelo y el icono de la Salus populi Romani, que acompañó tanto la oración Urbi et Orbi del 27 de marzo como la misa del Domingo de Ramos, estarán siempre presentes.

Por la tarde se celebra la misa vespertina, donde se da introducción a la celebración del Triduo Pascual, donde las religiones, católicas o no, hacen memoria de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús; es así como el Jueves Santo llega a su máxima relevancia. Estos tres días culminarán en la vigilia que se celebra en la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.

Exposición de los Monumentos

Al comienzo de la celebración, el sagrario se presenta vacío, con la puerta abierta. El altar mayor, donde se celebrará la Santa Misa, se adorna con cirios, manteles y sin flores hasta la Resurrección.

Como en todas las celebraciones litúrgicas, esta se inicia con la entrada procesional, encabezada por los monaguillos, seguida por los ministros y finalizada por el celebrante principal. Mientras tanto, el coro acompaña con cantos, pues ya ha terminado la cuaresma y se va a celebrar uno de los momentos más importantes del año litúrgico: la Institución de la eucaristía y el mandamiento del amor.

Sintoniza aquí la misa de este Jueves Santo a las 6:00 pm o agrega el recordatorio en Youtube.

Los cantos de esta celebración están enfocados a la celebración de la institución de la eucaristía. El color de esta celebración es el blanco, que sustituye al morado.

La celebración se realiza en un ambiente festivo, pero sobrio y con una gran solemnidad, en la que se mezclan sentimientos de gozo por el sacramento de la eucaristía y de tristeza por lo que se recordará a partir de esa misma tarde de Jueves Santo, con el encarcelamiento y juicio de Jesús.

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Una vez que se ha repartido la Comunión como de costumbre, el Santísimo Sacramento se traslada desde el altar donde se ha celebrado la misa en procesión hasta el llamado “Altar de la reserva” o “Monumento”, un altar exclusivo preparado para esta celebración, que debe estar fuera del templo y de la nave central, debido a que en la celebración del Viernes Santo no se celebra la Eucaristía. Durante la procesión, hasta la llegada al lugar del Monumento, se entona algún himno eucarístico; el sacerdote deposita el copón con el Santísimo, debidamente cubierto, dentro del sagrario de la reserva, y puesto de rodillas, lo incensa. Por lo general, no da la bendición con el Santísimo ni reza las alabanzas, sino más bien se queda unos instantes orando en silencio. Antes de retirarse, cierra la puerta del sagrario de reserva, hace genuflexión y se retira.

Automáticamente, una vez se ha reservado al Santísimo, los oficios del día jueves finalizan, pues la celebración continuará al día siguiente y se nos invita a conmemorar al día siguiente la muerte del Señor.

El luto de la Iglesia

En algunas parroquias se celebra a continuación un sencillo acto de denudación de los altares, en el que los sacerdotes y ministros retiran candeleros y manteles de todos los altares de los templos y las imágenes son cubiertas con sabanas moradas.

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Durante la noche se mantiene la adoración del Santísimo en el “Monumento”, celebrándose la llamada “Hora Santa” en torno a la medianoche, quedando el Santísimo allí hasta la celebración del Viernes Santo. Esta reserva recuerda la agonía y oración en Getsemaní y el encarcelamiento de Jesús, y por eso los sacerdotes celebrantes piden que velen y oren con Él, como Jesús pidió a sus apóstoles en el huerto de Getsemaní. Una vez han terminado los oficios, se rememora la oración y agonía de Jesús en el huerto de los olivos, la traición de Judas y el prendimiento de Jesús, que se suele celebrar con procesiones en la tarde-noche del Jueves Santo.

Los siete templos

En algunos lugares, existe la tradición de visitar siete monumentos en distintos Templos de una misma ciudad, para recordar las siete estaciones de la agonía de Jesús en el Huerto y su posterior arresto.

La fraternidad en el Jueves Santo

Desde hace unos años, la Iglesia Católica celebra el Jueves Santo como día del amor fraterno, bajo la premisa de que Dios nos amó tanto que nos dio a su Hijo Único para que fuéramos salvados creyendo en Él, y Jesús entregó su vida a cambio de la nuestra y no hay prueba de amor más grande que la del que da la vida por los suyos. Y no solo bastándole eso, en la locura de amor más grande por nosotros, no solo se entrega y da la vida, sino que se queda con nosotros bajo las apariencias del pan y el vino; Su sacrificio de amor más grande: la cruz. Su regalo de amor más grande: la eucaristía.

Por tanto, que este jueves Santo no represente tristeza para ti, sino que al contrario, represente una verdadera felicidad y una respuesta de amor ante el mandamiento que nos dejó Cristo de amarnos como Él nos amó, sirviendo a los demás, que la eucaristía sea un cumplimiento más de su palabra en ti, pues en ella se cumple su promesa de estar con nosotros siempre hasta el final de los tiempos; por tanto, no permitas que el pecado te quite la gracia de poder comulgar, para que cada vez que comulgues se cumpla en ti su última promesa.

Si ves a un sacerdote, ora por él y agradece a Dios por su valentía al dar el sí a la vida sacerdotal y si puedes felicitarlo por un año más de tan grande ministerio y misterioso sacramento, pues sin ellos la eucaristía no sería posible. Como dijo Peter Parker (Spiderman), tienen en sus manos un gran poder, pero que lleva una gran responsabilidad. Jueves Santo, día de entrega y servicio con y por amor a Jesucristo en cada hermano.

Por: David López | Con información de Catolicos Con Acción  y Vatican News

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