Así se coordinó la «Generación del hambre», premio Ortega y Gasset 2019

meta_valwn

Un equipo conformado por Armando Altuve, María Jesús Vallejo, Sheyla Urdaneta, Liz Gascón, Mariángel Moro, Jesymar Áñez, Rosanna Battistelli, María Fernanda Rodríguez, Giovanna Pellicanni, Mariana Duque, Oriana Faoro, Pedro Izzo, Laura González y Bianile Rivas generó el seriado multimedia «La generación del hambre», proyecto coordinado por Johanna Osorio y que fue reconocido el día de hoy con el premio Ortega y Gasset a la Mejor cobertura multimedia del año.

La categoría reconoce, de acuerdo con criterios de calidad y de rigor periodístico, «el mejor trabajo publicado durante el año 2018, originariamente en español y en formato multimedia, en cualquier medio de comunicación».

La estructura de «La generación del hambre» parte de una hipótesis: la llegada de Nicolás Maduro al poder agravó la crisis de desnutrición infantil en Venezuela. Esto llevó a la investigación de informes tanto de organizaciones no gubernamentales como de entes oficiales e, incluso, informes realizados por entes internacionales. Sin embargo, Osorio aclara que uno de los mayores obstáculos para la investigación fue la ausencia de publicaciones oficiales con data sobre desnutrición infantil, tasa de mortalidad, entre otros indicadores.

El Ministerio de Alimentación no publica las Hojas de Balance de Alimentos desde el año 2007 ni el Anuario del Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional desde 2008. El Instituto Nacional de Estadísticas, adscrito al Ministerio del Despacho de la Presidencia, no difunde la Encuesta Nacional de Seguimiento al Consumo de Alimentos desde 2015. 

«En un informe de la FAO determinamos que los indicadores que debíamos determinar eran los relacionados con la seguridad alimentaria, que son los que atañen al Estado, y es precisamente al Estado al que queríamos responsabilizar», comenta Osorio, quien trabajó, en conjunto con su equipo, indicadores relacionados con la disponibilidad de alimentos y la accesibilidad a la alimentación.

La investigación

La piedra angular de la «Generación del hambre» es su coordinadora, Johanna Osorio, quien trabajó a su vez de la mano con Connectas, red de periodistas latinoamericanos. En un principio, la idea de Osorio era tomar una historia por cada uno de los 23 estados del país. Sin embargo, la idea depuró hasta tomar el formato seleccionado: una historia por región, para completar el total de ocho niños diagnosticados clínicamente como desnutridos.

Cada historia de desnutrición fue avalada con ayuda de organizaciones no gubernamentales y nutricionistas que chequearon el estado de cada niño. Los investigadores delimitaron el rango desde 2013, año en el que Nicolás Maduro asumió la Presidencia de Venezuela, hasta el año 2018. La razón de escoger este lapso de tiempo se debe a que los estímulos positivos o negativos que recibe un niño hasta los cinco años son los que determinan su adultez.


LEE TAMBIÉN: 

REPORTAJE DE EL PITAZO «LA GENERACIÓN DEL HAMBRE» FUE GALARDONADA EN LOS PREMIOS ORTEGA Y GASSET

«Los niños que padecieron desnutrición antes de los cinco años tienen daños físicos, emocionales e intelectuales que son irreparables. Y todo a causa de las malas políticas económicas tomadas por el Estado», concluye Osorio.

La investigación tomó ocho meses y fue publicada en diciembre, no solo con las historias de cada niño, sino con el testimonio de nutricionistas, médicos y especialistas. Es el caso de Mariana Duque, quien entrevistó a especialistas sobre los índices de desnutrición infantil en la frontera venezolana con Colombia, específicamente en los municipios Bolívar, Ureña, Umín, Torbes y Los Capachos del estado Táchira, donde el problema es mayor. Duque explica que en Torbes, por ejemplo, hay niños cuya dieta se basa únicamente en arroz, y sus padres dejan que duerman la mayor parte del día para que no pidan desayuno.

Las historias

Lo que más recuerda María Jesús Vallejo de Carlos, fue su incapacidad para hablar. Con cinco años reconoce su nombre y atiende a direcciones. «Entiende absolutamente todo, pero no habla», comenta. Incluso con su madre, explica, habla muy poco.

Los doctores a los que entrevistó Vallejo para su caso explicaron que la no verbalidad de Carlos podría estar vinculada a una dieta deficiente que le impide tener energías, incluso para gesticular unas pocas palabras. Durante su investigación, Vallejo traza el alcance de iniciativas del Gobierno bolivariano para combatir la desnutrición, como la creación del Ministerio de Alimentación (2003) y los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) (2016).

Armando Altuve, quien fue premiado con el Premio Roche de periodismo por la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, cubrió el caso de un niño que falleció poco antes de cumplir los cinco años. Su agudo marco de desnutrición lo llevó a sufrir de una sepsis, que le causó dolores crónicos de estómago y vómitos. Sin embargo, por políticas de Estado, la desnutrición no figura como causa de muerte en el acta de defunción del niño.

Su madre mantenía a cuatro niños con la venta de bolsitas de café y azúcar en la autopista, y los ingresos obtenidos le impedían comprar frutas, verduras, proteínas y otros ingredientes para elaborar comidas balanceadas y nutritivas. «A pesar del ingreso de ayuda humanitaria, el Estado aún no reconoce que existe una crisis aguda en materia de nutrición», explica Altuve.

Cada dato, cada historia, cada aporte de «La generación del hambre» cuenta con infografías de Antonio Ramón Hernández y Elsy Torres, coordinadora de infografía y diseño de El Pitazo. «Los relatos del proyecto están enmarcados en una realidad que se demuestra con cifras en infografías. Traducir esos datos y ver los rostros que sufren en medio de ellas fue tan revelador como demoledor«, afirma Torres.

Sheyla Urdaneta, editora del especial, resume el espíritu de cada historia y el objetivo de sus investigadores: «Los niños siguen teniendo sueños, pero tienen hambre. Y no hay nada más doloroso para un país que su generación más joven esté sufriendo los embates a los que la somete el Estado que no tiene como prioridad el derecho humano a la alimentación».

DÉJANOS TU COMENTARIO