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lunes, 18 enero, 2021

Alejandra Oraa: “Sobrevivir la tragedia de Vargas me hizo más fuerte”

Su carisma y talento son indiscutibles. La venezolana Alejandra Oraa deja huella en la televisión estadounidense enalteciendo sus raíces, esas que la unen a La Guaira y la hacen una mujer con ímpetu caribe. La joven periodista enfrentó, junto a su familia, uno de los episodios más importantes de la historia moderna venezolana: la Tragedia de Vargas. Oraa convirtió su experiencia en una fuente de aprendizaje

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Caracas.- Cada 15 de diciembre, Alejandra Oraa celebra la oportunidad de estar con vida. Escribe en sus redes, llama a sus padres y hermana, conversa con sus amigos de la infancia y quienes fueron sus vecinos en Tanaguarena, hasta 1999.

La fecha no es un hito de tristeza, pero sí de nostalgia. Ese día, la joven y exitosa periodista que marca pauta en sus programas “Café CNN” y “Destinos”, recuerda la Tragedia de Vargas, uno de los episodios más importantes de la historia moderna venezolana, de la que ella y su familia son sobrevivientes. Una tragedia que no la define, pero que le enseñó a ser más fuerte y optimista, reforzando un mantra personal de terquedad que la impulsa a levantarse frente a cada caída.

“Nos pueden pasar cosas malas, a veces por culpa de uno, por las circunstancias, pero quienes sobrevivimos la Tragedia de Vargas sabemos que, en los momentos más oscuros, siempre tenemos que buscar una forma de salir adelante. Somos más optimistas que el promedio, porque cuando se ha perdido todo lo material, pero te queda la vida, solo puedes seguir luchando”, cuenta Oraa, quien conversó vía telefónica con El Pitazo, a propósito de la conmemoración de los 21 años del deslave en el Litoral Central, el pasado 15 y 16 de diciembre.

Oraa y su familia eran residentes de una de las urbanizaciones más bonitas del este de Vargas, Cerro Grande, que paradójicamente fue, junto a Los Corales y Carmen de Uria, de los espacios más devastados. De hecho, hoy de Cerro Grande no queda vestigio del urbanismo y las tierras son ocupadas por maquinaria y equipos de concreto del gobierno local.

“Sentimos que volvimos a nacer y agradezco que aunque lo haya perdido todo, estamos en la estadística de los que seguimos con vida. Yo no perdí familia, pero sí a seres queridos. Tenía 12 años en esa fecha y ver la forma en que lo manejaron mis padres, la forma en que también yo lo manejé, pues mi mundo cambió de la noche a la mañana, me hace ver la experiencia como una fuente de aprendizaje. Tuvimos que empezar desde cero y eso nunca es fácil, pero cada caída siempre nos permite sacar una lección, un aprendizaje, al levantarnos”.

Foto: cortesía CNN

De aquellas lluvias a CNN

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Alejandra Oraa se recuerda como una niña feliz en La Guaira, en las fechas previas a la tragedia. Una niña sonreída, que estudiaba en el Instituto Los Corales en Caraballeda. Ella nació en Vargas y su familia se instaló en el Litoral Central, pues su padre trabajaba e hizo carrera en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía.

Las lluvias torrenciales de diciembre de 1999 saturaron los suelos de la montaña y el caudal del río homónimo se transformó en verdugo para Cerro Grande. Oraa y su familia se protegían en su casa, identificada con el nombre de “Alegra”. Sobrevivieron juntos en el tercer piso de la estructura que quedó completamente tapiada. Hubo miedo y dolor, pero también valentía.

“Hay imágenes que mi mente, quizás por protección, borró. Pero lo que vivimos fue intenso. A los días nos rescató un helicóptero, que nos sacó de allí hasta el hotel Macuto Sheraton. Luego del Sheraton, otra vez subimos al helicóptero para llegar a Caracas”.

La familia de Alejandra Oraa se instaló en la capital venezolana por ocho meses. “Al mudarnos a Caracas nos costó adaptarnos. Había mucha añoranza por lo que habíamos perdido”.

Sus padres decidieron emigrar a Estados Unidos y lo materializaron en agosto de 2000. “Perdimos nuestro concepto de hogar, desarrollarlo un tiempo después fue complicado, pero como todos los que sobrevivimos a esa tragedia, aprendimos cómo sobreponernos y encontrar la forma de salir adelante. Mis padres decidieron reconstruir nuestras vidas y decidieron poner distancia para que fuera menos doloroso”.

Alejandra Oraa de niña frente a su vivienda en la urbanización Cerro Grande en Tanaguarena, al este del estado Vargas | Foto cortesía

Como migrante, Oraa afirma estar agradecida por las oportunidades, las que ella supo aprovechar con inteligencia y talento tras estudiar en la Saint Thomas University. A los 18 años trabajó como reportera de TV Azteca en Miami. Apareció en las pantallas de Fox Sports y a los 23 años de edad se convirtió en la periodista más joven en trabajar en la producción de noticias para CNN en Español y CNN Internacional.

Este año 2020 ganó tres de los galardones más importantes para la televisión de Estados Unidos, el Day Time Emmy por sus programas “Café CNN” y “Destinos” que, sumados a los cuatro que ya había obtenido, la convierten en la primera venezolana en tener en su haber siete premios Emmy.

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Para Oraa, el éxito, más que con premios, está relacionado con “hacer lo que a uno le gusta, con la mayor honestidad posible. Eso lo agradece el público que, prácticamente, se volvió parte de la cotidianidad de quienes trabajamos desde casa, en medio de la realidad que impuso la pandemia este año”.

Durante su última visita a Venezuela Oraa visitó el terreno donde estaba su casa, hace 21 años. El arraigo le sirve de inspiración para asumir nuevos retos | Foto: cortesía

Con La Guaira en el corazón

De carisma y talento indiscutible, los seguidores de la periodista valoran su honestidad y el orgullo por sus raíces, esas que la unen a La Guaira y la hacen una mujer de ímpetu caribe. “La forma de ser mía es muy de la costa, muy de La Guaira. Es que yo crecí en el estado más alegre de Venezuela”.

En febrero de 2020, Alejandra Oraa visitó el país y regresó a Vargas. Se reencontró con familiares y amigos. Fue a sitios icónicos en su vida: el mar Caribe, el restaurante El Rey del Pescado en la vía a Naiguatá, su colegio y llegó al terreno donde alguna vez estuvo su hogar en Cerro Grande. “Quizás lo que más duele es que a pesar de mi arraigo, yo no tengo a donde regresar. Uno siempre tiene la añoranza por la casa de la infancia, que lamentablemente ya no está”.

A pesar de la ausencia, Oraa se complace en el ayudar a otros y promover la empatía. Actualmente es Embajadora de buena voluntad para América Latina y el Caribe para ONUSIDA, plataforma que defiende los derechos humanos relacionados con el VIH.

“Tras la tragedia recibimos apoyo de mucha gente. Entendían por lo que estábamos pasando, sin ellos haberlo vivido. Esa también fue una lección. Como vocera de ONUSIDA digo lo mismo. Basta con comprender y respetar a una persona, desarrollar la empatía, para construir un mundo más amable”.

En retrospectiva, Oraa piensa que tras la experiencia de 1.999, ni ella, ni su familia, se podían imaginar el éxito que alcanzaría. “Es que la tragedia no te define. Te define lo que tu saques de ese aprendizaje. Te definen tus metas y tus sueños y como te esfuerzas en materializarlo. Es entender que a pesar de los días difíciles, que todos los tenemos, vendrán días mejores”.

Para Alejandra Oraa todo parece posible. Su próximo sueño es ver a su equipo amado, los Tiburones de La Guaira, ganar un campeonato de béisbol profesional venezolano. Ya lo dirá el 2021.

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