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jueves, 27 enero, 2022

A Armando Scannone hay que agradecerle su invaluable servicio a Venezuela

A don Armando Scannone solo queda agradecerle y honrarlo. Fue un compatriota ilustre, universal, cuyo trabajo disfrutamos y aprovechamos los amantes de la buena mesa, más allá de la nacionalidad. Cada vez que abran uno de sus libros y hagan una receta, recuerden que ahí está Venezuela. ¡Gracias, infinitas gracias!

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Por Vanessa Rolfini A. @rutasgolosas

Armando Scannone partió de este mundo que tanto disfrutó, por no decir que gozó, a los 99 años. Para la mayoría de los venezolanos es el autor del libro rojo Mi Cocina. A la manera de Caracas, cuya elaboración es un relato mil veces contado, pero no lo suficiente. Aquí empieza la verdadera historia, porque no es solo un recetario; es una fracción de nuestra historia y cultura que nos permite reproducir una y otra vez nuestro acervo culinario.

Mi Cocina es un verdadero best seller editorial al que se le puede «culpar» de estar entre los responsables del resurgimiento de la cocina venezolana. Lo conforman 742 recetas, en las que están las instrucciones para hacer desde café negro hasta hallacas. Parece que nada quedó por fuera. Ostenta la posición del más vendido después de los textos escolares y la Biblia, y superadas las 30 ediciones, suman más de 100.000 ejemplares vendidos.

Armando Scannone era ingeniero civil de profesión. No cocinaba y tampoco era su prioridad hacerlo. Entendía lo que pasaba en los fogones, tenía la memoria precisa, la curiosidad, la nostalgia, el tiempo, el gusto por el placer de comer y los recursos para dedicarle una década a un recetario familiar.

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Él, Elvira Fernández y Magdalena Salavarría, como sus grandes aliadas, cada día se dedicaron a probar, rehacer, preguntar, investigar, rescatar, asentar, registrar, como si se tratase de un manual de procesos, porque la intención siempre fue clara: que siguiendo las instrucciones al pie de la letra, con paciencia y sin importar el nivel de destreza del cocinero, la receta saliera correctamente. Ese ha sido el gran secreto de su éxito.

Este libro nació sin saber que lo era, sin la aspiración a llegar a librerías, impulsado por la necesidad de preservar algo personal, los sabores de la cocina de su mamá, Antonieta Tempone. Por mucho tiempo fue una gruesa pila de hojas escritas a máquina. Luego se reprodujo en esténcil para familiares y amigos, hasta que un día, por cuestiones de practicidad, decidió llevarlo a la imprenta.

A finales de 1981 le dio orden al material, hicieron las fotos en su casa (las que aparecen al final del libro), y se fue a España, donde después de evaluar los números decidió imprimir 5.000 ejemplares, sin tener idea del espacio que ocupaban. Cuando llegaron a Caracas meses después, ninguna distribuidora quería tomarlo, alegando, palabras más, palabras menos, que quién compraría un libro sin fotos de todas las recetas. Lo cierto es que la Distribuidora Santiago aceptó el reto y en diciembre de 1982 llegó a las librerías. Ese mismo mes se agotó. El éxito fue inmediato.

De ahí en adelante el nombre Scannone y el “libro rojo” (como se le conoce popularmente) se hicieron de dominio público. Consideremos un mundo sin redes sociales, donde funcionaba el boca a boca y una que otra referencia en prensa escrita. Luego escribió en varios medios impresos y se animó a hacer otros libros: el azul, en el que están sus versiones de las recetas; el amarillo, de menús; el verde, pensando en temas nutricionales, y así sucesivamente.

Cuando en la primera década de este milenio hubo un boom de la cocina venezolana, todos los chefs y estudiantes de cocina lo tenían como texto de cabecera, pero mucho antes de eso ya era materia obligada de cocineros aficionados y expertos, que querían darse el gusto con platos que hasta pensaban olvidados.

La lección de Scannone

Scannone nos deja muchas lecciones: sus recetas y la manera correcta de hacerlas, asumir con responsabilidad y paciencia un proyecto, la generosidad de compartir información preciada sin mezquindad y con mucha honestidad, mostrarnos que podemos y debemos sentir orgullo por nuestra gastronomía y que esta no se limita a 15 o 20 platos. Actualmente parece que una década para elaborar un recetario es inviable, pero los resultados hablan por sí solos: casi 40 años después se sigue utilizando tanto o más que el primer día.

A Armando Scannone se le reconoció su labor en vida y siempre tuvo conciencia de eso. Estuvo rodeado de admiración, respeto y afecto en los ámbitos privado y público. Era una buena persona, trabajador, honesto, preocupado, informado, generoso, discreto, y quien, con o sin intención, hizo de la cocina un espacio donde la venezolanidad es sinónimo de orgullo y redención. Personalmente, tuve el honor de compartir su mesa, de entrevistarlo muchas veces, de sostener largas conversaciones con él, de contar con su buen consejo, su apoyo, su opinión sincera y su amistad. ¡Afortunada yo!

A don Armando Scannone solo queda agradecerle y honrarlo. Fue un compatriota ilustre, universal, cuyo trabajo disfrutamos y aprovechamos los amantes de la buena mesa, más allá de la nacionalidad. Cada vez que abran uno de sus libros y hagan una receta, recuerden que ahí está Venezuela. ¡Gracias, infinitas gracias!

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