A los 37 años y luego de 17 en el oficio de enfermería –pausados por esos retiros a los que obliga el hambre cuando el sueldo no alcanza– esta profesional egresada de la Universidad de Los Andes y del Instituto de Altos Estudios Arnoldo Gabaldón vuelve a sus orígenes de cuidadora de salud. Aprovecha con honor la demanda de servicios en hogares por COVID-19

He vuelto a un punto cero, confiesa Wilcary Alvarado. Siente que ha hecho de todo en la vida para sobrellevarla y mantener a sus dos muchachos, Marcelo y Laura. Su tránsito se ve azaroso. A los 37 años y luego de 17 en el oficio de enfermería –pausados por esos retiros a los que obliga el hambre cuando el sueldo no alcanza– vuelve a sus orígenes de cuidadora de salud.

Ahora, Wilcary se estrena formalmente en la modalidad de enfermería a domicilio. Lo ve raro, pero las circunstancias le son favorables. En estos momentos de máximo contagio de COVID-19 hay una demanda de servicios de asistencia en los hogares que aprovecha con honor. “Se abre un camino en lo que me apasiona, en lo que sé hacer y en lo que, sin duda, me puede resultar mejor, económicamente, que vender mangos o hacer manualidades”.

Marcelo, uno de los hijos de Wilcary tiene una condición especial. Por él y por Laura se desempeña en lo que salga, “menos vender mi dignidad”, asegura. Trabaja manualidades de todo tipo, tiene una página en Facebook e Instagram que se llama «CreacionesLaurita» y trabaja virtualmente. Se ayuda elaborando murales, avisos, vendiendo lácteos, sopas y mangos. Ha hecho de aseadora, mesera, animadora, decoradora, empaquetadora; y ahora, de enfermera a domicilio.

En esta última faceta, Wilcary se prepara para hacer pedagogía. Cree que aún en este siglo, y en nuestro país, hay poca valoración del servicio profesional de la enfermería. “Todavía las personas no se acostumbran a que los cuidados de enfermería conllevan conocimiento científico y altruismo profesional”, precisa para referirse a los pagos justos. “No debe haber usura, pero tampoco calcar los honorarios de miseria del Ministerio de Salud”.

La oferta de servicios de Wilcary apareció este miércoles 7 de julio por las redes sociales. En su historia y muros de Facebook y en su estado de WhatsApp apareció su intención de servicio y la lista de lo que puede resolver en casa de cualquier enfermo. “Administro cualquier terapia, pero deben advertir si hay algún diagnóstico de COVID-19: Debo protegerme, cuidar de mi salud, y de la de mis hijos y mi madre, pues ellos dependen de mí», escribió en el mensaje.

El servicio a domicilio de esta profesional de la enfermería y de la salud pública, egresada de la Universidad de los Andes y del Instituto de Altos Estudios Arnoldo Gabaldón, abarca cuidados neonatales, postoperatorios, acompañamiento del adulto mayor, cuidado y confort de pacientes encamados, curas quirúrgicas, colocación y cambio de sondas nasogástricas y vesicales, cateterismo periférico de vías venosas. Tratamientos parenterales y enterales (intramuscular, intravenoso, subcutáneo e intradérmico), masajes terapéuticos y relajantes, control de tensión arterial y glicemia capilar y toma de muestras venosas y secreciones.

Este emprendimiento personal no es un azar, no es una oferta vacía. Wilcary Alvarado se ha preparado por dos décadas en universidades de prestigio venezolanas y ha prestado servicios especializados de enfermería en los hospitales universitarios de Los Andes, en Mérida, y Miguel Oraá, en Guanare. En esta última ciudad también cubrió vacantes administrativas y de epidemiología en el sector público de salud. Fue jefa y supervisora del Programa Ampliado de Inmunizaciones, además del Programa de Vigilancia Epidemiológica. “Aprendí a romper paradigmas y amar una profesión que lleva tanta humildad. De manera que nada me ofende”.

Profesión muy humana

Wilcary Alvarado considera que es muy difícil ejercer una profesión tan humana en estos tiempos de deshumanización, “donde hay limitaciones de insumos y donde la situación del país es un caos, que conduce a los bajos salarios y a inexistentes reivindicaciones salariales”. Pese a ello, se siente orgullosa de ser enfermera, de haber hecho tanto por su patria, y aun seguir haciendo en medio de la emergencia humanitaria y de la pandemia.

Reafirma que ama el uniforme blanco, pulcro. Ve a la enfermería como la profesión de este siglo. “La defino como la ciencia del cuidado humano. La pandemia por el COVID-19 ha permitido que cada profesional de la enfermería del mundo lo demuestre”.

Valora que haya enfermeras muy capacitadas, con grandes conocimientos científicos, pero también que hay mucho camino que recorrer en la defensa de la profesión. “Hacen falta profesionales sensibles que bañen a los pacientes en áreas de medicina crítica, que den masajes a los inmovilizados o, simplemente, que les tomen la mano para que no mueran solos”.

Es en ese aspecto humano donde entra el concepto de enfermería de Wilcary: en el detalle más simple.

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