El blackout que sufrió Venezuela hace un año afectó todo el sistema eléctrico del conjunto residencial El Parque, ubicado en los Jardines de El Valle. Durante varios meses las fallas intermitentes modificaron el estilo de vida de las 162 familias hasta que en octubre todo el edificio quedó en tinieblas. Ante la indolencia de las autoridades, los habitantes de la edificación se organizaron y con sus propio esfuerzo y recursos 66 días después lograron resolver el problema para iluminar sus hogares

#APAGÓN2019 UN AÑO OSCURO

Cuando la tarde del pasado 28 de diciembre las luces se encendieron desde el piso 20 hasta la planta baja, la risa de los niños y el “Gracias a Dios” de los mayores retumbó en todo el edificio Residencias El Parque, en Jardines de El Valle. Desde el 7 de marzo de 2019, fecha en la cual toda Venezuela quedó sumida en la oscuridad, fallas recurrentes afectaron a la edificación, que quedó totalmente en tinieblas en octubre, pero los propios vecinos tomaron la iniciativa ante la desidia de las autoridades para resolver y llevar la paz a 162 familias.

Durante el primer apagón nacional, que cumple un año, los vecinos de este edificio de la parroquia El Valle, en Caracas, jamás se imaginaron que para ellos los efectos colaterales de esa falla masiva serían peores. Las luces del estacionamiento y las externas del conjunto nunca volvieron a encender, y posterior al resto de los apagones del 25 y 29 de marzo, el 9 de abril y el 22 de julio que afectaron a 90% del país, pequeños cortocircuitos comenzaron a debilitar el sistema eléctrico del edificio. 

Entre ruidos de los cables cuando hacen contacto, bajones constantes y cortes repentinos pasaron los meses siguientes a marzo para las familias que habitan los 106 apartamentos de la torre “El Parque”. 

Ellos trataron de adaptar sus rutinas y sus ojos a la oscuridad repentina e intermitente hasta que el 22 de octubre la luz se fue y la falla que era eventual, aunque constante, se convirtió en la nueva realidad para los habitantes de Residencias El Parque. 

66 días a oscuras

Mientras veía televisión esa tarde de aquel 22 de octubre, Sileni Díaz escuchó claramente ese ruido particular de la corriente saliendo de los cables, pero la continuidad de los apagones la hizo pensar que no se trataba de nada irregular.

Al poco tiempo se escuchó un estallido y de los pisos 4, 5 y 6 comenzó a salir fuego. Sileni se dio cuenta que no era algo normal. Pero no tuvo la certeza de la magnitud hasta el día siguiente que Corpoelec atendió el llamado y envió a una cuadrilla que anunció un daño en el sistema de cableado.

Una explosión en el ducto de electricidad fue el diagnóstico de los funcionarios de la empresa del Estado que cuando llegaron no tuvieron mucho trabajo, pues un amigo de la comunidad había cortado la corriente para evitar que el cuarto de electricidad estallara.

Los vecinos de El Parque supieron que debía ser reemplazado todo el cableado interno que se había quemado y decidieron instalar una regleta en la oficina de la Junta de Condominio, único espacio con energía eléctrica en todo el edificio, para cargar por turnos los equipos celulares y médicos de las personas que residen en el conjunto.

Los 106 apartamentos se quedaron sin luz indefinidamente luego de todos esos pequeños apagones, que solo eran avisos de la tragedia que venía. La junta de condominio se activó e iniciaron un periplo de peticiones de ayuda ante Corpoelec,  el consejo comunal de Jardines, la alcaldía de Libertador, el Ministerio de Energía Eléctrica y hasta la Vicepresidencia, pero ningún llamado fue atendido.

La excusa era la falta de material o recursos para cambiar los cables. Hilda de la Concha, otra vecina de esta comunidad, recuerda que Corpoelec alegó que no era parte de su labor hacer la reparación, pues el daño estaba dentro del edificio.

“Desamparados”, esa es la sensación que utilizaba Hilda para describir la situación de los vecinos en ese lapso. A todos los lugares a los que fueron solo recibieron excusas, promesas que no llegaron o simplemente negativas a su solicitud. 


«DESAMPARADOS», ESA ES LA SENSACIÓN QUE UTILIZABA HILDA PARA DESCRIBIR LA SITUACIÓN DE LOS VECINOS


“Buscamos propuestas privadas y los presupuestos rondaban entre los 10.000 y los 71.000 dólares porque este es un edificio de 51 años de construido y se necesitaban 39 bobinas de cable para poder hacer la reparación”, contó De la Concha.

Ya había pasado más de un mes y los vecinos de El Parque seguían a oscuras y sin ninguna respuesta de las autoridades. Con la oscuridad aumentaron los robos en la zona, empeoró la calidad de vida de niños y adultos mayores que ni siquiera podían bajar de sus apartamentos.

Cansados de buscar afuera las soluciones con protestas, quejas públicas y hasta grafitis donde pedían auxilio, los vecinos comenzaron a ver puertas adentro para encontrar alguna salida. Así dieron con un residente que era ingeniero eléctrico y que decidió tomar cartas para resolverla ausencia de luz.

José González hizo un diagnóstico de la falla y, luego de presupuestar, acordaron que $51 por familia serían suficientes para costear lo necesario para la reparación. Armaron rifas, corotazos, ventas de garaje y hasta de comida para reunir los 8.262 dólares que necesitaban. 

En una semana se hicieron con el dinero y crearon un comité de trabajo encabezado por el señor González y con 20 miembros entre amas de casa, estudiantes de bachillerato, obreros, docentes, administradores y personas con toda clase de formación, cuyo propósito común era hacer que volvieran a encender las luces de sus hogares. 

El 17 de diciembre los vecinos empezaron la medición de los 192 cables que debían cambiar. Trabajaron de 6:30 am a 12 de la madrugada para intentar tener una Nochebuena que fuese buena de verdad, pero para el 24 de diciembre aún no habían logrado reestablecer el servicio. 

Sin equipo protector, con sus propias manos y con conocimientos mínimos sobre el funcionamiento de la electricidad, la gente de El Parque logró que el 28 de diciembre, tras 66 días sin luz, volviera la energía eléctrica.

“El ingeniero lloró y todos lloramos. Los niños dijeron que volverían a ver televisión, todo el mundo saltaba de alegría porque ese 28 fue nuestra verdadera celebración de fin de año”, recordó Sileni. 

En las residencias El Parque persisten los problemas que dejó el apagón como la oscurana en las afueras y la inseguridad que llegó con ella. Pero ahora pueden encender sus luces y caminar por los pasillos de cada piso que muestran los huecos en las paredes desde donde lanzaron los cables y saber que son capaces de vencer la inacción con trabajo en equipo. 

Aún queda mucho por hacer: mejorar espacios conjuntos, poner luces, reparar el bajante de la basura, reforzar los muros para combatir la delincuencia, mantener más limpios algunas zonas, pero, el apagón les dejó la enseñanza de que pueden hacerlo. 

En las afueras del conjunto, en una pared que ahora trabajan para reforzar, se lee: “SOS estamos sin luz”, como un recordatorio de lo que vivieron y un llamado a la acción que motiva a las más de 2000 personas que allí viven a trabajar en conjunto para vivir mejor.

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