Marianela se colocó la vacuna contra el coronavirus en la Sala de Rehabilitación Integral (SRI) Jardines de Betania en Ocumare del Tuy, estado Miranda, el 8 de junio. Dos meses antes, su mamá murió a causa del virus y quince días después de ella, su hermano menor. Dos pérdidas que, además de dolor, la dejaron con miedo a contraer la enfermedad. Rocío también perdió a su padre por el COVID-19

Por: Rosanna Battistelli

A *Marianela se le salieron las lágrimas cuando la enfermera de la Sala de Rehabilitación Integral (SRI) Jardines de Betania, ubicada en Ocumare del Tuy, estado Miranda, la vacunó contra el COVID-19. Eran las 10:00 am del martes 8 de junio de 2021. 

Dos meses antes, su mamá, de 89 años, había muerto por síntomas asociados con el virus, y, 15 días después de ella, fue su hermano menor quien no logró superar una neumonía como consecuencia de la misma enfermedad. Para el momento, se registraba una segunda ola de contagio en el país, más virulenta que la ocurrida en los meses de agosto y septiembre de 2020. 

“Vacunarme significó un bálsamo para mi alma. Desde que mi mamá y mi hermano se enfermaron, mi vida cambió por completo. Fueron cuatro semanas de exámenes, buscando medicamentos, pidiendo ayuda económica para sufragar los gastos y, lo más triste, es que de nada valió. Solo me queda la satisfacción de que se hizo todo lo posible y de que ambos partieron de este mundo con la certeza de que sus familiares los amaban”, contó la mujer de 60 años de edad. 


Después de que pierdes a dos seres tan queridos, como tu madre y tu hermano, además del profundo dolor que sientes, el temor a caer en cama no te deja vivir en paz

Marianela

A Marianela, quien fue inmunizada con la Sputnik V, le llegó el mensaje del Sistema Patria el lunes 7 de junio. Se le convocaba al SRI la mañana del día siguiente. Aunque el centro de salud no le queda cerca de su casa, y que está ubicado a las afueras de la ciudad, en la autopista que comunica a Ocumare con Charallave, esa notificación calmó su ansiedad. Así lo describe al recordar que lo primero que hizo fue llamar a su hija, quien emigró a Chile en 2018. 

“A dos amigas cercanas ya les había llegado el mensaje, así que tenía mucha angustia. Llevaba días pendiente porque quería vacunarme; sentía la necesidad de hacerlo para ver si el miedo a contraer el virus se aminoraba un poco. Después que pierdes a dos seres tan queridos, como tu madre y tu hermano, además del profundo dolor que sientes, el temor a caer en cama no te deja vivir en paz”, asegura Marianela, mientras se acomoda los dos tapabocas que le cubren parte del rostro, y frota sus manos con gel antibacterial como medida de protección ante el virus.  

Hasta el 8 de junio, el COVID-19 cobró la vida de 2.750 personas en Venezuela y sumó 245.300 casos, según cifras del gobierno de Nicolás Maduro, cuestionadas por organizaciones como Human Rights Watch por considerar que se está ocultando la verdadera magnitud de la pandemia. 

Al igual que Marianela, *Rosario acudió el 8 de junio al SRI Jardines de Betania. Ambas compartían un mismo sentimiento: el duelo por la muerte de un familiar por COVID-19. En el caso de Rosario fue su papá, de 65 años de edad, quien perdió la batalla contra el coronavirus. 

Pero entre las dos había una diferencia. A Rosario no le llegó el mensaje del Sistema Patria, debido a que nunca se inscribió. “Siempre me opuse a sacar el Carnet de la Patria porque es una forma de control social que ejerce el gobierno”, opinó. 

Rosario tiene 48 años. Es licenciada en Recursos Humanos y, luego de la muerte de su padre, a quien cuidaba después del fallecimiento de su mamá, víctima de un cáncer de ovario, vive sola con su hijo en un urbanismo ubicado en la autopista Ocumare-Charallave.   


Cuando salí del consultorio tuve sentimientos encontrados. Estaba contenta porque había logrado vacunarme, pero sentí pesar por mi papá. Si él hubiese tenido la misma oportunidad que yo, quizás se hubiese salvado

Rosario

“Soy madre soltera. Mi hijo tiene apenas 12 años, así que debo proteger mi salud para cuidarlo hasta que sea un hombre. Su papá emigró a Perú hace 3 años, después que nos separamos, y nunca más supimos de él”, dijo con desaliento. 

El hecho de que no le llegara el mensaje del Sistema Patria no fue impedimento para que Rosario se vacunara. Después de explicarle a la enfermera lo ocurrido con su progenitor, le aplicaron la primera dosis de la vacuna china Vero Cell sin objeción. La misma suerte corrieron al menos ocho personas que estaban en el SRI. 

“Cuando salí del consultorio tuve sentimientos encontrados. Estaba contenta porque había logrado vacunarme, pero sentí pesar por mi papá. Si él hubiese tenido la misma oportunidad que yo, quizás se hubiese salvado. Murió en febrero de 2021, el mismo día que se anunció la llegada del primer lote de vacunas a Venezuela”, recordó con tristeza.  

De los 29 puntos de vacunación instalados en Miranda, según cifras del Gobierno regional, 6 funcionan en los Valles del Tuy, a razón de uno por cada municipio. En esta subregión mirandina se distribuyeron 17.710 dosis de Sputnik V el primero de junio. Tres días después, llegaron las vacunas de origen chino; no obstante, no se suministró información oficial sobre la cantidad.  

Las autoridades del Ejecutivo mirandino tienen como meta atender a 1.800.000 habitantes en todo el estado, mientras que el Gobierno nacional aspira a inocular  22.000.000 para diciembre, lo que representa alrededor de 70 % de la población. El 7 de junio, la vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez, aseguró que cerca del 11 % de los venezolanos, unas 3.300.000 personas, ya había sido inmunizado contra el COVID-19.

*Marianela y Rosario decidieron dar solo su nombre de pila para que se publicaran en este trabajo

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