En los Andes venezolanos, hacer el pesebre es una tradición que conservan muchas familias. Suelen ser grandes y elaborados con distintos materiales que recrean el paisaje de la zona. En Mérida, además, el Niño Jesús siempre está acostado en su cuna, hasta el día de La Paradura, ritual donde lo ponen de pie

Cuando Ofelia Arellano tenía nueve años, lo que más anhelaba era poder tener su propio pesebre. Corrían los últimos años del siglo XIX y la niña, natural de una aldea cercana a Bailadores, actual municipio Rivas Dávila de Mérida, trabajó por meses en una finca recogiendo bosta de vaca para reunir el dinero que le permitiera comprar las figuras de su Nacimiento. Tras más de 30 años de su muerte, su nieta Daniela conserva la tradición y casi todas las piezas de ese pesebre centenario.

“Aquí nosotros no hacemos arbolito porque esa tradición no es nuestra. Solo hacemos el pesebre a comienzos de diciembre y lo quitamos después del Día de la Candelaria (2 de febrero). Todos los años al Niño Jesús le ponemos un vestido nuevo, que los mandamos a hacer en ofrenda por la petición que le hagamos para el próximo año”, explica Daniela. Junto a la cuna del hijo de Dios, que siempre está presente y descubierto, reposa la carta con las peticiones de Mía, la primogénita de Daniela, que tiene 6 años. 

En los Andes venezolanos el pesebre tiene mucha más importancia que el árbol de Navidad. Familias que conservan la tradición desde hace más de un siglo, hacen la representación del Nacimiento de Jesús de Nazaret en la sala de sus casas, ocupando en ocasiones todo el espacio o gran parte de él. 

Los pesebres andinos se elaboran con distintos tipos de materiales, como cartones, cartulinas, papel y cajas para el armazón principal; troncos y ramas para simular los paisajes andinos; arenisca y aserrín de colores; papel aluminio, tela, espejos o agua para hacer lagunas y cascadas; algodón para la lana de las ovejas, piedras pequeñas para trazar caminos y las infaltables luces de Navidad. Aunque está prohibido usar musgo y “barba de palo”, algunas familias lo siguen utilizando e incluyen bromelias u otras plantas propias de la región.

Debido a la emigración de tantos venezolanos, en Mérida algunos migrantes dejaron su Niño Jesús al cuido de familiares o amigos, quienes lo incluyen en sus Nacimientos. Es el caso de Emily Fernández, en cuyo pesebre hay dos cunas, una para su niño y otra para el de un amigo que emigró. “Sé de otras familias que también lo cuidan y le hacen su Paradura y todo”, dijo a El Pitazo para referirse a figuras del Niño Jesús dejadas por quienes ya no están en el país.


LOS PESEBRES, NACIMIENTOS O BELENES, COMO TAMBIÉN SE LES CONOCE, SON UNA IDEA ORIGINAL DE SAN FRANCISCO DE ASÍS


Estaciones del pesebre

En la sala de la casa de los Morales Ramírez apenas quedó libre un espacio de unos 50 centímetros para pasar a las otras áreas del hogar. El resto está ocupado por el pesebre, que mide cerca de 2 metros de ancho y poco menos de largo. La mamá de Iriana conserva como un preciado tesoro de su unión matrimonial el mismo Niño Jesús que compró cuando se casó, hace ya más de 30 años.

“Nosotros tardamos como tres días en hacer todo el pesebre. Mamá ha ido comprando las figuras que representan cada estación: la anunciación, la visitación, la búsqueda de posada de José y María, la matanza de los inocentes y la huida de la Sagrada Familia. Además, como nosotros sembramos, siempre ponemos la representación de un cultivo, un mercado de hortalizas y el ordeño, para pedirle al Niño que el próximo año nos vaya bien con las cosechas”, relata Iriana.

En Mérida los pesebres se hacen no solo en casas e iglesias, sino en lugares emblemáticos como el edificio del Rectorado de la Universidad de Los Andes (ULA), la Gobernación, las Alcaldías y hasta en locales comerciales. En algunas zonas, se realizan representaciones vivientes del nacimiento de Jesús, mientras que en casi todos los hogares nunca falta la Paradura del Niño, que se hace después del 24 de diciembre y antes del Día de la Virgen de la Candelaria.

Una tradición iniciada por San Francisco de Asís

Los pesebres, nacimientos o belenes, como también se les conoce, son una idea original de San Francisco de Asís. Durante un viaje que hizo a Belén en el año 1220, el santo italiano quedó encantado con la fidelidad con que allí celebraban Navidad, donde incluso hacían nacimientos vivientes para representar la llegada de Jesús de Nazaret.

En 1223, San Francisco pidió autorización al Papa Honorio III para hacer la representación del nacimiento del hijo de Dios, que se convertiría en el primer pesebre hecho fuera de Belén, en la ermita de Greccio, Italia. “Tres años antes de su muerte se dispuso Francisco a celebrar en el castro de Greccio, con la mayor solemnidad posible, la memoria del nacimiento del niño Jesús, a fin de excitar la devoción de los fieles. Mas para que dicha celebración no pudiera ser tachada de extraña novedad, pidió antes licencia al sumo pontífice; y, habiéndola obtenido, hizo preparar un pesebre con el heno correspondiente y mandó traer al lugar un buey y un asno”, relata San Buenaventura.


Aquí nosotros no hacemos arbolito porque esa tradición no es nuestra. Solo hacemos el pesebre a comienzos de diciembre y lo quitamos después del Día de la Candelaria (2 de febrero). Todos los años al Niño Jesús le ponemos un vestido nuevo, que los mandamos a hacer en ofrenda por la petición que le hagamos para el próximo año


Daniela Arellano

San Francisco de Asís murió en 1226, pero la tradición del pesebre se expandió por Europa y luego por todo el resto del mundo católico. Aunque tradiciones de Navidad propias de otras culturas han sido adoptadas por muchos, el pesebre se mantiene en la mayoría de los hogares católicos.

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