Desde hace dos meses la familia Gil alegra los sábados de este barrio de Petare con conciertos ofrecidos desde la platabanda de una casa, donde artistas de la zona e invitados entonan éxitos en todos los géneros para espantar el silencio que llegó con la pandemia

“Si no fuera por la música,
habría más razones para volverse loco”

Piotr Ilich Chaikovski, compositor

El silencio, ese común denominador de la cuarentena venezolana, ha sido la marca más difícil de llevar en los barrios, zonas en las que la algarabía y el bullicio reinaban antes de la llegada de la pandemia. Para muchos ese signo del encierro obligado se convirtió en un sinónimo de tristeza y pesadumbre que, en Maca, una barriada de Petare, desaparecieron con la alegría de “Música para mi barrio”.

La familia Gil decidió acabar con ese silencio hace dos meses. Demis y su tío Nelson subieron los equipos de sonido, los micrófonos y los instrumentos a la azotea de su casa y un sábado de julio prendieron la consola y empezaron a cantar salsa y boleros. Los vecinos también se subieron a los techos de sus casas para disfrutar la música y olvidar las penas que ha traído el COVID-19 a Venezuela.

El tío y el sobrino entendieron aquello dicho por el famoso compositor Chaikovski: “Si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco”. Prueba de ello son los mensajes que reciben en sus teléfonos luego de dictar los números desde los micrófonos abiertos en el solar de su casa, ubicada en la calle Urdaneta de la zona este de Maca.

Demis recuerda con emoción un mensaje de texto de la señora Otilia Gómez, una abuela que vive sola en la calle Camacaro de este barrio y que la noche cuando entonaron boleros les agradeció por transportarla a sus años de juventud y brindarle un momento de alegría como no había tenido desde el 16 de marzo, cuando la administración de Nicolás Maduro declaró la cuarentena total en Venezuela.

Fue justo la respuesta de la gente la que llevó a Demis y a Nelson a mantener estos conciertos sabatinos que iniciaron como una terapia de alivio para quienes viven de la música y tienen más de siete meses sin poder presentarse en un escenario y se convirtieron en “Música para mi barrio”, el proyecto con el que hacen que Maca vuelva a vibrar y deje atrás la tristeza del silencio.


Mientras, ellos nos dicen cosas por los micrófonos para que sepamos que no estamos solos, que cada vecino nos acompaña desde el encierro a celebrar la alegría que nos trae la música

María Victoria Rangel

Desde entonces, la familia Gil, que es un nido de músicos, se prepara todos los sábados para llevar la música a su barrio presentando a artistas locales e invitados, que se han sumado a la causa para alegrar a esta comunidad que les responde con aplausos, pañuelos al aire, intermitencia en sus bombillos o linternas y hasta refrescos o galletas que preparan y mandan a los invitados sobre la platabanda.

“Nosotros aruñamos lo que se puede y de la ayuda de los familiares sobrevivimos en medio de esta crisis que ha vuelto nula cualquier contratación. Por eso nos montamos en esta azotea, para olvidar y desestresarnos y para hacer lo que sabemos: divertir a la gente”, es la opinión de Nelson, uno de los creadores de la idea que ahora le pertenece a todo Maca.

La escasez de recursos no impide que algún cantante lleve un arroz, alguno de los músicos un pollo, otros refresco, pan y hasta alguna bebida y se arme “el compartir” que les dará fuerza para cantarle a su barrio entre las 4:00 pm y las 10:00 pm u 11:00 pm, hora promedio en la que se termina el concierto para respetar a los vecinos que quieren descansar.

Roberto Crespo, otro de los miembros del grupo organizador y cantante, celebra poder participar en este concierto que reavivó la ilusión en su barrio y la suya propia por saber que pude seguir llevando alegría, aún y en momentos tan difíciles como el actual.

Nelson y Demis ya tienen alianzas con otras iniciativas como el Cine Platabanda, impulsado por la organización Zona de Descarga, y esperan poder llevar su música a otros barrios para que artistas como Zoraida, “la doble de Olga Tañón”; el grupo gaitero Atamaica; Nelson, el cantante de las mil voces; y el propio Demis salsa y su orquesta puedan sonar y hacer música no solo para su barrio sino para todos los que les den la bienvenida.

Por ahora, hasta los comerciantes de la zona se han beneficiado de la idea y usan la iniciativa para promocionar sus ofertas en tiempos de pandemia donde las ventas son bajas. Demis manda saludos, ofrece servicios de los trabajadores de Maca, concede peticiones musicales de sus vecinos y recibe las bendiciones de quienes se sienten a gusto con su canto y el de los amigos de los Gil.

Descanso a la angustia

María Victoria Rangel es una trabajadora comunitaria incansable. Con emoción cuenta cómo ayudó a eliminar varios basureros en todo Maca, una de las barriadas más grandes de Petare, o como han mantenido en pie el consultorio comunitario del sector. Esas actividades la mantenían activa a sus “sesenta y pico”, pero la llegada de la pandemia y el confinamiento cambió las cosas.

Asegura que la angustia se apoderó de ella desde mediados de marzo cuando llegó el nuevo coronavirus, y que el encierro la deprimió un poco. Pero hace dos meses los conciertos de Música para mi barrio se convirtieron en un momento especial para ella y todos los vecinos a los que alcanzan los decibeles en las calles: El Grupo, El Olvido, La Línea, Urdaneta, Bolívar, la principal de Maca, La Grupera, La Camacaro y La Lucitana, donde vive la señora María Victoria.

La señora Rangel vive en una casa de siete pisos donde todos los ocupantes son familia. Con gracia dice que cada grupo anda en lo suyo hasta que llega el sábado y niños y adultos se reúnen en la platabanda, para escuchar y corear las canciones del concierto de la familia Gil, mientras contemplan una envidiable vista del atardecer caraqueño.


Nosotros aruñamos lo que se puede y de la ayuda de los familiares sobrevivimos en medio de esta crisis que ha vuelto nula cualquier contratación. Por eso nos montamos en esta azotea, para olvidar y desestresarnos y para hacer lo que sabemos: divertir a la gente

Nelson Gil

Así describe su vivencia esta líder comunitaria: “Ponemos hasta una hamaca y los niños bailan y cantan… Toda la familia sube y cuando oscurece prendemos las linternas de los celulares para que los cantantes sepan que los acompañamos por aquí. Mientras, ellos nos dicen cosas por los micrófonos para que sepamos que no estamos solos, que cada vecino nos acompaña desde el encierro a celebrar la alegría que nos trae la música”.

Los que están más cerca y tienen espacio hasta bailan y corean las canciones. La alegría se desborda en esta fiesta, o “coronaparty” como le llaman algunos chamos de la zona, a la que todos pueden entrar sin usar tapabocas y en la que es posible olvidar que el encierro y la preocupación se volvieron el día a día de los ciudadanos que ostentan el título de los más felices del mundo.

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