El desbordamiento del río El Limón en Maracay no fue la última pauta del periodista Alfredo Morales, sino la crónica que escribió desde el hospital donde enfrentó al COVID-19. Así lo cuenta un médico que estuvo con él hasta el final de sus días

Por Mario Rodríguez*

Era una tarde fresca en Maracay, de esas que le gustaban, pero de las que ya no puede disfrutar. Ya habían pasado cuatro días desde su muerte. Sin embargo, allí está su presencia, a través de los recuerdos que nos dejó y de sus objetos, como su celular, donde al revisar se halló su crónica inconclusa, la crónica personalísima de Alfredo Morales, el relato de sus padecimientos por el coronavirus, testimonio que quedó atrapado en el block de notas del aparato electrónico y que, con autorización de su madre, El Pitazo publica 14 días después de su fallecimiento.

Estuve allí a su lado. Sin embargo, nunca lo vi escribir un texto largo. Pese a la prohibición médica, tenía consigo el celular. Respondía mensajes con corazones y breves palabras. Hasta pidió a su colega Gregoria Díaz que lo ayudara a divulgar un comunicado para informar a los maracayeros que estaba enfermo y necesitaba descansar para volver a la faena, el cual publicó en su estado de WhatsApp:

“Agradezco a cada uno su preocupación por mi estado de salud. En este momento debo guardar absoluto reposo, por lo que no podré responder llamadas o mensajes. Debo cumplir a cabalidad mi tratamiento para el COVID-19, por lo que espero entiendan si no les respondo. Gracias por estar pendiente y por sus oraciones”.


Agradezco a cada uno su preocupación por mi estado de salud. En este momento debo guardar absoluto reposo, por lo que no podré responder llamadas o mensajes. Debo cumplir a cabalidad mi tratamiento para el COVID-19, por lo que espero entiendan si no les respondo. Gracias por estar pendiente y por sus oraciones

Alfredo Morales

Para él era difícil escribir frases largas, ya que la manguera de oxígeno, la mascarilla en su cara y las vías en sus manos les impedían los movimientos.

Sin embargo, en el block de notas del teléfono, Alfredo Morales relató, en primera persona, su experiencia durante su hospitalización. Allí estaban plasmados sus pensamientos y la visión de un paciente que nunca dejó de ser reportero.

Fue un excelente periodista. Esa pasión por su carrera marcó su vida y también su muerte.

Su última pauta no fue la del desbordamiento del río El Limón. Es una crónica relatada desde los espacios hospitalarios donde enfrentó al COVID-19.

Una simple tos se convirtió en su tormento, tomó varios jarabes y guarapos, pero nunca desvaneció. Solo apareció el cansancio al dar unos simples pasos.

Aunque nació en Valencia, estado Carabobo, decía con orgullo que era del pueblo de Tinaquillo, en el estado Cojedes. De esa zona rural salió a Caracas para obtener su título de periodista en la Universidad Central de Venezuela, de donde egresó en 1997.

Pero Maracay, estado Aragua, fue la ciudad que eligió como hogar, donde despertaba todas las mañana, junto a los aragüeños, para relatar las noticias e información y conducir entrevistas en los medios regionales. Así se ganó el corazón de cada uno de ellos.


ALFREDO ENFRENTÓ DURANTE LA CUARENTENA Y EL ENCIERRO UNA LUCHA EMOCIONAL QUE CUESTIONABA LA NECESIDAD DE HACER BIEN SU TRABAJO O DE PROTEGERSE


A pesar de la mirada puesta en el futuro, como el resto, Alfredo enfrentó durante la cuarentena y el encierro una lucha emocional que cuestionaba la necesidad de hacer bien su trabajo o de protegerse. Tuvo miedo, ansiedad y angustia por la pandemia que aún nos agobia. Pero lo que nunca pensó fue ser parte de las estadísticas.

Una vez evaluado por los médicos y al recibir el resultado de los exámenes de laboratorio, lo trataron como un caso sospechoso de COVID-19. Una sospecha que fue confirmada posteriormente. Alfredo fue aislado y su teléfono celular quedó en su poder, para comunicarse con sus afectos.

Luego de 13 días de hospitalización con rigurosos tratamientos, Alfredo Morales falleció tras complicarse por esta enfermedad, la noche del 1° de noviembre. Pero allí quedó, en puntos suspensivos en el relato, la última crónica del periodista.

*Mario Rodríguez: Médico y amigo de Alfredo Morales. Estuvo con el colega hasta el final
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