Los habitantes de San Antonio del Táchira y las ciudades fronterizas de Villa del Rosario y Cúcuta comparten la misma incertidumbre sobre el posible paso de la ayuda humanitaria proveniente de Estados Unidos a Venezuela. Tanto venezolanos como colombianos desconocen su implementación, distribución, incluso su llegada al país vecino

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Frontera colombo-venezolana.– “La documentación donde la vea, que se vea”, grita uno de los efectivos militares colombianos que custodian el paso migratorio en el Puente Internacional Simón Bolívar. Los venezolanos suben la mano y muestran a las autoridades migratorias dos identificaciones plastificadas: la cédula de identidad venezolana y el carnet migratorio colombiano. Son los pases de entrada a medicinas y alimentos que escasean en Venezuela. Algunos hasta desaparecieron con los años y hoy son inexistentes.

Después de un escaneo de segundos, los venezolanos que vienen desde San Antonio del Táchira continúan a pie por el puente con maletas, carritos de supermercado, a paso rápido. María Vera andaba este 6 de febrero con uno, ya gastado por el uso, con comida dentro. La mujer de 57 años confesó a El Pitazo que solo espera no tener que caminar una vez más por ese puente, y menos con un dolor en la cervical que le aflige. La ayuda humanitaria que envió Estados Unidos a Colombia le da esperanzas de que pueda ahorrarse los 27 kilómetros entre Rubio, donde vive, y San Antonio, para conseguir el tratamiento.

Pero la incertidumbre en su implementación, distribución, incluso su llegada a Colombia, le hace recurrir a la fe. “Dios quiera que sí pueda pasar, porque si no tenemos que unirnos todos. Si no la dejan pasar, nos venimos al puente para que nos la dejen pasar”, dijo. Aunque confía en sus creencias, duda de que los militares de su país permitan la entrada de lotes de medicinas y suplementos alimenticios por Táchira.


En el Puente Internacional de Tienditas no hay paso de personas desde el año 2003.

Funcionarios del gobierno de Nicolás Maduro trancaron el Puente Internacional de Tienditas con dos containers y la parte trasera de una cisterna el 6 de febrero | Rayner Peña

El presidente encargado de la República y cabeza del Parlamento, Juan Guaidó, emplazó a las Fuerzas Armadas en repetidas ocasiones a apoyar el ingreso de la ayuda humanitaria que viene desde Estados Unidos. Les recordó a los militares que tienen familia que padece la crisis, como su conciudadana de Rubio, quien marchó en su estado para pedir por la llegada de insumos médicos y alimentos el pasado 23 de enero. “Venezuela sí la necesita. Nosotros aceptamos todo lo que venga de cualquier país”, aseguró Vera.

Para Jennifer Orellana de 37 años, todo depende de los uniformados verde oliva y de Nicolás Maduro, a quien llama “hijo de su señora madre, para no insultarla, que ha querido tapar el sol con un dedo y no ha podido”. Maduro calificó de “promesa falsa” a la ayuda humanitaria que ofreció Guaidó y que respaldó la administración de Donald Trump. Maduro infirió que con los envíos se convertiría al país “en una colonia de esclavos y mendigos”, pues se necesitaba producción en el país para echarlo a andar.

“Yo no sé hasta cuándo ese señor va a aguantar y decir que el pueblo no está pasando necesidad cuando sí es así”, contó Orellana a El Pitazo. Orellana emigró de Venezuela porque su sueldo como asistente de laboratorio en Barquisimeto, estado Lara, no le alcanzaba para alimentar a sus dos hijos. En Cúcuta, donde vive desde hace un año, vende hamburguesas para enviar remesas. Aunque añora su familia, trabajo y país, se sacrifica para conseguirles antialérgicos a sus chamos de 12 y 14 años y medicinas para el tratamiento de la tiroides de su madre.

Desde la entrada a Villa del Rosario, en Colombia, pronosticó que “rodarán cabezas” si los militares no permiten la entrada de la ayuda humanitaria a Venezuela. “Yo creo que el pueblo no aguantaría más, se le tiraría al gobierno completo”, prevé.

En vísperas de la posible entrega, no hay despliegue militar especial en San Antonio del Táchira hasta la tarde de este miércoles 6 de febrero. Desde la redoma Virgen de la Luz hasta la aduana, donde inicia el puente, hay menos de diez efectivos itinerantes. El ex policía metropolitano y actual designado como “protector del Táchira”, Freddy Bernal, circuló por la zona y llegó al paso fronterizo hace dos días acompañado de funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes). Aseguró que había “total paz” en la madrugada del 3 de febrero.


En Cúcuta no hay tanquetas, militares colombianos, estadounidenses ni de otras naciones. La seguridad sigue siendo la misma…

En San Antonio del Táchira abunda el comercio informal, en su mayoría ofertado en pesos, moneda colombiana | Rayner Peña

El paso migratorio de venezolanos a Colombia se ha dado con normalidad por el Puente Internacional Simón Bolívar. Sin embargo, la “total paz” se quebró en el Puente Internacional de Tienditas durante la tarde del 5 de febrero. El Pitazo se trasladó hasta la unión entre Táchira y el norte de Santander y confirmó que efectivos venezolanos trancaron la vía con dos containers azules y la parte trasera de una cisterna para impedir la entrada de medicinas y alimentos.

Después de conocerse este 7 de febrero la llegada de camiones que transportaban la ayuda humanitaria al centro de acopio de Tienditas, en el lado colombiano, tachirenses de distintas localidades se congregaron frente al puente para celebrar. Gritaban frases como “viva Guaidó” y “permitan la ayuda humanitaria” a los efectivos de la Guardia Nacional y el Ejército que se desplegaron en la entrada de la vía para resguardar la zona, ya bloqueada. Permanecieron por horas bajo la vigilancia de los uniformados, que portaban equipos antimotín como granadas y rifles de perdigones.

El mismo despliegue militar se evidenció horas antes en el Puente Internacional Simón Bolívar. Para entonces no había llegado el envío de medicinas y suplementos alimenticios estadounidenses a Cúcuta. 50 efectivos de la Guardia Nacional se ubicaron a lo largo del paso migratorio y en la avenida Venezuela, que comunica la aduana con la parada de autobuses de la ciudad fronteriza.

En el Puente Internacional de Tienditas no hay paso de personas desde el año 2003. Una barrera de zinc de extremo a extremo, que tiene en el lateral derecho una reja que funge como portón para permitir el paso vehicular, le da la bienvenida a quienes llegan. Al fondo se observan los galpones en donde fuentes extraoficiales señalaron que se desarrollaría el acopio de la ayuda humanitaria.

Los puentes internacionales Simón Bolívar –entre San Antonio y Villa del Rosario-, Tienditas –entre Ureña y El Escobal¬- y Francisco de Paula Santander –entre Ureña y El Escobal- son el foco de medios internacionales, políticos y organizaciones no gubernamentales. A los tres puntos se le suma el Hotel Casino Internacional, donde están hospedados los diputados de la Asamblea Nacional (AN) Gaby Arellano, José Manuel Olivares e Ismael García, todos en el exilio.

Personas caminan a paso rápido hasta las 8 de la noche, cuando el paso migratorio cierra
| Rayner Peña

Además, se encuentran integrantes de la comisión de ayuda humanitaria que designó Guaidó, dirigentes políticos tachirenses y observadores en materia de Derechos Humanos designados desde Venezuela.

Así como la incertidumbre se palpa en la frontera, el hermetismo reina en el Hotel Casino Internacional. La respuesta que obtuvo El Pitazo de los parlamentarios se resume en que mantienen constantes conversaciones. El diputado Ismael García indicó que sería irresponsable responder a “especulaciones” que circulan por las redes sociales. “Esto es una cosa muy seria, muy responsable”, aseveró.

En Cúcuta no hay tanquetas, militares colombianos, estadounidenses ni de otras naciones. La seguridad sigue siendo la misma: funcionarios de la Policía Militar o la Policía Metropolitana de Cúcuta desplegados en los alrededores de Migración Colombia, en la entrada al centro de atención de la Cruz Roja Internacional, o haciendo patrullaje en caballo. Lo mismo ocurre en El Escobal, lado colombiano del Puente Internacional Francisco de Paula Santander.

Quienes viven en los alrededores de los puentes, de lado colombiano, temen que se presente una confrontación bélica entre las tropas venezolanas y las de los países que interfieren en la ayuda humanitaria. David Vargas, taxista colombiano que trabaja en la parada de Cúcuta, espera “que esto no pase a mayores consecuencias”, aunque ya su plan de contingencia se resume en no hacer carreras por la zona en caso de anunciarse la fecha de la entrega de los lotes.

En El Escobal, donde María Acevedo tiene un puesto de alquiler de teléfonos, se mantiene la inquietud. Acevedo confesó a El Pitazo no haber estado “tan nerviosa de que se presente una guerra” como hasta ahora, a sus 60 años de edad. Tras haber visto a militares estadounidenses rondar la zona, tiene miedo “porque a ellos no les importa venir a darse plomo con los militares venezolanos, y a ese gobierno (de Nicolás Maduro) no le importa matar gente”. Solo espera que Dios proteja a los suyos en Colombia, al igual que a sus hermanos venezolanos.


Redacción: Andrea Tosta y Mariana Duque

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