Tomás Rodríguez viajó a Madrid a celebrar el cumpleaños de su hija. Con pasaje en mano, no pudo volver a Venezuela, pues se decretó la pandemia mundial por COVID-19 y, en consecuencia, el cese de las operaciones aéreas. Querer regresar lo hizo escribir una carta al Rey de España y solicitar un amparo constitucional. Aquí contamos su historia tras lograr embarcarse en el primer vuelo de repatriación que llegó a Maiquetía el martes 21 de julio

La cama número 129. Esa fue la dirección de ubicación del abogado venezolano Tomás Rodríguez Villalba, desde el 1° de junio al 20 de julio de este año.

La cama número 129 del Centro de Acogida Pinar de San José en el barrio Cuatro Vientos, un hospicio para personas sin recursos y sin hogar que enfrentan diversas adicciones, fue su techo y refugio la última temporada que vivió en Madrid, a la espera de un vuelo de repatriación que lo trajese de nuevo a su casa, en Venezuela.

En ese refugio, el profesional, que vive regularmente entre Caracas y la isla de Margarita, compartió con personas que nunca pensó conocer.

Esa cama, sus compañeros de sala y el buen trato recibido son parte de la historia que Rodríguez enarbola tras su experiencia al quedar varado en Europa, con pasaje en mano, sin poder volver por la realidad impuesta por la pandemia del COVID-19 y la suspensión de las operaciones aéreas, lo que convirtió una visita planificada y puntual de 26 días, para celebrar el cumpleaños de su hija, en una estadía de 153 días para la que no estaba preparado, económica y emocionalmente. Una experiencia que lo llevó a hablar con todo el que pudiese prestarle apoyo, haciendo equipo con otros venezolanos en las mismas circunstancias, hasta lograr su cometido: regresar a la patria.


Estar fuera de tu país en estas condiciones, sin recursos, posibilidad de trabajar y en medio de una pandemia, te coloca en una situación de vulnerabilidad absoluta

Tomás Rodríguez Villalba, venezolano repatriado de España

Rodríguez, de 48 años de edad, fue uno de los 376 venezolanos que embarcó en el Aeropuerto de Barajas el vuelo de la aerolínea Plus Ultra, el primero de repatriación autorizado por el gobierno de Nicolás Maduro desde Europa. Aterrizó en Maiquetía, poco antes de las 7:00 de la noche del martes 21 de julio, y de allí al Centro de Aislamiento y Cuarentena Los Caracas, al este del estado Vargas.

La aventura que inició el 19 de febrero, concluyó parcialmente el jueves 23 de julio, cuando por fin, pudo estar en casa.

“Mi pasaje de regreso era el 26 de marzo por la aerolínea Iberia. Ahorré por dos años y vendí unas cosas para garantizarme una estadía placentera de 26 días en Europa e ir de paseo con mi hija por su cumpleaños. Ese era el plan inicial”, relata Rodríguez.

Pero el COVID-19 y la suspensión de los vuelos obligaron a Rodríguez a diseñar otros planes. “Me fui quedando sin dinero. Sin ni siquiera tener para aportar en las casas que me daban alojamiento temporal. Alguien me habló del centro de acogida y allí me recibieron, porque también soy ciudadano español. Entendieron mi situación. Uno no viaja para pasar trabajo. Pero así nos tocó a cientos de venezolanos”, explica Rodríguez, quien no pudo quedarse en el alojamiento donde vive su hija.

Vuelta a la patria

“Estar fuera de tu país en estas condiciones, sin recursos, posibilidad de trabajar y en medio de una pandemia, te coloca en una situación de vulnerabilidad absoluta. La única solución era volver a Venezuela y nadie hacía nada por nosotros”, agrega Rodríguez, al referirse a los representantes, tanto de Nicolás Maduro, como de Juan Guaidó, en España.

Por su temperamento inquieto y el talante de abogado, Rodríguez se unió al grupo Venezolanos Varados en España, apoyando iniciativas grupales y concretando otras de manera individual, en beneficio del colectivo.

“Hasta al mismo Rey Felipe de España le dirigí una carta. La entregué en persona, en el Palacio de la Zarzuela. Presenté cartas a la Embajada de Venezuela en España y en el Consulado de Venezuela en Madrid. La única respuesta era que mis datos habían sido incorporados a la data y debía esperar”.

Rodríguez Villalba inició una campaña de recolección de firmas en la plataforma Change.org bajo el nombre “Quiero y necesito regresar a Venezuela. Solicito abran el espacio aéreo”, los primeros días de julio dirigida a Maduro y Guaidó. Al mismo tiempo, con apoyo de amigos abogados en Caracas introdujo ante el Tribunal Supremo de Justicia un amparo constitucional que permitiese su repatriación.

“Algunas personas, al conocer que también soy ciudadano español, me decían que por qué no me quedaba allá. Es que quedarme en España nunca fue mi plan. Mi madre está aquí en Venezuela. Mi negocio, mi oficina. Volver a casa era mi plan”.

El abogado valora el aprendizaje de toda la experiencia. “Aunque suene a lugar común, uno aprende a valorar lo que tiene a diario, lo que da por sentado. Agradecer poder tener privacidad en un baño, tener un espacio propio. A mí se me había olvidado darle valor a todo eso. Aprendí que hay personas muy bonitas, así hayan sucumbido ante las drogas y el alcohol, aunque les cueste librarse de ella. Suena tonto, pero hay que valorar las cosas que la vida te ofrece y que uno siente como algo tan normal”.

De huésped en Los Caracas al horror del Alba Caracas

Luego de todas las diligencias y su constancia, Rodríguez recibió, a principios de julio, el correo que tanto había esperado. “Un correo donde nos explicaron que se había aprobado el vuelo humanitario a través de Plus Ultra. El costo del pasaje fueron 550 euros, que fueron exonerados en unos casos especiales”.

Rodríguez explica que en el mismo correo les explicaron que tenía tres opciones para pasar la cuarentena: la Ciudad Vacacional Los Caracas de manera gratuita, un hotel en Catia La Mar a 40 dólares por noche y la opción de un hotel cinco estrellas a 100 dólares la noche, incluidas dos comidas.

“Después de estar en un refugio en Madrid, poco me importaba irme a Los Caracas. Yo no tenía recursos para pagar un hotel”.

El abogado asegura que el trato durante el embarque y el desembarque, en los aeropuertos de Madrid y Maiquetía, fue amable. Sin embargo, una imagen le causo dolor. “Fue duro ver tus maletas en el medio de la pista del aeropuerto siendo desinfectadas; te sientes culpable. Es como esas películas que señalaban a los judíos. Uno se siente igual, señalado”.


Mientras en Los Caracas nos hicieron sentir bienvenidos, en el Alba Caracas los militares que estaban allí nos recibieron con groserías

Tomás Rodríguez Villalba, venezolano repatriado de España

A pesar de las referencias que en España recibía de los refugios para repatriados, Rodríguez se llevó una sorpresa con Los Caracas. “En unos autobuses rojos nos llevaron a Los Caracas. Allí nos recibió una comisión. Debo decir que nos atendieron bien. Nos revisaron nuevamente y nos hicieron una prueba PDR (Prueba de Detección Rápida). Nos dieron un kit de higiene, la cama estaba limpia, había agua y un ventilador. Se notaba el deterioro del hotel, pero había limpieza y eso se agradece. A la medianoche ya estaba en la habitación. Había tres literas, pero solo nos asignaron a dos hombres, a mi, junto a un pana maracucho. Dormí tranquilo. Estaba en Venezuela”.

“El miércoles 23 nos levantamos temprano, nos volvieron a tomar la temperatura. Nos dijeron que podíamos caminar por el área verde inmediata al hotel. En Los Caracas hay un ambiente agradable y el personal quería hacerte sentir bien. Después del almuerzo, el personal de la Procuraduría de Vargas nos indicó que ‘por vía de excepción’ nos iban a enviar a nuestras casas, porque habíamos traído la prueba PCR desde España negativa y la PDR igual había sido negativa”, explica Rodríguez.

“Luego de la 1:30 pm salimos de Los Caracas. Nos informaron que iríamos al hotel Alba Caracas y que les podíamos decir a nuestros familiares para que nos buscaran allí. Mientras en Los Caracas nos hicieron sentir bienvenidos, en el Alba Caracas los militares que estaban allí nos recibieron con groserías, que nadie les había dicho que nosotros íbamos para allá. Que si veníamos seguro infectados”.


Uno aprende a valorar lo que tiene a diario, lo que da por sentado. Agradecer poder tener privacidad en un baño, tener un espacio propio. A mí se me había olvidado darle valor a todo eso

Tomás Rodríguez Villalba, venezolano repatriado de España

Rodríguez reflexiona que en ese momento de caos nada era claro y se vivió tanta tensión como en los días que no tenía claro dónde pasaría la noche en España. Del hotel Alba Caracas les dijeron que los llevarían a Fuerte Tiuna y, finalmente, terminaron durmiendo en los autobuses que estacionaron a la entrada de la autopista Caracas-La Guaira, donde está el Servicio 171 de Emergencias.

Entonces ocurrió lo que Rodríguez define como “la cúspide de la desorganización”. “Le dije al conductor que bajaría a buscar dónde cargar el teléfono. En el puesto militar del 171 me prestaron un enchufe. Le expliqué que me quedaría sin carga y debía llamar a quien me iría a buscar. Mientras cargaba el teléfono, el autobús arrancó con mi equipaje y me dejó varado, nuevamente, pero esta vez en la autopista Caracas-La Guaira. Fue completamente absurdo. Un coronel y un teniente de ese punto prácticamente me salvaron. Hicieron lo imposible por lograr que me fuese devuelto el equipaje. Un autobús que venía de regreso al Litoral me los trajo. Y yo esperé en la autopista a que me fueran a buscar”.

En retrospectiva, Rodríguez asume que la experiencia de su repatriación da para publicar un libro. Tiene el título claro: Cama número 129. Pero mientras el libro ve luz, el abogado ha iniciado esta semana una nueva cruzada desde Caracas: ser atendido por la Cancillería de Venezuela para lograr un plan de vuelos de repatriación que traiga a casa al resto de venezolanos varados en Europa.

“Aún hay hermanos allá pasando trabajo. Lo que pueda hacer para que regresen a Venezuela, lo haré. Porque a pesar de las imperfecciones, Venezuela es también su hogar”.

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