Devoción y esperanza acompañan el camino del venerable hacia la beatificación

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Caracas. “Unir la razón y el corazón”. Esa es una trillada frase que se puede encontrar en canciones de salsa, en la reserva de dichos de las abuelas, en poemas y en cartas, pero en todos los casos hace referencia a algo que se cree imposible de alcanzar.

Sin  embargo, este, precisamente, es el milagro más grande que obró el venerable José Gregorio Hernández en Venezuela, al unir el don de la ciencia médica para el que se preparó, con la sanación de las almas a sus devotos.

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Cien años después de su muerte, nadie lo olvida. El doctor José Gregorio Hernández camina junto a los viejitos, los adultos, los jóvenes y los niños que visitan el lugar en el que reposan sus restos, en la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria en el centro de Caracas, para pedir su intercesión y se conceda el milagro o agradecer aquellos favores ya recibidos.

Quienes tienen devoción al venezolano, camino a los altares, vienen de todas partes de Venezuela e, incluso, del exterior, para honrar sus promesas y rezar por los suyos.


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Desde 1986, el Vaticano declaró venerable a José Gregorio Hernández. Foto: Ronald E. Peña.

Zoila Paz Castillo es una de esas mujeres movidas por la devoción, tanto, que se mudó de Margarita a Caracas para estar cerca de su José Gregorio, como le gusta llamarlo desde que lo conoció en 1957, cuando lo soñó operándola sin siquiera saber quién era él y a la mañana siguiente la enfermera que la atendía le preguntó que quién la había atendido y le mostró la estampita con la imagen del doctor.

— Cuando fui al médico me preguntó si me había operado y luego me dijeron que estaba sanada. Mi José Gregorio también revivió a mi marido cuando intentó suicidarse, por eso lo quiero—relató la señora Paz Castillo.

Como el de ella, muchos son los testimonios de quienes aseguran han recibido la visita del venerable para ser sanados, pero otros tantos que acuden a su panteón creen en él por su integridad, por ser “un hombre de la ciencia entregado a Dios” y por acercarse al venezolano, “a ese que se supera, que trabaja por el país, que se esfuerza por crecer en la adversidad y que no se olvida de ayudar, de ayudar siempre”, tal como contó el señor Luciano Salas, un hombre de 60 años que acude a la parroquia de la Candelaria al menos tres veces a la semana para rezar ante la tumba de José Gregorio.

Uso de la imagen del venerable en cultos no cristiano, no afecta su proceso. Foto: Ronald E. Peña.

Un hombre cercano

En 1986, siendo papa Juan Pablo II, la Congregación para la Causa de los Santos declaró venerable a José Gregorio Hernández y con esta decisión elevó su causa hasta el antepenúltimo escalón en el camino a la canonización.

Un recorrido que empezó en 1949, cuando por primera vez monseñor Lucas Guillermo Castillo, entonces arzobispo de Caracas, presentó ante el Vaticano la causa para la santificación de este hombre nacido en Trujillo el 26 de octubre de 1864 y fallecido el 29 de junio de 1919 en La Pastora, Caracas.

Al ser admitida la causa, el Vaticano lo declara siervo de Dios. Es la más antigua introducida de un venezolano, data de 70 años. Hoy la causa ha sido reactivada y quienes hacen el seguimiento tienen fe en que pronto se certifique un milagro y sea elevado a los altares como beato, para entrar así dentro del santoral católico.

“Vengo mucho, estoy siempre conectado con él y sé en mi corazón que es el santo de todos, que ya es un santo”, dice el señor Wilmer, luego de hacer sus oraciones. Para él, como para tantos otros seguidores, José Gregorio es “el santo de los venezolanos”.

El padre Luis García, vicario de la parroquia eclesiástica de Nuestra Señora de la Candelaria considera que esa cercanía con José Gregorio Hernández se debe, precisamente, a esa virtud de haber sido un venezolano integral, lo que logra que quienes lo siguen no solo crean en él por sus milagros, sino por tratarse de un hombre “cercano al pueblo”.

El sacerdote considera que “la gente lo siente cercano como un venezolano integral, como alguien que tiene  capacidad para interceder y resolver algunos problemas y de manera muy especial como alguien que ayuda a conectarse de manera formidable con Dios”

El padre cree que las prácticas contrarias a la religión católica, para la que es usada la imagen de José Gregorio Hernández, han creado un impacto en la opinión pública no religiosa, no así en el proceso de canonización, asegura que la causa se mantiene activa y que los milagros obrados por el venerable son más fuertes. Por ello todos los 29 de cada mes, la iglesia de la Candelaria realiza una misa por la pronta beatificación y mantener así activa la fe de los cristianos católicos.

“La devoción a José Gregorio es muy arraigada y en la parroquia de la la Candelaria se siente cómo la gente tiene esperanza gracias a lo que transmite la espiritualidad y el legado intelectual del venerable, y ahora que se ha acelerado el proceso de beatificación para su canonización se ha vuelto muy importante», asegura el padre García.

Los restos del venerable están en la parroquia de la Candelaria, en Caracas. Ronald E. Peña.

Las lágrimas en los ojos de la feligresía le dan la razón al sacerdote. Lesly Gamboa es una mujer joven, de cabello corto y mechas azules, cuyo fervor hacia el “Médico de los Pobres” es comparable con el de aquellos adultos mayores que le rezan sin parar en los bancos dispuestos frente al sitio en el que reposan sus restos.

Ella asegura que hace 20 años libró la batalla contra una clase de hemofilia gracia a José Gregorio Hernández y hoy le vuelve a pedir por su salud y la de su pareja, que enfrenta un difícil momento.

“Querer a José Gregorio es una tradición en mi familia, visitábamos el Cementerio General del Sur cuando su tumba estaba allí y ahora lo visitamos aquí. Él es el santo más cercano que tenemos para llegar a Dios”, dice.

Los milagritos

A las afueras de la parroquia eclesiástica Nuestra Señora de la Candelaria, Haydé Torres vende velas, estampitas, imágenes de yeso, rosarios, pulseras, escapularios y todo lo que cualquier creyente necesita para rendir tributo a José Gregorio, incluso “los milagritos”, unos diminutos dijes de metal con la forma de cualquier órgano o parte del cuerpo humano, imágenes de niños, hombres y mujeres que las personas ofrecen al venerable como agradecimiento por su milagro.

Se trata de una pequeña manera de dejar esa parte del cuerpo afectada por alguna enfermedad en manos del venerable para que este haga lo propio y obre el milagro.

“La gente compra sus senitos, manitos, piernas y las mete en una cajita cerca de la tumba de José Gregorio para pedir el milagro y él se los concede. Él intercede ante Dios por la sanación, esa es la creencia y la devoción”, cuenta Hayde.

Los vendedores, los que se sientan en la plaza de la Candelaria, los que están en las puertas del templo con la mano extendida para pedir dinero o comida, los que venden en los kioscos cercanos, todos tienen en común la devoción por este médico que no solo obró por la Iglesia, sino que dejó un importante legado en la medicina venezolana.

La feligresía acude con devoción a pedir la intercesión del médico de los pobres. Ronald E. Peña

A ello se debe que en rincones de Caracas como La Pastora, donde murió atropellado; en el Hospital Vargas, donde trabajó; en el Palacio de las Academias, donde se preparó, en la parroquia de La Merced, esquina de Las Mercedes, donde acudía a con frecuencia a los sacramentos y practicar las virtudes cristianas y en la Candelaria, donde sus restos descansa en paz, lo sigan sus fieles devotos para pedir no solo por los quebrantos en la salud, sino porque ese camino de su causa llegue a su canonización con el bálsamo de su beatificación.


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