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lunes, 26 octubre, 2020

Crónica: La muerte de mengua de un paciente renal contagiado de COVID-19

Cruz Seijas tenía síntomas asociados al virus pandemico que lo venían debilitando de a golpe. Ante la falta de diálisis sus órganos se ahogaron de líquido, y causaron su muerte el pasado 24 de septiembre, después buscar asistencia médica y no recibirla en el "JM Casal Ramos" de Acarigua, que había colapsado

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Acarigua.- Cruz José Seijas murió por falta de atención médica que no recibió en el Hospital «Dr. Jesús María Casal Ramos» de Acarigua, en Portuguesa, y también de combustible para acudir a otro centro salud donde si se le brindara asistencia. 

Su deceso se produjo la noche del jueves 24 de septiembre, un día antes de que llegara a cumplir los 50 años de edad. Era paciente renal de vieja data, pero desde hace dos semanas atrás presentaba sintomatología asociada al COVID-19, virus que no se pudo detectar porque los centros de salud públicos de la región carecen de pruebas rápidas.

«Si no me lo van a atender aquí, me lo llevo a la casa, por lo menos que muera en su casa», dijo Rosa de Seijas, su esposa de años, y la persona que lo llevó al área de aislamiento para pacientes con el virus del hospital de Acarigua, el centro centinela del cono norte de Portuguesa.

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El camino a la muerte

La última diálisis que recibió fue la del sábado 19 de septiembre, a duras penas subió las escaleras al segundo piso del Servicio de Nefrología, ubicado en la avenida Alianza del centro de la ciudad, y se conectó en la máquina. 

Ese sábado ya presentaba dificultad respiratoria y un cansancio que le impedía caminar. Su salud fue empeorando con los días, y al próximo turno de la terapia de hemodiálisis, el martes 22, tuvo que faltar.

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Cuando Seijas, en compañía de su esposa, acudió nuevamente a la diálisis, a las 5 de la mañana del jueves 24, el personal de la unidad le recomendó ir al «Casal Ramos», al área de COVID-19. De ninguna manera, por su salud y por la de los demás pacientes, podían conectarlo a la máquina, sin antes descartar el virus y recibir asistencia médica. 

Desde hace meses, en el Servicio de Nefrología no cuenta con un médico permanente que valore a los pacientes ante cualquier emergencia que se presente.

Con poco combustible en el tanque del vehículo se trasladaron al hospital «JM Casal Ramos». Llegaron cerca de las 7:00 am directo a la sala de COVID-19. No había pruebas ni medicamentos, pero sí una cantidad considerable de pacientes recluidos por el virus pandémico.

En principio, el personal de enfermería advirtió a la esposa de Seijas que debían esperar el cambio de guardia. Esa espera se prolongó hasta las 12 del mediodía cuando, el médico que recibió turno, les indicó que no había capacidad para ingresarlo. Además, dos aires acondicionados se habían averiado producto de la falla eléctrica nacional del miércoles 23, y un tubo de agua estaba roto. El área simplemente había colapsado.

«Llévelo al CDI de Villas del Pilar», le dijeron a Rosa. El Centro de Diagnóstico Integral de esta urbanización araureña es otro centro centinela que sirve para tratar a pacientes con coronavirus, pero se ubica al otro extremo de la ciudad. El poco combustible del carro que conducía la esposa de Seijas, no le permitiría llegar.

En una silla de rueda prestada del área de nefrología, ya sin fuerzas, Seijas fue traslado a la emergencia del mismo hospital. Nunca fue valorado por el médico nefrólogo que conocía a Cruz como al resto de los pacientes de Seneca.

«Sólo mandaron hacer una placa de tórax y no teníamos cómo ir. Ni dinero», explicó Rosa. A la esposa de Seijas no le tocó otra opción que devolverse con su marido agonizante a casa.

La luz de Seijas se apagó en su hogar, en el barrio Simón Bolívar, al sur de la ciudad, pasadas las 8 de la noche del jueves. El enfermo renal tenía más de seis días sin recibir su terapia de hemodiálisis, sus órganos, pulmones y riñones, estaban «ahogados». 

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Tres en un mes 

Cruz Seijas fue el tercer paciente renal del Servicio de Nefrología de Acarigua que falleció en septiembre con síntomas asociados al COVID-19, pero a ninguno se les practicó pruebas. Jhomdan Angarita, quien viajaba desde el municipio Turén hasta Acarigua por sus diálisis, y Ramón Ángulo son los nombres de los otros dos fallecidos. El primero murió a comienzos de mes, el segundo el pasado 21 de septiembre.

María Camacaro también contó a El Pitazo que su marido, Ramón Ángulo, se trató en casa. «Lo hospitalicé en casa. Allí lo atendía una doctora de la familia y le cumplíamos tratamiento».

Con una pancarta en la que se lee «todos somos Seijas», sus compañeros le rinden honores en la unidad

Angulo sufrió molestias desde el miércoles 17 de septiembre, y pensó que era el riñón. «Porque le dolía el cuerpo, así que se fue a dializar el jueves. El sábado no pudo subir por sus propios medios a la unidad de diálisis, nos tocó hacerlo en la silla de ruedas y hasta acostarlo en la camilla. Tenía mucha dificultad para respirar y por eso requirió oxígeno«.

En la casa de Angulo había oxígeno, nebulizador y las medicinas indicadas por la médica. «No le hicimos pruebas porque no había, pero los doctores nos dijeron que era COVID-19», aseveró María.

Ante la certeza de los médicos tratantes de Ángulo, luego de registrada su muerte el lunes 21, a las 7:00 am, su cuerpo fue sepultado cumpliéndose los protocolos exigidos. «El entierro fue el mismo día. Murió en mi cama y ahí mismo lo dejamos hasta que llegó la funeraria y de ahí al cementerio», dijo María.

Ramón José Angulo Angulo, tenía 47 años, 29 de casado con María y una hija que procrearon. Su vida era su familia, su pasión la agricultura, a la que dedicó su vida. Ramón y María pasaron 5 años acudiendo juntos a las terapias de diálisis.

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«Nos ha dolido en el alma»

Por las muertes de estos pacientes con insuficiencia renal, sus compañeros protestaron este lunes 28 de agosto, en la avenida Alianza de Acarigua, donde queda Seneca, el Servido de Nefrología de la ciudad.

«Cada muerte nos duele. Pero la de Seijas en el alma, porque fue por falta de asistencia médica y de combustible. Cosa que el Estado debe garantizarnos», dijo Marialber Martínez a El Pitazo, sosteniendo una pancarta donde se leía «todos somos Seijas».

Todos los compañeros se apostaron en la calle y la trancaron por dos horas, quería drenar su dolor y lograr que el gobierno local y regional supiera de los casos, de las muertes registradas a mengua y por desatención. Piden soluciones a la falta de combustible, que a ellos les impide llegar a sus diálisis y acudir a los centros hospitalarios ante una emergencia.

«Estamos en las listas de los priorizados por municipio, pero muchos tenemos más de 8 días que no surtimos combustible. Aquí hay personas que de tres turnos de diálisis que tienen a la semana, vienen a dos para ahorrar combustible. Esto no es posible», dijo Martínez, vocero de los pacientes.

Tres pacientes más de Seneca presentan síntomas de COVID-19. El mismo lunes 28, se acordó un plan de contingencia para habilitar un cuarto turno para que estas personas puedan recibir sus terapias de hemodiálisis. 

«El cuarto turno es después de las cinco de la tarde y dura tres horas. Es decir, saldrían a las 8 de la noche, y dos pacientes son foráneas, de Ospino y Sábana del Medio (Araure). No hay gasolina y a esa hora de salida menos habrá transporte público. Sus vidas están en riesgo«, precisaron los pacientes que protestan.

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