Para los seguidores de Chávez, el 4F perdió importancia con Nicolás Maduro

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Caracas.- Bernarda se levantó a las 4:00 de la mañana, como siempre. Era 4 de febrero de 1992. Barría la entrada de su casa, ubicada en el sector Monte Piedad de la parroquia 23 de Enero; justo detrás del Museo Histórico Militar. Vio un autobús subir por la pendiente que lleva a la entrada del cuartel, inaugurado en 1907. Lo siguiente que vio fue a un grupo de militares. Su hijo la llamó para contarle que eran las fuerzas sublevadas dirigidas por el entonces teniente coronel Hugo Chávez. No recuerda haber escuchado un tiro. Vio a Chávez en la televisión y le causó buena impresión.

Ella, con 79 años, habla de la revolución y del 4 de febrero con emoción. Mira su casa, el techo y las paredes blancas y recuerda todas las veces que “el comandante” la visitó, se sentó con ella a tomar café y le mandó a reparar las filtraciones. A 27 años del golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez, Bernarda atribuye a la fecha igual importancia que a la celebración de año nuevo. Aunque desde 2013, cuando Nicolás Maduro sustituyó a Hugo Chávez, la pasión por el 4F disminuyó, así como los asistentes a las convocatorias del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv).

Foto de Rayner Peña

El Cuartel de la Montaña no está abierto al público los lunes; sin embargo, por ser 4 de febrero, hoy sí lo estuvo. No había cola para entrar ni visitantes en las salas que están llenas de recuerdos de Chávez. Sorelis, la guía del museo, se sabe de memoria la vida del comandante. Incluso, cuenta anécdotas de “Huguito” y su vida en Sabaneta, estado Barinas.

Tampoco había guardia de honor cuidando el mausoleo, obra de Fruto Vivas, y efectivos de la Guardia Nacional vestidos con ropa deportiva cambiaban por unas nuevas las 33 banderas desgastadas de los países miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que están en la entrada del lugar.  

Para Sorelis, el 4 de febrero significa el despertar de un pueblo. Recuerda que cuando tenía 13 años, vio a Chávez a través de la televisión cuando les dijo a sus compañeros: “Por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital”. Desde que murió el líder chavista, la euforia por visitar el cuartel no es igual.

Foto de Rayner Peña

Enrique, un comerciante de 78 años, se considera chavista leal, pero nunca estuvo de acuerdo con celebrar el golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez. “Ese era Chávez que celebraba eso allá en su cuartel. Llegaba manejando un carrito y luego la gente hacía colas y colas para verlo. Ahora eso está solo. Uno ve cola solamente el 5 de marzo”, refiere. Él atribuye el desánimo de los seguidores del chavismo a Nicolás Maduro, que, según Enrique, no visita la parroquia desde hace más de un año. “En cambio, el comandante se la pasaba aquí metido. Imagínate, hasta se sentaba a tomar café con uno”, rememora.

Foto de Rayner Peña

Frente al local de Enrique está la Plaza 4 de Febrero, conocida por la comunidad como Bulevar de la Dignidad. El Psuv instaló una tarima y, poco a poco, llegaron miembros de la milicia, de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, de Conviasa y otros grupos afectos al oficialismo. La plaza estaba llena, como en las últimas marchas y concentraciones, de caras arrugadas, bocas a las que les faltan dientes, cabezas canosas y ropas desgastadas.

Un grupo de mujeres que estaba justo en frente de la tarima animaba el encuentro con coreografías al ritmo de la salsa, el house, el joropo y el tambor. Otros descasaban sentados en los bordes de las aceras, mientras, un grupo de más de 50 motorizados pasaba por la plaza varias veces. Había mucho rojo y algunos tricolores.

José Pariaco, miliciano de 51 años, asistió por el legado de Chávez. Contó que le agradece a la revolución por los servicios básicos y la educación gratis, aunque la educación es gratuita y obligatoria desde 1870 por decreto de Antonio Guzmán Blanco. José llegó desde el kilómetro 12 de El Junquito para “defender a nuestra familia, a nuestra patria”.

Foto de Rayner Peña

En la tarima, un hombre toca un cuatro y canta: “Los monarcas del país le llamaron rebelión, pero el pueblo está consciente de que fue revolución”. Algunos gritaban y aplaudían. Las ganas de bailar y celebrar disminuían mientras más lejos se estaba del andamio.  

El único espacio completamente lleno, las aceras y la subida hacia el cuartel, era el espacio para cubrirse del sol y hablar con los compañeros en pequeños grupos. No había cerveza ni anís. Apenas botellas de agua que eran compartidas entre varios.

Bernarda, en su casa, asegura que el 4F nunca será como antes, porque ya no está Chávez.

Foto de Rayner Peña

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