No hay proteínas en las bandejas de aluminio y envases de plástico donde sirven los alimentos en el Hospital Universitario de Caracas. Faltan otras porciones de comida, pero hasta el momento es lo que tienen, gracias a que los mismos trabajadores llevan alimentos desde sus hogares. Durante las dos últimas semanas de agosto y la primera de septiembre no llegaron el pollo ni la mortadela, que es lo que envían para complementar el menú, según empleados y pacientes de la institución

Una trabajadora con 15 años de experiencia en el servicio de cocina del Hospital Universitario de Caracas (HUC), fundado en el año 1956 durante el mandato de Marcos Pérez Jiménez, dice que nunca imaginó que este centro de salud llegaría a la situación en la que se encuentra actualmente: sin insumos médicos ni alimentos adecuados para la dieta de los pacientes internados, muchos de ellos sin allegados que los puedan ayudar. Llena de nostalgia y decepción –la mujer que prefirió resguardar su identidad–, afirma que siente “mucha tristeza por ver el deterioro del hospital, que es como una madre”.

Desde la puerta de la cocina ubicada en el piso dos de este centro médico, el más grande de Caracas, con capacidad para 1.200 camas, se observan al menos a cuatro mujeres y un hombre sirviendo arroz blanco con arvejas. Durante las últimas dos semanas de agosto y la primera de septiembre, ese es el menú para 240 personas hospitalizadas, de acuerdo con lo que comentaron a El Pitazo personas que trabajan en el hospital y pacientes.


Siento mucha tristeza por ver el deterioro del hospital que desde hace 15 años es como una madre

Trabajador del hospital

No hay proteínas en las bandejas de aluminio y envases de plástico donde sirven el menú, faltan otras porciones de comida, pero hasta el momento es lo que tienen, gracias a que los mismos empleados han aportado algo de alimentos de sus hogares. Unos llevan al hospital arroz y granos que no consumen en sus casas; otros hacen “trueques” de pasta por arroz o harina de maíz. A la institución no han llegado el pollo ni la mortadela desde hace tres semanas, lo que envían para complementar el menú, cuentan los trabajadores.

“Si no es por nosotros, los pacientes no comen. Desde hace mucho tiempo no hay dieta y es frijol para todo el mundo. Los niños y sus madres comen un poco mejor porque una fundación les trae comida. En el desayuno, si hay harina se les dan bollitos solos y algunos compañeros traen infusiones para hacer té a los hospitalizados. De lo contrario pasan hambre”, relata con indignación una de las empleadas de este servicio, quien pidió reserva de su identidad por temor a represalias.

La vocación por encima de todo

Mientras que los encargados de preparar los alimentos hablan de las precarias condiciones en las que se encuentran y los esfuerzos que hacen para dar algo de comida a los pacientes, van llegando otros empleados a la cocina, quienes también se sienten atados de manos. Todos tienen buena disposición de hacer lo que esté a su alcance para aportar algo y no dejar a la deriva a los que necesitan alimentos en el hospital, uno de los centros más importantes para la formación de médicos en el país.


Si no es por los trabajadores, los pacientes no comen. Desde hace mucho tiempo no hay dieta y es frijol para todo el mundo

Trabajador del hospital

Luego de hacer un recorrido días antes, el equipo de El Pitazo acudió el jueves, 8 de septiembre a la dirección del Hospital Universitario de Caracas para entregar una carta y solicitar una entrevista con el director de la institución, doctor Jairo José Silva Aguilera, para tratar el tema de los alimentos que reciben los pacientes y contrastar con las denuncias realizadas por falta de proteínas e incumplimiento de las dietas hospitalarias. Sin embargo, hasta el momento no se ha recibido respuesta.

Agua almacenada en tanques, ollas deterioradas, cocinas oxidadas, extractores llenos de grasa y polvo, charcos en el suelo y hasta un gato se pueden ver en un espacio amplio, pero con muchas carencias desde hace más de cinco años. En este lugar, dos de las trabajadoras presentes, una con 20 años de servicio y otra con 17, cuentan cómo las condiciones del centro de salud vienen en declive. Comentan que se sienten desasistidas, sin insumos para trabajar y expuestas a sufrir algún accidente laboral por no contar con los implementos esenciales, como botas y guantes, además del uniforme, que ya no se les entrega.

“Esto es deplorable y son los trabajadores quienes limpian el espacio, pero ni detergente les dan. Los gatos hacen sus necesidades y eso es peligroso. Sería bueno que el mismo presidente pase por aquí a ver si le gustaría que todos los días le dieran arroz con frijoles y que esté hospitalizado sin ningún familiar que le traiga comida”, indica una de las trabajadoras que tiene casi 20 años prestando servicios en el HUC.

Crisis estructural

Desde el piso dos se distribuye la comida a todas las áreas de este recinto hospitalario. Las encargadas de llevar los alimentos preparados a cada paciente esperan el ascensor durante varios minutos, pero no funciona correctamente. Luego de varios gritos: “¡Piso 10, por favor!”, finalmente llega y abre las puertas para subirlas hasta la sala de hospitalización de mujeres que recién dieron a luz. Hay otras trabajadoras que se cansaron de esperar y subieron las escaleras, aunque exhaustas, pero con el compromiso de entregar el menú.

En una amplia sala se ven seis madres con sus hijos recién nacidos, algunas con familiares que les prestan la colaboración; otras están solas con sus bebés. En varias camas reposan las bandejas de comida tapadas y el disgusto en las caras de quienes están hospitalizadas al no poder comer los granos y arroz que les están ofreciendo.


Sería bueno que el mismo presidente se pase por el hospital a ver si le gustaría que todos los días le dieran arroz con frijoles y que esté hospitalizado sin ningún familiar que le traiga comida

Trabajador del hospital

“Me ha tocado irme y cocinar. Tratamos de no pedir el servicio porque una mujer que recién dio a luz, ¿cómo va a comer granos? Nosotros mismos hemos traído los alimentos y desde un principio supimos que algo así iba a suceder”, expresa el hermano de una madre con su niño en brazos, aunque muestra preocupación por las personas hospitalizadas que están solas y no tienen quien les lleve un plato de comida que cumpla con la dieta que requieren.

Los alimentos ya se han entregado en el piso 8, donde hay pacientes con problemas respiratorios y otros con diagnósticos dermatológicos. Uno de ellos es un señor que fue trasladado desde un geriátrico y solo cuenta con la ayuda de una trabajadora, quien se encarga de llevarle comida desde su hogar cuando está entre sus posibilidades, de lo contrario, si no hay para la alimentación debe aguantar hasta que se le consiga algo de comer.

La trabajadora, con 15 años de servicio, encargada en la sala de hospitalización de Dermatología, entra a un pequeño espacio de cuatro paredes que estuvo cerrado desde hace tres años, en el mismo piso ocho. Rodeada de calentadores de comida que no funcionan y una cocina eléctrica oxidada, donde en ocasiones se calienta la comida de pacientes, relata cómo era la situación alimentaria de los pacientes cuando ella comenzó a ser parte de la institución y entre lágrimas asegura sentirse desprotegida.


Me da tristeza, el hospital aportó mucho a mi vida y no quiero abandonarlo cuando más me necesita

Trabajador del hospital

“Me da tristeza, este hospital aportó mucho a mi vida y no quiero abandonarlo cuando más me necesita. Estoy aquí por amor, no por un sueldo, pero estamos desamparados porque nosotros mismos nos enfermamos y nos lanzan a otros hospitales”, comenta a El Pitazo la trabajadora, que también pidió reservar su identidad como todos los empleados entrevistados.

Lamenta no poder hacer más por esta institución que recibe a personas de todo el país, y rechaza que la salud de los pacientes esté en riesgo por la mala alimentación. No pierde las esperanzas de ver el progreso en el Hospital Universitario de Caracas, su gran casa, y pide tanto a las autoridades como a sus mismos compañeros, tener sentido de pertenencia y prestar atención a las deficiencias que cada día se vuelven más amplias en un centro de salud que es referencia nacional.


Estoy aquí por amor, no por un sueldo, pero estamos desamparados porque nosotros mismos nos enfermamos y nos lanzan a otros hospitales

Trabajador del hospital

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